José Salazar, un margariteño que se prepara para conquistar el mundo batuta en mano
Empezó a sonar a los 14 años de edad y desde entonces ha dirigido innumerables conciertos en Venezuela y fuera de sus fronteras. Ha colaborando con diferentes orquestas profesionales y juveniles. La Televisión Central China, Reuters y The Guardian, entre otros medios, han seguido su carrera. En esta entrevista con El Estímulo habla de su pasado, presente y futuro
Un nombre comienza a sonar repetidamente en el maravilloso universo de la dirección musical venezolana, que tantos talentos le ha dado al mundo. Hablo del margariteño José Salazar, quien es uno de los acreedores de la Beca Dudamel en esta su última temporada con la LAPhil.
Este joven encantador, nacido en 1997, ha conservado su sencillez, consciente de que no quiere que la fama “se le suba a la cabeza”.
José tiene todos los elementos para triunfar. Aprendió de experiencias difíciles, es agradecido con quienes le prestaron apoyo. En esta entrevista con El Estímulo, nos cuenta cómo se prepara para volar por el mundo, batuta en mano.
– ¿Qué te llevó a estudiar música? ¿Empezaste de una vez dirigiendo o aprendiste algún instrumento?
– En mi familia no hay músicos, pero sí una gran afición por el arte y la cultura. Mis abuelos estuvieron siempre conectados a las expresiones artísticas como grandes melómanos, o también apoyando causas culturales. El estar desde muy niño escuchando diversos tipos de música y sumergido en una casa llena de libros y danza, me llevaron a desarrollar una sensibilidad artística. Así, dejé el kárate como actividad extracurricular y me empeñé en estudiar música. Inscrito en el Sistema de Orquestas, en el núcleo de Guaragüao, quería aprender trompeta, pero algo que hoy en día no puedo identificar o recordar, me llevó a tocar violín. No lo recuerdo, pero no me arrepiento. Creo que el violín fue ese primer escalón hacia el podium.
– Si fuiste de un instrumento a la dirección, ¿qué te inspiró para empezar a dirigir?
– Antes de inscribirme en el Sistema de orquestas, fui con mi familia a un concierto del ensamble de metales de Venezuela, dirigidos por el maestro Thomas Clamor, en aquel momento trompetista importante de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Ese concierto causó un gran impacto en mí; recuerdo haber llorado al menos en tres ocasiones durante esa presentación. Desde ese momento y a mi muy temprana edad (tendría yo como 6 años), me quedó plasmada en la mente la imagen del director, y recuerdo haber salido del recinto pensando «eso es lo que yo quiero hacer».
– ¿Qué sentiste cuando saliste en medios como The Guardian y Reuters?
– Fue un poco abrumador que de la nada empezaron a salir cámaras por todas partes y gente entrevistándome y viniendo a la isla solo para cubrir esa parte de mi historia. Me sentí halagado por haber sido tomado en cuenta para tanto bululú mediático, pero al mismo tiempo recuerdo que intenté mantener siempre mi mismo perfil y tener mucho cuidado con que los humos no se me subieran a la cabeza.
En aquel momento pensé, como lo sigo pensando hoy en día, en agradecer la oportunidad de que mi historia pueda ser comunicada, y esperaba que la visibilidad se tradujera en un apoyo a mi carrera para impulsar mi crecimiento. No me interesaba – ni me interesa – la fama a un nivel de comunicación, lo que me interesaba era tener oportunidades para seguir evolucionando como artista.
También me preocupaba siempre que la información que se transmitiera fuese verídica y honesta. Me molestaba un poco cuando los medios exageraban algo. Al final, para mí era importante que se me viera de verdad como era.
Al final, fue muy bonito sentirme reconocido por el trabajo que estaba realizando en aquel entonces, y creo que la visibilidad me ayudó mucho a dar pasos importantes para mi desarrollo.
– ¿Qué hiciste cuando no te alcanzaron los recursos para estudiar en Estados Unidos?
– Cuento siempre con el apoyo de gente muy bonita. La vida me ha puesto seres maravillosos en el camino, que han influido en mí y me han llevado siempre hacia adelante.
Dentro de esas personas, alguien muy importante en mi vida, llamado Juan Carlos Nasser, me apoyó con todo lo que estaba a su alcance. Juan dirigía una serie de cursos preparatorios para deportistas (principalmente) que querían prepararse para entrar en el mercado de becas universitarias en Estados Unidos. Él tenía un equipo fantástico de profesores de inglés y asesores de carrera estudiantil, que se terminaban convirtiendo en mentores y familia.
