Cinemanía

Marvel recupera parte de su encanto con “Los 4 Fantásticos: Primeros pasos”

“Los 4 Fantásticos: Primeros pasos” tiene mucho de aventura de la vieja escuela, con personajes mejor desarrollados que otros tantos que pueblan el Universo Cinematográfico de Marvel

4 fantásticos
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“Los 4 Fantásticos: Primeros pasos” (2025) de Matt Shakman llega en un momento tenso para la franquicia de Marvel, que viene de varios tropiezos notables. Y para colmo, todos este mismo año. De modo que la nueva aventura de los héroes más antiguos de la editorial tenía la misión de elevar la imagen del estudio y aportar algo de orden al caos narrativo del UCM, justo antes del gran evento que será “Avengers: Doomsday”el año que viene. Y aunque el filme está lleno de guiños al material clásico de los cómics y muestra respeto por sus creadores originales, no termina de llenar ese hueco de renovación urgente que necesita la saga.

La cinta es sólida, entretenida y estéticamente más cuidada que otras recientes, pero eso no basta cuando el público ya no está dispuesto a tragarse cualquier cosa envuelta en CGI brillante. Aun así, hay algo refrescante en su intento de volver a lo básico: personajes que se sienten reales (aunque vengan del espacio) y una historia que no necesita tres líneas temporales ni un PowerPoint multiversal para funcionar. 

De hecho, uno de los mayores logros de “Los 4 Fantásticos: Primeros pasos” es lograr que su equipo de personajes se vuelva entrañable, a la vez, que una adición interesante para la franquicia. Un logro pequeño, pero interesante que lleva la película de menos a más.

Un origen clásico pero eficaz

La película comienza con los protagonistas viviendo cuatro años después del incidente que los transformó en héroes. El guion no se apresura y se toma el tiempo para contar algunos detalles de la infortunada misión al espacio en una misión científica que culminó en desastre. Todo, debido a un fallo de cálculo de Reed Richards (Pedro Pascal) cerebro del grupo y que, en adelante, cargará sobre los hombros la culpa por un destino complicado.

Cada transformación se presenta con un ritmo bien dosificado que permite conectar con los personajes antes de verlos creando campos de fuerza o envolviéndose en llamas. En lugar de enfocarse en lo espectacular, la cinta explora cómo estos poderes alteran sus vidas cotidianas, por lo que el argumento equilibra la idea del poder adquirido con la consecuencia emocional que lleva aparejado.

Ben (Ebon Moss-Bachrach) se convierte en una masa de piedra con fuerza descomunal, pero sufre por su nuevo cuerpo. Sue (Vanessa Kirby), capaz de volverse invisible, no puede esconder sus emociones. Johnny (Joseph Quinn) se lanza al caos con fuego literal y Reed se estira más allá de lo físico, intentando abarcar una responsabilidad que lo sobrepasa. El enfoque es más humano que épico, y eso es un punto a favor.

Maternidad y dilemas imposibles

Todo parece ir sobre ruedas. Mucho más, cuando Sue y Reed anuncian que esperan un hijo largamente esperado. Pero no hay tiempo para preparar la cuna: una visitante del espacio llega con noticias nefastas. Silver Surfer (Julia Garner), en una nueva encarnación femenina, lanza una advertencia: Galactus (Ralph Ineson) viene, y no es precisamente amigable. La sorpresa llega cuando revela que el hijo que esperan Sue y Reed podría tener un poder tan descomunal que pondría en peligro al mismísimo destructor de mundos.

Lo que sigue es una mezcla de decisiones morales y estrategia superheroica, con los protagonistas debatiéndose entre el deber y la familia. Este dilema central no es nuevo, pero funciona como columna vertebral del relato. La amenaza es enorme, pero el enfoque está en lo íntimo, lo doméstico. Ese contraste le da fuerza emocional a una historia que fácilmente podría haberse convertido en un desfile de explosiones sin alma.

Regreso a lo esencial

Entre líneas se percibe una especie de nostalgia por los relatos de superhéroes más simples, esos donde los conflictos eran claros y las decisiones tenían peso emocional. En vez de añadir otra capa de rarezas espaciales o versiones alternativas de personajes que ya conocemos, “Los 4 Fantásticos: Primeros pasos” intenta conectar con las raíces del género.

Esto se nota especialmente en cómo maneja el tono: aunque hay elementos de ciencia ficción desbordada, nunca pierde de vista la humanidad de sus protagonistas. El multiverso no aparece como excusa ni como muleta. Hay solo una Tierra en juego, y eso basta. Con una amenaza tan grande como Galactus, uno podría esperar la típica secuencia épica de última hora, pero el filme sorprende al poner el foco en los diálogos, en las emociones y en las consecuencias reales de cada decisión. No revoluciona el género, pero sí lo recuerda por qué funcionaba.

De todos los personajes, el más desarollado sin duda es Sue. En lugar de despojarla de su lado emocional, la película lo aprovecha para fortalecerla. Aquí no se la reduce a “la mujer de” ni a una madre en potencia. Tiene agenda, complejidad y carisma propio. La química con Reed es creíble, sin caer en el cliché romántico ni en la ridiculez mojigata que ha caracterizado a muchas parejas en el UCM. 

No es perfecta ni pretende serlo. Lo mejor es que sus emociones no la debilitan. La película consigue ese equilibrio difícil entre acción y vínculo personal sin convertirlo en un melodrama barato ni en una telenovela del espacio. Es una evolución necesaria en un universo que por años trató a las relaciones como estorbos narrativos.

A nivel visual, la película brilla. La estética está inspirada en los años 60 y no solo como una decisión de diseño: el mundo entero parece anclado en esa época, con una coherencia que se extiende desde los trajes hasta los detalles más pequeños del decorado. Desde la arquitectura retrofuturista hasta los televisores vintage, hay un cuidado especial por hacer que esta realidad se sienta viva y diferente del resto del UCM.

Es una Tierra paralela, sí, pero también una versión más sencilla y encantadora del universo Marvel. El robot Herbie es la cereza sobre el pastel: adorable, útil y sin necesidad de una voz famosa para hacerse notar. Este universo tiene identidad, lo cual ya es una victoria en una saga que últimamente parecía fabricada en cadena. Aquí todo tiene personalidad. Todo respira.

Aunque tiene aciertos claros, esta entrega no es el punto de quiebre que algunos esperaban. Su mayor virtud es volver a lo básico con frescura y cierto encanto, pero no plantea nuevas preguntas ni abre caminos audaces para el género. El estilo de época es un acierto visual que le da un respiro al espectador, pero no es más que eso: un respiro.

El guion no se arriesga demasiado, y su estructura es predecible en varios momentos. A pesar de todo, “Los 4 Fantásticos: Primeros pasos» tiene corazón. No se siente como un producto hecho para llenar un lugar en el cronograma siempre en expansión de Marvel. Más bien, parece el trabajo de un equipo que realmente ama a estos personajes y quiere darles un nuevo comienzo sin traicionar su esencia.

Si eso es suficiente para revitalizar el UCM, todavía está por verse. Pero como película independiente, funciona. Y en este momento especialmente crítico para Marvel, eso ya es decir mucho.

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