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Andrea González: "Ahora sé que los agresores pueden ser gente encantadora"

Juan Carlos Ogando, actor, director de teatro y ejecutivo del canal Televen, fue señalado de presuntos abusos en perjuicio de una menor de edad por una exalumna del colegio Champagnat. A partir de allí, surgieron otros casos similares. Andrea González Cariello explica aquí las razones por las cuales se decidió a contar públicamente lo que le ocurrió

Andrea González: "Ahora sé que los agresores pueden ser gente encantadora"

Andrea González Cariello tenía años queriendo denunciar al actor Juan Carlos Ogando, miembro y directivo del grupo de teatro Skena, quien abusó de ella y de otras compañeras –sin llegar a tener una relación sexual- desde primer año de bachillerato hasta que se graduó, cuando formaba parte del grupo de teatro del Colegio Champagnat.

La entrevista iba a ser por zoom, pero Andrea me dijo que se sentiría más cómoda haciéndola por escrito. Y me ofreció que más adelante, cuando se sienta más segura, intentaremos el audiovisual.

Y es que para una joven que fue abusada de niña por un amigo de su familia, es difícil superar el trauma que aquello significó en su vida. Los pedófilos, los sádicos, los abusadores, y toda esta fauna tienen modus operandi similares: se meten con niños cercanos porque al no entender qué pasa, piensan que eso no está sucediendo, o que, si lo dicen, nadie les va a creer.

Por más que el mundo haya avanzado, que los jóvenes tengan conocimientos de la sexualidad humana que nosotros jamás tuvimos, hay un tema que requiere de madurez para reconocer: el abuso. En las líneas que siguen, veremos cómo fue el proceso de Andrea para reconocer que aquello que estaba pasando no era normal, ni aceptable.

-¿Por qué hablaste ahora, Andrea? ¿Cuál fue el detonante?

-Fue un acto medio impulsivo. Cuando vi que colectivamente se estaba tomando la decisión de hablar de estas cosas, me entró la adrenalina y grabé el video. Yo ya estaba bien con el tema porque lo trabajé en terapia, pero ver lo que ha traído hablar me hace creer que todo pasa por algo y que, si decidí hablar ahora, tal vez es porque era el momento adecuado.

-¿Cómo y dónde conociste a Juan Carlos Ogando?

-Estudié en el Colegio Champagnat desde primer grado hasta que me gradué de bachiller. Empecé a hacer teatro en primer año de bachillerato, cuando tenía 13. A Juan Carlos lo conozco desde que era una niña, porque mi mamá y él habían hecho teatro juntos en Skena cuando eran jóvenes y más tarde, mi mamá formó parte del “Taller Montaje”, un grupo de teatro que había para los padres del colegio, del que Juan Carlos también era miembro. Ellos era amigos.

-¿Cómo fue tu infancia y tu adolescencia en cuanto a educación sexual se refiere?

-Mi educación sexual fue comprensiva por parte de mis padres: abierta, clara, honesta. Sin eufemismos, pero sin caer en la desinformación. Siempre hablamos las cosas como son. Mis padres se apoyaron también en el colegio, que daba una buena educación sexual. Pero el problema con el abuso es que nadie habla de eso. Todo el mundo hace caso omiso, todo el mundo lo justifica, o trata de “blanquearlo”. Nosotros criticamos a los compañeros de las personas acosadoras por querer “blanquearlos”, sin embargo, nosotros mismos hemos blanqueado a algún conocido en algún momento de nuestras vidas.

Yo, de joven (estamos hablando de una niña que tenía entre 13 y 17 años), no pude denunciar esto porque ni siquiera tenía el vocabulario para hacerlo. No entendía si me estaban acosando, no entendía si me estaban abusando, o si el señor era simplemente un viejo baboso. Llegué a pensar que tal vez yo era muy arisca. Pero la realidad es que no sabía qué era lo que estaba pasando. Mi imagen de un abusador era la de un tipo agresivo, feo, que tal vez consume alcohol o drogas, que es violento y se encuentra en un ambiente destructivo… Ahora sé que los agresores pueden ser gente encantadora. Es necesario educar a los niños y jóvenes para que sepan reconocer el abuso y denunciarlo ante otras personas y las autoridades. Quedarse callados no debe ser una opción.

-¿Cuál fue el proceso del abuso, fue paulatino, creciendo o desde el día uno se presentó como tal?

-Juan Carlos desde siempre fue muy «cariñoso» y le gustaba abrazar “de más” y hacer pequeñas caricias en el cabello, la espalda o los brazos. Pero cuando entré en el taller con apenas 13 años, aquel cariño se convirtió en una abrazadera loca.

