<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Burocracia de la muerte amenaza con fosas comunes y cenizas a víctimas de covid

“No sabemos, si las cenizas que nos van a entregar son de mi papá, de otro muerto o una pedazo de madera quemada”, resume Iska Rodríguez, una joven de 24 años, única hija de Raimundo Rodríguez. Este hombre murió de covid-19 tras una larga agonía y su cadáver se extravió en los laberintos de la burocracia y el autoritarismo.

Burocracia de la muerte amenaza con fosas comunes y cenizas a víctimas de covid

Familiares del señor Raimundo Rodríguez denunciaron que después que éste falleció a causa de covid, en el hospital Miguel Pérez Carreño de Caracas, el cuerpo simplemente desapareció. Días después les entregaron unas cenizas, pero nada prueba que sean las de su amado deudo. Esta es la historia narrada por la atribulada hija del difunto.

Tardaron una angustiosa semana tratando de recuperarlo. Después de haber hecho público su caso a través de las redes sociales, unos funcionarios les han informado que el cuerpo había sido cremado, y que deben ir a retirar las cenizas.

«Mi papá apareció, si era él, si hay registro, lo cremaron en Jardines El Cercado en 24 de este mes, pero nunca nos llamaron, el hospital nunca avisó, pasaron parte y perdieron el registro», dijo a El Estímulo Iskia Rodríguez, la única hija del difunto, en la mañana de este  lunes 29n de marzo.

«La morgue ni siquiera está llevando un registro. Primero nos dicen que mi papá está en El Junquito y cuando ven todo el revuelo mediático que se arma sí mueven cielo y tierra para que aparezca. Supimos que era él porque el cementerio tenía él informe del retiro de la placa de su brazo (él tenía una placa en el hombro por un accidente que tuvo y tuvieron que quitársela para su cremación)», confirma.

Raimundo Rodríguez, tenía 67 años de edad, era vecino del sector Turumo, en la parroquia Caucagüita, en el municipio Sucre del estado Miranda. Lamentablemente, el martes 23 de marzo entró en las estadísticas de los venezolanos fallecidos por covid-19.

Raimundo Rodríguez, de 67 años, murió de covid-19 y su cadáver se extravió entre la Morgue y los cementerios. (Foto: álbum familiar)

Según las cuentas admitidas por  el gobierno de Nicolás Maduro, hasta el 29 de marzo iban 1.565 muertos por la enfermedad que paraliza al mundo.

Un buen mecánico

En su comunidad es recordado como un hombre alegre, colaborador y buen padre. Era de profesión mecánico y ayudaba a quien lo necesitara, en cualquier tipo de reparaciones.

“No sabemos, si las cenizas que nos van a entregar son de mi papá, de otro muerto o una pedazo de madera quemada”, había cho horas antes Iskia Rodríguez, de 24 años.

Cuenta que su padre comenzó a presentar los síntomas de la enfermedad a finales del mes de febrero y que lo comenzaron a atender de forma inmediata su casa, con todos los requerimientos médicos necesarios, administración de tratamientos y  oxigeno, cuando fue necesario.

“Mi padre estaba respondiendo satisfactoriamente al tratamiento, pero los doctores, comenzaron a observar que estaba bajando la saturación de oxígeno y nos recomendaron llevarlo a un centro asistencial, lo ingresamos en el Hospital Pérez Carreño, en el área de emergencia. Allí duro dos días, tiempo en el cual nos dijo que ni siquiera lo dejaron ir al baño y nos pidió lo lleváramos a otro hospital, pues sentía que lo dejarían morir”, señaló Rodríguez.

Colectas para gastos

Posteriormente su padre fue trasladado hasta el servicio de pacientes con covid, en el piso 5 de mismo hospital Pérez Carreño, que pertenece al Seguro Social y es uno de los más grandes de Caracas.

Allí le aseguraban el oxígeno y los antibióticos, pero los exámenes de laboratorios y medicamentos corrieron por parte de la familia. Como en otros centenares de casos, los allegados se vieron en la necesidad de hacer colectas para hacer frente a todos los gastos.

Por esos días habían escuchado que en esa área había varios pacientes con la nueva cepa brasilera del coronavirus, lo que  generó mucho más angustia a la familia.

“Diariamente íbamos al hospital, a llevarle las tres comidas: desayuno, almuerzo y cena y para conocer si era necesario realizar algún examen de laboratorio o comprar medicamentos. Pero el martes 23 de marzo nos dieron la fatal noticia: papá había perdido la batalla contra la covid-19, papá había fallecido”, dijo Rodríguez.

La película de terror.

Entonces en el hospital le preguntaron a la familia si se podían hacer cargo del proceso de cremación.

