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Carlos Malamud: “El culto a Bolívar está hecho en Venezuela y no es aplicable en otro país”

El nuevo libro del historiador argentino profundiza en la falsificación de la historia y la manipulación de la figura del Libertador para justificar acciones políticas, no sólo en Venezuela sino también en el resto de América Latina

Carlos Malamud: “El culto a Bolívar está hecho en Venezuela y no es aplicable en otro país”

Estamos en el Carnaval de Río de 2006. Como todos los años, por el centro del Sambódromo del Marqués de Sapucaí, ubicado en el centro de la ciudad de Río de Janeiro, transcurren las majestuosas carrozas diseñadas con meses de preparación por las diferentes escuelas de sambas de Brasil. Compiten por el premio anualmente, y la de Unidos de Vila Isabel no se lo gana desde 1988. Sin embargo, presienten que esta ocasión será diferente.

Antes de que la canción “Soy loco por tí, América: A Vila canta a latinidade” termine, entre los centenares de bailarines con plumas y lentejuelas, aparecen las garotas vestidas de azul y dorado, los colores del histórico Ejército Libertador venezolano. Decoran un carro en forma de corazón con banderas y fotografías de algunas figuras latinoamericanas, vivas y muertas: Ernesto “Che” Guevara, José Martí, los Perón, Gabriel García Márquez, entre otros.

Pero la siguiente carroza es más sorprendente: una figura de Simón Bolívar de 12 metros de altitud, sentada y con un corazón rojo en la mano, saluda a los espectadores del show. La multitud enloquece y la escuela Unidos de Vila Isabel se hace campeona ese año. El carro, al que llamaron “On sonho da integração Latino-americana”, costó cerca de medio millón de dólares y fue pagado por la compañía estatal Petróleos de Venezuela, S. A. (Pdvsa).

La integración latinoamericana fue el concepto que Hugo Chávez manejó en su política exterior. Un concepto que, de acuerdo con los fundamentos de su gobierno, era heredero de la gesta independentista contra España. Sin embargo, transcurridos 200 años, las ideas y los conceptos cambian. Pero, aunque en el siglo XXI esas nociones sean distintas, a Chávez eso parecía importarle poco, porque él era un político y eso era cosa de historiadores.

Carlos Malamud es uno de estos últimos. Nació en Buenos Aires y se ha dedicado a estudiar al continente. Su más reciente libro, El sueño de Bolívar y la manipulación bolivariana, publicado por Alianza Editorial, profundiza en la falsificación de la historia. ¿Cómo llegó un argentino al estudio de Bolívar? Precisamente porque, gracias al chavismo, una abusada figura del Libertador se convirtió en el eje central de las relaciones interamericanas.

Malamud, autor de «El sueño de Bolívar y la manipulación bolivariana»

Ahora, dejemos que sea él mismo quien nos hable sobre este fenómeno.

—Usted estudia la idea de unidad americana en Simón Bolívar, y también lo que se entiende por unidad e integración latinoamericana hoy en día. ¿Cuáles son esas diferencias entre lo de ayer y lo de hoy?

—Un proceso de integración regional implica no solamente el hecho de que los gobiernos estén próximos, conectados, sino que conlleva, entre otras cuestiones, la cesión de cuotas de soberanías a instancias supranacionales, que son las que van a permitir que ese proceso avance. A principios del siglo XIX, eso no estaba bien definido. Ni la soberanía, ni los límites ni tampoco las estructuras de las nuevas repúblicas. Y en la actualidad, en los procesos de integración regional latinoamericanos, se tome cualquiera que se tome, la cesión de cuotas de soberanía, dada la incidencia que el nacionalismo tiene en la región, es algo prácticamente imposible. Evidentemente, Simón Bolívar abogaba por la unidad de Hispanoamérica, pero la unidad que él quería era la recomposición del antiguo Imperio español, no como un imperio, pero sí como un territorio unido bajo una cúpula común. Eso era lo que le interesaba a él, no la integración política ni económica. Él pensaba que de ese modo podría enfrentar con más éxito al poder militar español.

—También dice que, inicialmente, él estaba claro de las limitaciones de su proyecto, aunque esto lo ocultan quienes abusan del pasado.

