Puerto Cabello, luces para el lujo y apagones para el pueblo
El contraste es evidente. En Puerto Cabello hay cortes del servicio eléctrico de cinco o seis horas diarias y mientras la gente común y los pequeños comercios languidencen, otras zonas derrochan luz y color
En las calles de las zonas comerciales de Puerto Cabello abundan las santamarías cerradas. Las que se mantienen abiertas, trabajan a medias. No por falta de ganas, sino porque los cortes eléctricos no permiten una jornada completa. Cortes que van entre las 5 y 6 horas diarias, hacen casi imposible que la vida fluya normalmente en esta ciudad costera del estado Carabobo.
Cuando entras a un establecimiento, si bien la amabilidad es la norma, el cansancio en la mirada también lo es. Ese rostro de fuerzas quebradas hace que el empeño en la atención no sea el mismo que antes, es como si solamente intentan sobrevivir agobiados por el calor y los apagones. La crisis no es sólo de energía eléctrica, también de la propia fuerza que va mermando en los comerciantes de la ciudad.
La popular esquina donde se dio la imagen del Porteñazo, hecha por el fotógrafo Héctor Rondón Lovera en junio de 1962: sus negocios y locales se mantienen a oscuras 5 horas al díaSon pocos los locales que se mantienen abiertos entre la 1 y las 6 de la tarde en las calles comerciales de Puerto Cabello
Rui Ferreira heredó de su papá una carnicería en el centro de Puerto Cabello. La familia tiene más de 70 años en el país y Rui cuenta que su niñez transcurrió en prosperidad: los Ferreira llegaron y montaron una carnicería que logró reunir una muy buena clientela, pero cuando los cortes de electricidad se instalaron en la cotidianidad, comenzaron las pérdidas: «Una carnicería sin electricidad lo que genera es problemas y en ese tiempo aún no se comercializaban plantas eléctricas. Tuvimos que decidir cambiar de rubro, rematar todas las neveras y pensar en vender repuestos de motos aquí en la zona. Sin embargo no es nada próspero ese negocio, se hizo más costoso importar los repuestos de las motos y ahora subsistimos con lo que podemos vender, pero jamás como cuando vendíamos carne. Era una buena época y se acabó».
Teresa Guerrero tiene un negocio de venta de frutas y legumbres con sus hermanos. La cosa iba bien, pero ya no pueden vender frutas que necesiten refrigeración, «No hemos podido comprar una planta eléctrica, los números de las ventas no dan como para el lujo de tener una. La que necesitamos es de 12.000 w y está por el orden de los 1.300 dólares”.
Teresa también cuenta que los cortes de electricidad condicionan a los habitantes de Puerto Cabello, aunque no quieran. Han adaptado sus rutinas a los apagones y eso afecta su calidad de vida. El comercio se detiene por 5 o 6 horas y esas jornadas improductivas pesan cuando hay que pagar empleados y servicios.
“A veces pienso que es mejor cerrar el negocio y dedicarse a otra cosa, pero ¿qué?», se plantea. Es una reflexión tan válida pero sin una respuesta concreta: sin electricidad las opciones son muy limitadas.
Un local de venta de verduras y frutas opera sin electricidad, muchos productos de este rubro no necesitan refrigeración pero se han dejado de vender otros que sí deben estar en neverasEl salitre y el tiempo son elementos que causan un deterioro agresivo en el tendido eléctrico de Puerto Cabello.Pasando el sofocón en la entrada de casa
En el centro de la ciudad se ve a los vecinos sentados sobre la acera, como pasando el rato. A pesar del calor y los malos ratos que ocasiona la falta de electricidad, estas personas son sonrientes, no pierden para nada los buenos modales. En la casa de la familia Leal esperan a que llegue la luz en la puerta. Son 5 horas donde no puedes ver televisión a menos o escuchar la radio. Nada de eso tan cotidiano, a menos de que que uno tenga el celular cargado y con datos.
En otra cuadra hay una pareja de ancianos reposando bajo la sombra. El calor se siente. En su casa hay un ventilador, pero sin corriente es una estatua, un espectador más. Dentro de sus reflexiones, se preguntan la explicación de la falta de energía eléctrica en una región petrolera donde ya casi ni siquiera se puede comprar kerosene.
Esta pareja se hace muchas preguntas, quizás los años le permiten esa ventaja. Los problemas con la distribución de agua potable, también les hace cuestionar el tiempo que viven: si los embalses están llenos, ¿por qué estamos así? «Oye mijo, nadie nos dice nada como si estuviéramos pintados en la pared, Pero bueno, aquí seguimos. Tenemos una venta de hielo que no es rentable porque cuando se va la luz, con el calor comienzan a derretirse las panelas… Nos toca esperar que algo bueno pase».
En horas de la tarde, elementos sin propósito cuando no hay corrienteParte de la familia Leal espera la llegada de la la electricidad puertas afueraLa distracción de muchas personas en Puerto Cabello es la playa, caminar por la costa es parte del entretenimiento obligado mientras no hay electricidadUn papagayo en la playa en horas de la tarde es una buena decisión para un niño
Los transformadores eléctricos en Puerto Cabello, los postes carcomidos por el óxido y el salitre, son muestra clara de la falta de mantenimiento del tendido eléctrico, responsabilidad del Estado.
Paradójicamente, al casco histórico de Puerto Cabello le han hecho docenas de restauraciones y lo adornaron con estructuras luminosas: en esa zona nunca falta la electricidad. Negocios nuevos de perfil lujoso tienen los privilegios que otras partes de la ciudad no disfrutan. El contraste es evidente, el maquillaje también.
En el casco colonial de Puerto Cabello hay «artefactos»instalaciones» con iluminación y es la única zona donde nunca se va la electricidadDe noche, las esquinas y las calles son un testimonio silencioso de la falta de electricidad
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