Mientras, fue pasando el tiempo y yo noté que cada vez me sentía más incómoda con él. Empecé a prestar más atención a su actitud y noté cómo “casualmente” su mano siempre me caía en una nalga al abrazarme. O como sus besos en el cachete eran más en la boca que en el cachete. Él lo hacía tan rápido que de verdad parecía que era un error, pero vamos, nadie se equivoca dando un beso o un abrazo cada vez. En fin, hacia el final, cuando ya yo tenía 16 o 17 años, ya eran cosas descaradas como nalgadas o besos en el cuello. Alguna vez hasta me mordió la oreja «juguetonamente».

-¿Lo comentaste con alguien?

-Sí, con mis amigas, pero para entonces tenía 16 años y casi 4 años soportando el abuso. Pero no lo llamé así, porque no lo entendía en aquel entonces. Decía que era un viejo baboso y muy mano suelta. Y todas –éramos unas diez en el grupo- lo teníamos callado por no querer empezar un escándalo. Las experiencias con Juan Carlos fueron más o menos iguales a la mía. Con algunas tenía una relación más cercana que con otras, por ser amigo de nuestros padres. Pero mientras más confianza había, más se permitía.

A mi mamá se lo conté cuando ya con 17 años lo había entendido y hablado con mis compañeras. Mi mamá me aconsejó dejar al grupo y hablar con mi directora, pero yo tenía miedo de ser silenciada y de herir a mucha gente a la que quería.

-¿A quienes hubieras herido?

-Juan Carlos no sólo era querido por Skena, sino por nuestro colegio. Era animador en sus eventos. Sus hijos eran mis compañeros. Los dos actuaron conmigo. Uno es mayor y se graduó con mi hermana y el menor se graduó conmigo. Por ellos siento una profunda tristeza, ya que son gente buena y respetuosa.

-¿En Skena sabían lo que estaba pasando?

-No que yo sepa. Solo cuando yo abrí el tema entre las otras niñas –teníamos 16 años- fue que ellas empezaron a hablar también y a decir que se sentían acosadas por él. Todas se sentían igual que yo. Con unas se había sobrepasado más, incluso las había invitado a salir. En ese momento me llegaron denuncias de chicas que trabajaban con él en Televen. El tipo es un psicópata narcisista, ¡a saber cuántas mujeres habrá acosado en su vida! Entiendo que esto nunca dejó de pasar, en mi caso duró hasta que me gradué y salí del grupo. Claro, no pude darle un parado antes porque tardé cinco años en entender que lo que hacía estaba mal. En ese momento, que coincidió con el último año de bachillerato, empecé a ser frontalmente más cortante y a tratar de sacudírmelo. Pero él siempre salía con alguna excusa para acercarse demasiado.

-Cuando entendiste que lo que habías pasado era acoso sexual, ¿qué hiciste?

-Decidí dejar el grupo unos meses, pero nunca dije que fue por eso. Volví luego a presentar la última obra y allí quedó todo. Amaba y amo actuar, es de las cosas que más me llenan. Aguanté todo ese tiempo, te repito, porque pensé que el problema era yo por ser muy reservada en ese aspecto y que me tocaba ser flexible si quería actuar. Cuando entendí que era abuso, supe que no podía seguir ahí, por más que amara la actuación. En ese momento me molesté mucho conmigo misma, por haber callado el tema, por haber asumido todo ese tiempo que su abuso era normal y que el problema era yo. Sentía que me habían enseñado mejor que eso y que les había fallado a mis amigas. Tuve que trabajar esa culpa en terapia.

Después de graduarme, cuando regresé al país la primera vez, fui a mi colegio con mis pruebas a hablar con mi directora del taller, pero justamente ella no fue ese día. Me desmotivé pensando mucho de nuevo en si quería hacer esto… Me fui y no volví más.

-¿Qué buscas con estas denuncias?

-Que a ninguna figura de poder del medio artístico se le vuelva a ocurrir que puede hacer estas cosas y vivir su vida como si nada. Y hablo del medio artístico porque es lo que represento y porque es un espacio en donde está absurdamente normalizado el abuso. Creo que si Juan Carlos Ogando me hubiera dado la nalgada en una sala de espera de un hospital, alguien se hubiera alterado más rápido por eso.

Quedarse callada no es una opción. Incluso si no denuncias, hablarlo para trabajarlo es importante para superarlo. Lo primero que hay que hacer es buscar ayuda psicológica para que te ayude a entender la situación y a manejarla. Es más fácil hablar cuando logras darle nombre a lo que te está pasando.

A estos psicópatas hay que pararlos.

-¿Supiste que el escritor Willy McKey, también acusado de estupro y abuso se suicidó en Buenos Aires?

-Sí. Vivimos en un mundo difícil de entender. Mira, todo lo malo que le pueda pasar a Ogando me va a poner triste porque aprecio a sus hijos y no se merecen nada de esto. Pero por mí, Juan Carlos puede terminar igual que Willy. Ya le dije que si no pagaba en esta vida, pagaba en la siguiente. Creo firmemente en eso.

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