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Chávez no rompió paradigmas, pero sí dividió la historia política de Venezuela

El 5 de marzo de 2018 se cumplen cinco años del día en el que Nicolás Maduro anunció en cadena nacional la muerte del entonces presidente, Hugo Rafael Chávez Frías. El país entero entró en estado de conmoción; seguidores y detractores cerraron santa maría para resguardarse en sus casas. Nadie sabía lo que estaba pasando o al menos, las consecuencias que podían venir a raíz de eso.

Chávez no rompió paradigmas, pero sí dividió la historia política de Venezuela

Mucho es lo que se ha dicho o se ha escrito del expresidente, pero siempre hay un punto de encuentro donde se reconoce a Chávez como un hombre que marcó este país en un antes y un después, para bien o para mal. Su nombre estará en las páginas de los libros de historia y su ideología, mejor conocida como “chavismo”, quedará como una fracción importante a considerar en lo que respecta el ámbito político.
Ante esto podemos realizarnos varias preguntas acerca del cómo lo logró o que mecanismos utilizó. Sin embargo, hay algo que si estuvo claro y marcado desde el inicio en el discurso de Chávez: implementar una ideología.
“Necesario es cargar siempre clara la ideología. Esta no es una batalla de mercenarios, nosotros no somos mercenarios, nosotros somos revolucionarios y no hay revolución sin ideología revolucionaria, y en eso quiero hacer especial hincapié, la ideología revolucionaria”, dijo Chávez en el Acto de Juramentación de Patrulleros Apertura de la Campaña Electoral, en 2004.
Para llegar al poder poco se dio a notar esto en la línea discursiva; en el año 1998 fundamentó su campaña en las estadísticas ignoradas por los contrincantes, donde se demostraba que había un 80% de pobreza en la población venezolana prometiendo acabar con eso y entregar el poder en el 2013.
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Al llegar al poder generó un gran fanatismo fundado en la esperanza generada por promesas que no fueron cabalmente cumplidas, su poder cada día crecía más y aprovechó esto para estructurar sus ideas. Varios mecanismos utilizó Chávez para fundarlo en el famoso Libro Azul o también llamado “Plan de la Patria”.
“No había (antes de Chávez) en verdad un debate de naturaleza ideológica que permitiera examinar las fallas y las posibilidades para su superación desde una perspectiva doctrinaria”, aclaró Alberto Aranguibel, Analista Político y Constituyente por el Sector Independientes.
Desde el año 2006 el fallecido ex presidente buscó profundizar la revolución en base a su plan, pero hasta la actualidad “no ha podido instaurarse”, quedando en un aparente proceso transitorio.
“Cuando se habla en el Libro Azul de ‘transformación profunda de la sociedad’, se habla de un proceso dinámico en constante evolución. Mientras no se cambie el rumbo emancipador del proyecto, todo será digno de exploración”, agrega el constituyente.
Aranguibel considera que “Chávez representa una ruptura con todo lo que se entendía como política al colocar esa distinción sobre la mesa, incorporando la teoría política como instrumento de análisis y poniendo al ser humano como eje medular del accionar político”.

El fenómeno Chávez

Para el analista político oficialista, esto causó una impresión donde “la política empezó por vez primera a tener un sentido social, y, en consecuencia, el individuo pasó a ser un actor fundamental”, pero a pesar de que parecía invencible, realmente la figura de Chávez no es algo nuevo en la historia de este país:
“Por una parte no es el primer presidente poderoso en la historia de Venezuela, por otra parte no es el primer presidente arbitrario en la historia de Venezuela, sino que es el retorno de una tradición que existía antes de él”, resalta el politólogo y profesor Guillermo Aveledo Coll
Chávez “llegó” en el “momento indicado” a salvar a los venezolanos de una realidad que no querían seguir viviendo y puso lupa a esto que era ignorado por las dos cúpulas que manejaban el poder, tal como pasó con muchos líderes desde Simón Bolívar, pasando por Gómez, Pérez Jiménez hasta Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez.
“Dividió la política contemporánea en Venezuela, guste o no. Significó el fin de una era, de un sistema visto otrora como ejemplo pero que luego se agotó pues no leyó bien las señales para reinventarse y terminó rindiéndose”, enfatiza Edgard Gutiérrez, coordinador de Venebarometro y asesor político.
Por otro lado, Gutiérrez enfatiza que el liderazgo de Chávez utilizó la figura de Bolívar, como hicieron muchos de los líderes ya nombrados y además contó con suerte coincidiendo su mandato con el alza en los precios petroleros.
Otro de los factores que fueron de gran ayuda para el expresidente fue el apoyo brindado por los medios de comunicación desde el primer momento que hizo aparición en la palestra. Este dominio de los medios de comunicación fue una gran tarima para el chavismo que supieron aprovechar.
En el ámbito comunicacional, los regímenes de izquierda conciben a los medios de comunicación masivos como un arma de lucha indispensable para alcanzar sus objetivos usando la propaganda y estrategias para ideologizar.
En este sentido y de manera progresiva, Paola Bautista expone en su libro “A callar que llegó la Revolución” que identifican en los medios de comunicación masivos una herramienta sustentable de ideologización y afianzamiento de la «nueva ética socialista».