Juan me otorgó una beca parcial en su programa, donde pude estudiar inglés, matemática en inglés, razonamiento lógico, literatura, y prepararme para los exámenes de admisión de las universidades, así como la asesoría personalizada para buscar universidades y hacer las aplicaciones necesarias. Su organización también me ayudó con el proceso de visado. Ellos creyeron en mí, y estuvieron siempre allí para mí.
Conseguimos becas parciales en varias universidades; una en California, otra en Colorado, una más en Virginia. Hice todos mis exámenes. Saqué mi visa de estudiante. Intentamos buscar los recursos, pero no se pudo.
Hoy entiendo que las cosas pasan por algo y que lo que aprendí con ellos no fue para irme a Estados Unidos: lo que aprendí con ellos fue para la vida. No fui nunca a estudiar a EEUU, pero crecí como persona, aprendí a ser mejor profesional y adquirí herramientas invaluables que aún hoy en día uso.
Mi querido Juan fue arrancado de esta tierra de una manera muy trágica, a manos del crimen. Espero que donde sea que esté, esté en paz y contento por todas las cosas buenas que hizo por mí y por tantos otros, y que sepa que vivirá siempre en mi pensamiento y en mis acciones.
– Háblame de tus experiencias en Grecia
Grecia fue una escuela para mí. En ese país tan alejado de casa, pero tan cerca de mi corazón, crecí como profesional y como individuo. Tuve el gran honor de brindar mis experiencias y conocimientos, trabajando como director artístico de El Sistema Greece, un programa inspirado en nuestro modelo venezolano, adaptado a las necesidades del contexto social griego, buscando usar la música como herramienta inclusiva fundamental y así facilitar el acceso a la educación integral y musical de la población general.
Los fundadores de El Sistema Greece y la gente en el proyecto me apoyaron mucho también para que continuara la formación profesional, como gerente, y como director de orquesta. Vivir en Atenas me permitió seguir desarrollándome, yendo a cursos con distintos profesores de dirección en Europa y competencias, a la vez que trabajaba intensamente en el desarrollo acádemico-musical del proyecto.
Mis 5 años en Grecia hicieron de este lugar, con una cultura y lengua tan diferentes a la mía, convertirse en mi segundo hogar; un refugio en Europa donde me sigo sintiendo en casa.
– Cuéntame de Jette Parker del Royal Ballet y de Suecia
– El Jette Parker Artist Programme del Royal Ballet and Opera House de Londres, es una joya en el mundo de los programas de integración profesional para jóvenes artistas. En este programa, nos proveen con la experiencia y la exposición necesarias para trabajar en el mundo de la música profesional, y en las artes escénicas como la ópera o el ballet, como es mi caso. Siendo un programa de muy alto nivel y bastante exigencia profesional, te hace salir de tu zona de confort y crecer a pasos agigantados en el mundo musical. Igualmente, el codearse con artistas importantes del medio, te hace aprender de primera mano lo que se hace hoy en día en el mundo artístico profesional. Me siento muy afortunado de haber encontrado un programa como este y haberlo aprovechado al máximo.
Suecia igualmente fue una escuela, tanto de crecimiento musical como entender del maravilloso mundo del Sistema, sobre todo de las adaptaciones del sistema a nivel mundial. No puedo pensar en Suecia sin mencionar y agradecer a Ron Davis Alvarez, que fue un mentor y amigo importante en el período en el que estuve allí, de quien aprendí gran parte de las estrategias que aún hoy en día uso cuando trabajo en el contexto de la educación musical, y quien confió en mí y en mi potencial.
– ¿Te pegó el frío?
– Pues mucho, pero no me desagrada el frío. Mi problema más grande es la ausencia de luz, los días largos de oscuridad. En esos días me cuesta mucho mantener la energía e incluso levantarme de la cama. Me defino a mí mismo como un hijo del sol, y por cosas de la vida, estoy obsesionado con él, especialmente con los amaneceres.
– ¿Qué esperas de la beca de Gustavo Dudamel?
– Espero trabajar mucho, y aprender mucho. Soy muy afortunado de ser parte de este programa en la última temporada del maestro Gustavo como director musical de la Filarmónica de Los Angeles. A él debo agradecer su apoyo y su confianza. Sé que verlo trabajando con una de las orquestas más grandes del mundo, así como conocer a directores de gran nivel musical, será altamente nutritivo y provechoso para mi futuro. Estar en Los Angeles por 8 semanas durante mi siguiente temporada me hará desarrollar conexiones importantes para mi carrera, y estoy muy entusiasmado por emprender este nuevo reto.
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