<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Arlette Torres, serenidad y sabiduría que brilla en la pantalla

La actriz nacida en Venezuela hace vida en España desde hace más de una década. Su rostro asume vidas ajenas para representarlas en producciones de ambas naciones, y más allá, mientras ella se siente plena y cada vez más fortalecida. Clímax presenta la serie Hablemos de cine

Arlette Torres, serenidad y sabiduría que brilla en la pantalla

Actriz venezolana a tope que reside en España desde el año 2005, es conocida por sus trabajos en películas venezolanas como Liz en septiembre, Azul y no tan rosa, Cenizas eternas y El rumor de las piedras. Sin embargo a la actriz la gente la relaciona con su padre, el querido y admirado actor José Torres, recordado por su personaje Tacupay, aquel indio fabuloso que marcó con Kaina la televisión de un país hoy día extinguido. Cosas de la vida que Arlette interpretara a una india en Cenizas eterna, ella heredó el temple y el carácter de su padre y la belleza y espiritualidad de la madre.

El Embarcadero es una de sus últimas participaciones en una producción española, nada más y nada menos que con los productores de La Casa de Papel. Arlette es camaleónica y así brilla en las pantallas, quitándose y poniéndose pieles, excepto una: la de ser venezolana.

–¿Cuándo llegaste a Madrid y por qué escogerla como destino?

–Llegué a Madrid en el año 2005. Tomé la decisión de venir para abrirme horizontes, estudiar interpretación para cine, conocer otras culturas y porque Europa llamaba muchísimo mi atención. Soñaba con hacer cine en este lado del mundo.

–Cuéntame de tus andanzas en el mundo del arte y el ser una celebridad.

–(Risas) Pues, lo primero que se me viene a la mente son mis primeros tiritos como teatrera. Con 7 u 8 años organizaba, por no decir que producía, mis propias obras de teatro. Tenía una colección de cuentos infantiles clásicos (La caperucita roja, La Bella Durmiente, La Cenicienta, Blancanieves, Pinocchio, Hansel y Gretel) que mis padres me habían comprado en el Banco del Libro. Aún conservo alguno de esa edición en casa de mi madre en Venezuela. Tenían una cubierta «mágica» a la que le cambiaba el dibujo según lo movías hacia arriba o hacia abajo. El hecho es que cogía todos esos cuentos y escribía mis propias versiones libres, realmente libres (risas), en las que intervenían personajes de cada cuento, para crear un texto teatral que sería interpretado por mis amiguitos vecinos del edificio en el que vivíamos en Caracas. Los vestuarios siempre eran disfraces de carnaval reciclados, ropa y maquillaje de nuestros padres y hermanos; el atrezzo, por supuesto compuesto por todos los utensilios y muebles del hogar, y la escenografía la pintábamos o la construíamos nosotros mismos. Yo producía, dirigía y actuaba. Y además preparábamos una especie de festejo después de la función, en el que la gente podía disfrutar de refrescos, sanduchitos y chucherías que comprábamos con el dinero que luego recuperábamos la venta simbólica de las entradas. Era todo un éxito. Creo que alguna foto habrá en el baúl de los recuerdos de aquellos tiempos. Y por otra parte, las irrepetibles e inolvidables jornadas acompañando a mi papá en el canal 8 (VTV) y en Venevisión cuando grababa sus telenovelas.

Arlette Torres Retrato

–¿Cómo concibes tu futuro en Madrid?

–Honestamente, no lo sé. Madrid es una ciudad increíble y maravillosa. Es mi segundo hogar. Pero prefiero referirme a cómo concibo mi vida en un futuro en cualquier lugar del mundo: teniendo salud, siendo próspera, amada, amando, haciendo las cosas que me gustan, apoyando las buenas causas, haciendo el bien para mí, para mis afectos y para todas las personas; viviendo una vida bonita y siendo libre.

–¿Es posible un regreso a Venezuela?

–Un regreso a vivir a Venezuela no me lo planteo, por el momento; aunque todo en esta vida es posible.

–De poder regresar, qué quisieras aportar a la reconstrucción de país?

–Compartir lo aprendido y lo mejor de mi ser, todo aquello que me ha ayudado a crecer, no solo como actriz, especialmente como ser humano.

España ha sido conquistada, Arlette ha participado en producciones españolas como Hospital Central, Ciega a citas, El secreto de Puente Viejo y el largometraje El guardián invisible. Como modelo ha sido imagen de Bancrecer, Broxol, Intercable, Glade, Movistar, Mutua Madrileña, Repsol, Krissia, Vodafone, Renfe, Iberia y las que vienen

–¿Tu visión sobre la actuación ha cambiado con la emigración a España?

–Al llegar a un país y un continente distintos, con una cultura diferente, lógicamente cambian las maneras, tanto de hacer la vida diaria como las formas de concebir las cosas, pero esos cambios se deben también al paso de los años y a las experiencias de vida. No soy la misma chica de 26 años que salió de Venezuela, sino una mujer de 41. Creo que todos esos factores inciden. En todo caso, puedo afirmar que ha cambiado, gracias a todo lo que he ido aprendiendo, mi forma de abordar el trabajo, no sólo a nivel técnico, sino profesional y sobre todo personal. Por ejemplo, me tomo las cosas con menos ansiedad, con mayor seguridad y más planta en cada uno de mis pasos y, por tanto, hay mejores resultados; tangibles o abstractos, pero los da (risas).

Arlette Torres Bleu

–¿Proyectos importantes que quieras resaltar en estos últimos años?

La Tribu (Fernando Colomo), El guardián invisible (Fernando González Molina), El Embarcadero (Alex Pina).

–¿Se ha superado el encajonar a las actrices latinas en determinados personajes? ¿Es para ti un problema, un reto, una ventaja?

–En España el proceso está siendo lento. No sólo ocurre con las actrices latinas, sino en general con actores y actrices extranjeros e incluso con los mismos españoles con orígenes diversos. Tengo muchos compañeros y compañeras, algunos de hecho nacidos en España, con orígenes africanos, asiáticos o de Europa del Este, por poner un ejemplo, a quienes les pasa exactamente lo mismo y que son encasillados en estereotipos. Pero por fortuna esto es algo que internacionalmente está cambiando y en España ya muchos productores se han dado cuenta de que si quieren formar parte de las historias que se cuenten en el futuro, han de deslastrarse de los viejos y absurdos esquemas del pasado. En absoluto representa un problema para mí. Lo consideré durante muchos años un reto y ahora más bien algunas veces como una ventaja, y otras como una oportunidad. En todo caso, ojalá lleguemos a un punto que no tengamos que referirnos a esto como una condición que limite la escogencia de un actor o una actriz para un personaje.