Neolengua y hegemonía comunicacional

Con la muerte de Chávez, en 2013, algunos creyeron que significaría el fin de la hegemonía comunicacional, pero el cerco mediático fue, en sí mismo, una política de Estado que se sostuvo en una narrativa que sólo refuerza una historia ya contada y que garantiza un “paraíso”: el Socialismo del siglo XXI.
Esa idea o promesa “esperanzadora” depende en gran medida del lenguaje, cuyo uso está fielmente dibujado en el “Plan de la Patria”. No es casual que el tema comunicacional se encuentre enmarcado en el objetivo nacional 1.1 de ese plan estratégico, que lleva el título “Garantizar la consolidación de la Revolución Bolivariana”.
En el Libro Azul se proponen “garantizar el derecho del pueblo a estar informado veraz y oportunamente, así como al libre ejercicio de la información y la comunicación” y llama a fortalecer el uso “responsable y crítico” de los medios de comunicación públicos, privados y comunitarios, de modo de garantizar la formación de los valores que califican como bolivarianos.
Es así como hoy pueden verse inundados los medios con palabras y frases como “revolución”, “antiimperialista”, “comando” y “guerra económica”, con la connotación inmediata que estas tienen en el imaginario común del venezolano.
Para Carlos Leañez Aristimuño, profesor universitario e investigador en temas de política lingüística, se trata de la “sociedad cuartel”, un relato oficialista frente al cual no se plantea una argumentación que permita desmontar ese discurso.
Más allá de desmontar un discurso Aranguibel asegura que Chávez “al incorporar su sólida formación como militar estudioso de nuestra historia, como también de la teoría política del Estado, como nunca antes se había hecho en el ámbito del debate político nacional, su discurso llegaba directamente no solo al corazón de la gente sino también a la siquis misma de la sociedad”.
De acuerdo con Leañez, en Venezuela se presentan básicamente dos relatos: uno que indica que estamos sometidos a una neodictadura con pretensiones totalitarias y otro que habla de una guerra antiimperialista donde operan fuerzas internas y externas capaces de someter a los ciudadanos en el plano nacional.
Por lo tanto el académico relata en su ensayo Lengua para la libertad y libertad para la lengua en Venezuela “que en Venezuela la lengua no ha sido aún suficientemente desmontada, es posible, con los recursos que ella proporciona, construir relatos muy divergentes, capaces, además, de provocar masivas adhesiones”.
Sin embargo, en esta puja resulta vencedor el discurso hegemónico, atribuido al Gobierno, cuyos representantes tienen absoluto dominio de los medios como garantía del modelaje perfecto de la sociedad. Esto pasa por asumir al Gobierno venezolano como un proyecto que comprende el monopolio de la comunicación y la ideologización.
De esta manera y según la obra de Leañez, el Gobierno tiene niveles de intervención desde el punto lingüístico y el primero es la palabra. En ese ámbito, los representantes oficialistas reafirman el escenario bélico donde ellos, como poder, garantizan el rescate de los venezolanos.
Lo único que tienen en contra es la falta física de Chávez pero esa debilidad se convirtió en una fortaleza haciendo presente su figura; recurrieron al llamado “legado” para sostener su imagen. Los ojos de Chávez, la palabra “gigante” o la frase “padre eterno” son mensajes recurrentes en vallas, periódicos y otros medios de comunicación, incluyendo los audiovisuales.
Gutiérrez denominó esto como “el principio de otra era, que aún no acaba (…) que nos trajo de vuelta al personalismo, al caudillismo y el autoritarismo”.]]>

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