Venezuela

Implicaciones e interrogantes sobre el viaje de María Corina a Oslo

María Corina Machado recibirá el 10 de diciembre el Nobel de la Paz. Y que ella, finalmente, esté en Oslo abre otra estela de preguntas y escenarios posibles

maría corina
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Tras varias semanas de mensajes ambiguos y a veces hasta contradictorios, se confirmó -a menos de que haya cambios de último momento- la presencia de María Corina Machado para recibir en persona el premio Nobel de la Paz 2025. Su salida del país, ocurrida en un contexto de persecución política y restricciones de movimiento impuestas por el gobierno de Nicolás Maduro, genera interrogantes sobre su impacto en la dinámica opositora y en la lucha democrática en Venezuela.

María Corina Machado ha estado por más de un año prácticamente en la clandestinidad, con escasas apariciones públicas y limitada a las redes sociales. Que la principal figura de la oposición venezolana haya podido salir de Venezuela significa que hubo algún tipo de negociación con el chavismo para que tal cosa ocurriera.

La pregunta que flota entre muchos venezolanos, especialmente entre quienes son partidarios de “la dama de hierro”, como le suele llamar la prensa internacional, es si Machado podrá volver al país una vez que haya recibido el premio. No pocos temen que sea obligada a permanecer en el exilio.

Justamente hace dos meses, cuando en Oslo se anunció la concesión del premio a Machado, se destacó su permanencia dentro del país pese a las adversidades, y que tal decisión suya transmitía esperanza a millones de personas que creen necesario un cambio político en Venezuela.

Aunque el galardón visibiliza la lucha democrática venezolana y enaltece a Machado, esta condecoración no altera el control territorial que ejerce el poder del chavismo en lo que ahora se denomina unión cívico-militar-policial.

La pregunta entonces gira a si la salida de María Corina Machado, para recibir en persona, este galardón fortalece la causa democrática. En un artículo anterior aquí en El Estímulo reflexionábamos sobre la decisión, décadas atrás, de Lech Walesa, de enviar a su esposa a recibir el premio nobel en Oslo por el temor de que la dictadura comunista entronizada entonces en Polonia no le permitiera volver a su país. Este texto se puede leer en este link.

Para que Machado pudiera salir del país se requirió una coordinación que trasciende la mera logística personal. Fuentes diplomáticas noruegas y venezolanas en el exilio indican que el viaje se gestó mediante canales discretos, posiblemente involucrando a mediadores de la Unión Europea.

Un asunto no menor es que mientras el gobierno de Maduro accedía a este viaje de Machado a Oslo, la fiscalía general a través de Tarek William Saab aseguraba que la líder opositora sería considerada “prófuga de la justicia” si salía al exterior.

El retorno como prueba de fuego

La interrogante central post-ceremonia es el retorno de Machado a Venezuela. Históricamente, líderes opositores que han salido del país –como Juan Guaidó en 2019– han enfrentado dilemas similares: el exilio temporal fortalece redes internacionales, pero acelera la incertidumbre doméstica.

En el caso de Machado, su estatus de Nobel podría complicar un reingreso inmediato. Pero al mismo tiempo una María Corina resignificada como premio Nobel, sería recibida prácticamente por cualquier jefe de Estado del mundo democrático.

Si María Corina decide empujar una agenda internacional y se ausenta de Venezuela más allá de la recepción del Nobel, esto abrirá una grieta de cuestionamientos: su no permanencia dentro del país representa, a fin de cuentas, de que no es inminente un cambio de régimen en Venezuela, como ella sostiene de forma reiterada en sus intervenciones por redes sociales o entrevistas con la prensa internacional.

Si decide volver, enfrentaría un riesgo elevado de arresto, pero si no es arrestada entonces se especularía que detrás de su viaje efectivamente hubo una negociación con el chavismo, posiblemente de otros países haciendo presión para que permitieran este desplazamiento.

Los pros de un retorno rápido son claros para la lucha democrática. Machado ha cultivado una imagen de compromiso inquebrantable, viviendo prácticamente en condiciones de clandestinidad desde julio de 2024.

Su presencia física en Venezuela refuerza la narrativa de resistencia interna pese al acoso y represión. Es un mensaje poderoso.

Por el contrario, un retraso en el retorno –o un exilio prolongado– generaría contras notables. La oposición venezolana ha sufrido el desdibujamiento de figuras otrora importantes, una vez que salen al exilio. El propio Edmundo González Urrutia es prueba de ello.

Machado en Venezuela transmite la imagen de inquebrantable y le da anclaje emocional sobre quienes viven dentro del país. María Corina afuera potencia las redes globales, pero corre el riesgo de quedar relegada como referente central, que es hoy, para muchos venezolanos.

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