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Cuarentena desde Gran Canaria: “Lo que hacemos es orar mucho”

Lía Alemán vive con su mamá y sus hijos en España, trabaja en un supermercado y el constante contacto con los demás la mantiene preocupada por el riesgo de infectarse e infectar a los suyos. Por estos días, usando tapabocas de tela y antibacterial casero, la fe se convierte en esperanza para ella, que siente la presión de una familia en cuarentena bajo sus hombros

Todas las noches reza al llegar del supermercado donde trabaja: “Padre nuestro que estás en los cielos…”. Abre la puerta cargando con el temor de estar llevando el virus a su hogar. Lía Alemán, venezolana viviendo en Gran Canaria desde hace casi dos años, se aferra a la fe. Le acompaña una estampilla de la Virgen del Valle. Junta las manos para pedirle a Dios que todo pase.

Lía es contadora, egresada de la Universidad Santa María, tiene dos hijos y vive con su familia en Gran Canaria (Islas Canarias, en España). Y su dinámica de trabajo la hace estar expuesta al contagio de coronavirus, así se proteja y proteja a los suyos.

Se siente nerviosa. La pandemia se llevó muchas cosas. Los días de playa. El turismo. Y vidas… Ahora sale en la noche de su trabajo y solo ve las calles solas.

Silencio dulce-amargo

El silencio abrumador de esas calles solitarias la lleva a pensar en Venezuela y en lo mucho que extraña a su país. “El proceso de migrar lo he tratado de llevar como si estuviera en unas vacaciones largas. Obviamente extraño cosas: mi casa, mis amigos, el calorcito, pero cuando me siento melancólica trato de recordar todo lo malo que la pasé allá (falta de agua, apagones, inseguridad) y se me pasa”.

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Hoy solo hay silencio donde los turistas hasta hace unos meses disfrutaban de las cálidas aguas de Gran Canaria. Foto: Lía Alemán.

En cualquier caso, sus hijos están primero. Por ellos migró, para ofrecerles un futuro mejor. La experiencia académica que tuvo en el país no le funcionó en mucho allá. Luego de establecerse legalmente en Gran Canaria buscó trabajo pero no corrió con suerte, hasta que logró el empleo que tiene hoy día en un supermercado.

“Durísimo cada vez que entregaba mi currículo y me rechazaban porque no me tomaban los años de experiencia de mi país. Sí, he llorado y mucho, pero es la forma de desahogarme y de seguir adelante”.

Cinco meses estuvo preparándose en un curso de actividades de ventas que le permitiría hacer lo que hoy hace: ser “comercial” (vendedor de calle) o dependiente de una tienda. La experiencia le permitió codearse de personas que sumaron cosas buenas a su vida.

La fe mueve montañas

“Sí tengo mucha fe de que ellos –Dios y la Virgen del Valle- nos sacarán de esta batalla porque no hay batalla que Dios ponga en tu camino que él no sepa que podamos superarla”, se repite a diario.

“Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, continúa con los ojos cerrados y las manos juntas, en compañía de su familia. El miedo a ser infectada por el virus que en España ya ha cobrado la vida de más de 7.350 personas en los últimos días la mantiene atada a la fe.

“Todo pasará”, se repite. Las plegarias sirven de alivio cuando los nervios llegan. Trata de hablar sobre cómo ha vivido sus últimos días en cuarentena en España, donde ya hay más de 85 mil contagiados. Se le quiebra la voz.

Foto: AFP.

El doble temor

Como todos los días a las 9:30 de la mañana entra al trabajo en un supermercado cercano a su apartamento. Su mamá la ayuda con la comida y los niños. Regresa a su casa al medio día para descansar y reponerse y trabaja de nuevo por la tarde hasta las 8 de la noche.

Estaba en su hora de descanso cuando se enteró de que el presidente Pedro Sánchez había anunciado un Estado de Alarma, que limitaría la circulación por cielo y tierra en España.

“Cuando anunciaron el Estado de Alarma lo tomé normal. Me recordó a las protestas en los años 2014 y 2017, donde había días en los que teníamos que quedarnos en casa. Quizás ya estábamos preparados para esto y no los sabíamos”, comenta.

Ella no ha podido vivir el confinamiento totalmente, pero su familia sí. Debe trabajar. Sin embargo dice que “al pasar los días y conocer muchos casos de cierres de empresas y despidos me asusté mucho porque yo soy contratada y tengo miedo a que me despidan y volver atrás, retroceder”. Está expuesta al despido y al virus.

“Por ser dependiente de supermercado debo cumplir con mi trabajo y horario completo. Solo libro los domingos. La pandemia nos ha generado un poco de angustia y ansiedad en Gran Canaria, pero somos creyentes y lo que hacemos es orar mucho”.