—Él fue muy crítico con eso. En los últimos 20 años se utiliza una cita de la Carta de Jamaica de 1815 para señalar que Bolívar, precisamente, era el gran precursor de la integración latinoamericana. Cuando él habla de que como los pueblos hispanoamericanos tienen una lengua en común, con visiones y costumbres comunes, eso ameritaba tener un gobierno común. La cita se presenta de alguna manera trunca. Si uno va al documento y lee la cita completa se encuentra con la otra parte que no muestran, donde Bolívar dice que, dado los climas y las geografías diferentes, eso no es posible. Entonces, bien, la utopía es tener un solo gobierno, pero, ¿qué nos dice la realidad? La realidad nos dice que eso es imposible, entonces, cuando hablo del sueño de Bolívar, de la manipulación bolivariana, de la falsificación de la historia y de la integración regional me refiero a cosas así.

—Usted parte de la premisa de que Bolívar fue un hombre de acción y no un filósofo, ¿eso podría explicar las contradicciones que tuvo el personaje en su accionar político durante y después de la independencia?

—Más que contradicciones yo diría que fueron distintas manifestaciones del mismo personaje, es decir, un personaje que tenía que dar respuestas complejas a situaciones complejas y –evidentemente la coyuntura influyó de una manera determinante sobre su pensamiento y también sobre su nivel de acción– eso es algo que ocurre con todas las personas en cualquier contexto. Eso de pedir coherencia a Bolívar a lo largo de todo su tiempo de existencia, sobre todo en una coyuntura tan complicada como la que le tocó vivir, es difícil. Él fue adaptando su pensamiento de acuerdo con los fenómenos que fueron ocurriendo. Inicialmente, era un hacendado caraqueño que tenía esclavos, muchos esclavos, pero a medida que va corriendo el tiempo, y también las exigencias de la guerra, le hacen ver que para nutrir a sus ejércitos necesitaba de los esclavos, y, por lo tanto, manumitirlos para que pudieran alistarse en filas, pues lo hace. Pasa de ser esclavista a antiesclavista, ¿esto es contradictorio? No, es parte de los cambios que sufre el personaje. Lo mismo pasa con su pensamiento sobre liberalismo y conservadurismo, federalismo y centralismo, presidencia vitalicia o presidencia concreta en el tiempo, o con respecto al papel de las elecciones en un sistema republicano como el latinoamericano. Es decir, esa idea de presentar a 2 Bolívar, uno joven y otro más maduro, uno socialista versus uno conservador, son cuestiones que no me satisfacen plenamente.

—Justamente, en el siglo XX, la figura de Bolívar fue utilizada en Venezuela por diferentes tendencias: desde la derecha hasta la izquierda. ¿Cómo diferenciar ese uso político con el que le dio Hugo Chávez?

—Benedetto Croce dijo una vez: “Toda historia es historia contemporánea”. Y esto porque el historiador hace historia a partir de preguntas que se plantea desde su presente hacia un pasado cualquiera, por eso es contemporáneo, porque, aunque estemos estudiando fenómenos de hace 10.000 años atrás, lo hacemos a partir de las preguntas que nos formulamos hoy. Ahora, intentar entender el pasado con preguntas del presente es algo normal y cotidiano en la labor del historiador, pero utilizar el pasado para poder incidir con el presente tiene que ver más con un uso político de la historia y con su manipulación, no con la labor del historiador. Por eso, más allá de si la falsificación de la historia la realiza el chavismo o la realizó la dictadura de Juan Vicente Gómez, eso es prácticamente igual. Como usted muy bien dice: la manipulación del pensamiento bolivariano es algo intrínseco a la propia historia del país, porque a Bolívar se le presenta como precursor de casi todo: por ejemplo, hubo alguien que lo presentó como precursor de la industria petrolera, lo cual es bastante surrealista. Y es tan surrealista como mostrarlo como precursor del Socialismo del Siglo XXI.

—O del antiimperialismo actual, porque se trata de argumentar una supuesta animadversión del Libertador hacia los Estados Unidos.

—Allí lo que vemos es una manipulación bastante curiosa: circulan por internet 10 frases que pronunció Bolívar sobre los Estados Unidos. Consultándolas, uno podría llegar a la conclusión de que su opinión hacia ese país era absolutamente radical y contraria, sin embargo, están sacadas de contexto. Si uno lee las frases enteras concluye que lo que está diciendo Bolívar es diferente a lo que se intenta decir con las frases en el presente. Ahora, lo que está claro es que, para Bolívar, los Estados Unidos eran una parte importante del continente americano y si quería impulsar ese proyecto de unidad regional tenía que contar forzosamente con ese país más allá de las diferencias que pudieran haber tenido, y eso explica también por qué fue invitado al Congreso de Panamá, que es algo que no se suele mencionar.