“Inmediatamente dijimos que sí, para que no se llevaran el cuerpo, salimos a realizar todo el papeleo, los tramites de ley, la contratación de los servicios de traslado y regresamos al centro asistencial y nos enteramos de que el cadáver se la habían llevado a la Morgue de Bello Monte”, dijo.

Se trasladan a la morgue de Bello Monte y estuvieron esperando desde las 2 de la tarde hasta las 9 de la noche, cuando les informaron que el cuerpo del señor Raimundo Rodríguez se encontraba congelado en una cava, junto a otros pacientes que también fallecieron por covid.

“Al día siguiente nos volvimos a presentar en la morgue de Bello Monte, en busca del cuerpo de mi padre y nos informaron que lo habían trasladado hasta el cementerio de El Junquito, en donde lo habían sepultado en una fosa común. Inmediatamente subimos a este campo santo, en donde nos dijeron que allí no habían recibido y menos enterrado el cuerpo de mi papá”, dijo Rodríguez.

En el río de las redes

El Junquito es un conjunto de barriadas montañosas a las fuerzas de Caracas. Llegar allí no es fácil, por los problemas diarios de transporte público y falta de combustibles que sufren los venezolanos.

En medio de la indignación por no conocer el paradero del cadáver del señor Raimundo Rodríguez, su hija Iska divulgó en sus redes sociales todo el proceso que estaba atravesando la familia. La denuncia impactó a muchas personas que no solo las apoyan, sino que además dieron a conocer nuevas denuncias de casos parecidos.

“Después que hicimos la denuncia pública, nos llamaron de la Morgue de Bello Monte y nos señalaron que el cuerpo de mi padre estaba en esas instalaciones. Volvimos a esta sede, donde nos indicaron de los tramites que deberíamos realizar. Nos dieron el nombre de varias funerarias que se podrían encargar del traslado y de los lugares en donde se podría llevar a cabo la cremación, que eran los que tenían los respectivos permisos sanitarios”, explicó.


Para la familia, la primera opción para el proceso de cremación era en el cementerio Jardines del Cercado, que se encuentra vía a la ciudad de Guarenas, en el estado Miranda, afueras de Caracas, cuenta Iskia.

Allí les presentaron un presupuesto de $1.400, el cual rechazaron de plano por no contar con esa cantidad de dinero.

Luego fueron al Cementerio de El Este, en Caracas, en donde les cotizaron el servicio en $540.

Cenizas perdidas

“Realizamos una colecta entre los familiares y amigos de la familia, muchos de ellos se encuentran fuera del país. Reunimos los dólares en efectivo y pagamos el servicio, en el Cementerio de El Este”, explica.

«Pero cuando fuimos nuevamente a la Morgue de Bello Monte, nos dijeron que ya el cuerpo de mi papá lo habían cremado en el cementerio Jardines del Cercado, que no teníamos que pagar nada, que el Gobierno se había hecho cargo de todo y que nos avisarían el día que nos entregarían la cenizas. Al final no sabemos si esas cenizas que nos darán son de mi papá, “, señalo Iska, que planifica presentar la denuncia ante la Fiscalía, para que investiguen el caso.

Enfermarse en Venezuela

En las cuatro semanas que su papá estuvo en tratamiento contra covid-19 invirtieron alrededor de $ 5.000 entre medicinas, exámenes y las bombonas de oxigeno, que pagaban a razón de $25 por cada recarga y requería 4 diariamente.

“En nuestro caso, los amigos y familiares de mi papá nos dieron apoyo moral y económico, pero lamentablemente en este transitar conocimos a muchas otras personas con casos similares, que no tenían recursos para costear la enfermedad. También nos asombraba los precios de los medicamentos, que no todos pueden pagar, hoy quisimos dar a conocer nuestra historia, con la esperanza que no se vuelva a repetir, consideramos que ninguna familia se merece vivir lo que nosotros vivimos”, dijo Iska Rodríguez.

La enfermera Tibisay va rumbo a una fosa común, vencida por el coronavirus

En Venezuela los trabajadores de la salud que combaten la pandemia de covid-19 están desprotegidos en vida y después de la muerte. A la falta de quipos de protección, comida, abrigo y transporte se suma la certidumbre de saber que si caen enfermos no tendrán atención. Y si mueren, ni siquiera tendrán un hueco donde enterrarlos, o un horno donde su cadáver pueda ser cremado. Esta es la historia de una enfermera víctima de la negligencia más allá de la muerte.

Lenguaje, progresismo y estupidez

El habla es uno de los más crueles delatores de la estupidez y es claro que para alejarnos de su ácido autodestructor debemos cumplir con el trámite de pensar muy bien lo que vamos a decir.