Una angustia familiar –y mundial-

Aunque algunos de los venezolanos que conoce están preocupados, la actitud es siempre positiva pues busca la mejor manera de llevar esta situación, “haciendo chistes y comparando con lo que vivimos en algún momento en Venezuela”, relata.

Su mamá sí está angustiada. A diferencia de ella, que sale y entra a su casa, su mamá y sus hijos no pueden hacerlo. Sus hijos están desesperados por retomar la rutina que mucho les costó tomar como suyas luego de abandonar su tierra natal.

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Un pequeño cartel posa sobre la ventana de uno de los vecinos de Lía. El empático y preventivo #QuédateEnCasa se ha vuelto viral en todo el mundo. Foto: Lía Alemán.

Su hijo mayor practica fútbol. Y la niña baila flamenco. En esta situación de confinamiento hacen tareas desde casa para mantenerse ocupados y tratar de salvar el año escolar. En estos momentos recurren a los juegos y otras actividades para no aburrirse, pero a veces la cuarentena cansa. “Para entretenernos en estas cuatro paredes vemos películas, oímos música, bailamos y jugamos juegos de mesa y electrónicos, incluso mi hija dibuja”, dice la caraqueña.

Transitar en medio del silencio

En los últimos días ha visto las calles de Gran Canaria menos transitadas, como un primero de enero en Venezuela: la gente cumple la mayoría de las medidas de cuarentena. Pero para el supermercado y los negocios de alimentos esta pandemia también es una gran oportunidad.

“En el trabajo los jefes (dueños) ven esta situación como grave, sí, pero también como una oportunidad de negocios porque las ventas se han incrementado y dicen que la alarma hecha por las autoridades es exagerada”.

Pero la realidad demuestra que cualquier cuidado es poco cuando estás forzado a mantener trato directo con muchas personas: “Nosotros estamos preocupados y angustiados porque somos quienes estamos en contacto diario con los clientes”.

Y tienen razón: “La semana pasada yo hacía el control de acceso en la puerta y un cliente me vio con tapabocas y guantes. Me dijo que para qué tenía tanta protección si igual íbamos a caer todos con el virus. Yo solo lo miré y le di las gracias. Varios clientes no querían respetar el control preventivo y tuvimos que ser más exigentes. Estando en caja, incluso, una señora me estornudó cerca y tuve que alejarme. Le dije salud y limpié la zona con lejía, pero al igual que muchas personas debió protegerse”.

Aunque los primeros días en el supermercado donde trabaja la gente compró alimentos para pasar la cuarentena y en general la pandemia, a los días ya los estantes estaban llenos de nuevo: “Aquí no existe el desabastecimiento de alimentos”.

Pero desabastecimiento de guantes y tapabocas sí hay: “No tenemos ni para nosotros. Lograron conseguirnos luego guantes pero los tapabocas son caseros, hechos con servilletas, tela, e incluso filtros de café. Dios nos agarre confesados”.

En Gran Canarias, aparentemente, no solo los jefes del supermercado se tomaron las cosas con calma.

“A mi parecer debieron activar medidas el mismo día que dio positivo un caso aquí en la localidad. Vivo en un zona de playa, por lo que es muy frecuentada por turistas y locales, sobre todo los fines de semana. Las medidas se tomaron cuando fueron dictaminadas por el gobierno central, como la suspensión de clases y el cierre de bares, restaurantes y playas”.

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Son pocos los pocos locales que tienen permitido trabajar en Gran Canaria. Foto: AFP.

Ella en casa tomó medidas para enfrentar el riesgo: “Limpiar con lejía dos o tres veces a la semana, como no se consigue gel antibacterial hicimos una mezcla de alcohol 90%, con agua y lo usamos para desinfectarnos las manos una vez que lleguemos de casa, usar guantes y tapa bocas al salir a la calle y tomar mucha vitamina C proveniente de las frutas”.

Hasta el sábado 28 de marzo las Islas Canarias tenía más de 1200 casos confirmados, siendo Gran Canaria la segunda isla en España con más casos.

El 19 de marzo el director general de la OMS, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció que en distintos territorios se están haciendo ensayos para posibles vacunas. Pero mientras se llega a esto, solo queda ser solidario y seguir las indicaciones oficiales. Y su caso, tener fe. La fe no cura pero alivia el alma. Lía tiene eso muy claro.

Con más de 85 mil casos, España está entre los diez países más infectados. Los trabajadores sanitarios hacen su mayor esfuerzo por frenar el brote en el país. Foto: AFP.