—Al igual que tampoco se menciona a Brasil.

—Brasil estaba bastante al margen de la realidad cotidiana de Bolívar, ni siquiera de sus preocupaciones. Inclusive, cuando a partir de 1820 y 1822 el proyecto de la Santa Alianza cobra fuerza, Bolívar piensa que Portugal podría sumarse lo cual sería una amenaza para el futuro de su proyecto.

—Volviendo al uso político de Bolívar, ¿ha sido así en Latinoamérica? Es decir: ¿se han valido de Bolívar fuera de las fronteras venezolanas?

—Sí pero no es comparable, entre otras cuestiones porque el culto a Bolívar, como apuntó (Germán) Carrera Damas, está hecho en Venezuela y no es aplicable en otro país. Afuera no existe esa gran admiración y adoración por Bolívar que en Venezuela permite ganar puntos para respaldar algún proyecto político, pero más allá de sus fronteras eso no es así. Es un intento que llega con Chávez, eso llevar el mito de Bolívar más allá de Venezuela, pero no pasa de ahí. Un ejemplo, que menciono en mi libro, ocurrió en 2006: en el Carnaval de Río de Janeiro, una comparsa estuvo encabezada por una gran figura de Simón Bolívar, con cantos alusivos a él, cuando en Brasil su figura nunca había tenido una importancia relevante. ¿Por qué ocurrió eso? Pdvsa puso cientos de miles de dólares sobre la mesa para poder hacerlo posible, para que la comparsa más importante del Carnaval de Río desfilara con Bolívar a la cabeza. Luego esto no volvió a ocurrir y fue algo que quedó en una anécdota total. Pero fuera de Venezuela no ocurre lo mismo con Bolívar, por más que Chávez lo intentara para justificar sus acciones.

—¿Por qué ese empeño de los políticos con Bolívar? ¿Se debe a una intención de manipular la memoria histórica o ellos son absolutos devotos del Libertador y se sienten predestinados por la providencia?

—Prueba de la sinceridad bolivariana de algunos de esos líderes es que, en este momento, cuando el proyecto chavista-bolivariano está puesto en cuestión por la misma realidad, por la gestión que está haciendo la herencia de Chávez, vemos que quienes ayer eran bolivarianos hoy se llaman progresistas, lo vemos en el grupo de Puebla, integrado por muchos expresidentes como Evo Morales o Rafael Correa, hombres que antes se llamaban bolivarianos y hoy se dicen progresistas. En realidad, el proyecto bolivariano se impuso en América Latina porque era financiado con innumerables recursos por parte de Venezuela, pero muchos de los que se identificaron así, como bolivarianos, realmente tienen muy poco, sólo que la figura de Bolívar les era funcional para sus respectivos proyectos políticos.

—En el caso venezolano, hay una exaltación del culto a la figura del Libertador como nunca antes. ¿Qué implicaciones considera que podría traer esto a futuro? ¿Animadversión a Bolívar? ¿Se acabará el culto?

—Creo que todo aquello que suponga adorar ídolos, no dioses, sino ídolos, no es bueno. Endiosar a un personaje histórico por más méritos que tenga tampoco es bueno. El culto a Bolívar, como otros cultos a personajes históricos, tiene más inconvenientes que ventajas. Otra cosa es que la acción política de un determinado gobierno lleve a tomar distancia del personaje. Bolívar tiene méritos más allá de lo que dijo Chávez, por lo que creo que lo que debería imponerse sobre la adoración absoluta o del rechazo total es una lectura mucho más mesurada, objetiva, sobre el aporte que hizo Bolívar en su momento histórico concreto, es decir, despojarlo de cualquier endiosamiento, de ese intento de convertirlo en un precursor de lo que sea: del panamericanismo, del Socialismo del Siglo XXI, del antiimperialismo. Finalmente, creo que cuando las cosas vuelvan a su cause –y esto llevará tiempo, no sé cuánto–, la figura de Bolívar podrá descansar tranquila, porque ya se molestó mucho cuando se le quiso exhumar y todo esto. El Libertador resiste con sus hechos, con sus actos y con sus muchos escritos.

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