Cine y TV

O. J. Simpson: ¿qué hay de nuevo en el documental de Netflix?

Netflix acaba de estrenar "Cacería implacable: OJ Simpson", un repaso con entrevistas actuales de quienes vivieron de cerca el juicio al exjugador de fútbol americano. ¿Pero realmente hay algo nuevo que contar? Aquí lo discutimos

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OJ Simpson documental

«Cacería implacable: OJ Simpson» es el nuevo documental de moda disponible en Netflix que ya se ubica en los primeros puestos de lo más visto en diferentes partes del mundo. Se trata del mediático juicio que dividió a Estados Unidos y al mundo, debido a que los abogados del exjugador de fútbol americano consiguieron que en lugar del crimen, el foco se estableciera en el racismo y las desigualdades del sistema judicial estadounidense.

Como se recordará, Simpson fue acusado del asesinato de su exesposa, Nicole Brown, y de Ronald Goldman en 1994. A pesar de que las pruebas eran abrumadoras, incluidas muestras de ADN, el atleta convertido en actor fue declarado no culpable. En este contexto, Floyd Russ, reconocido por otros trabajos documentales como «Zion» y «El atentado del maratón de Boston», repasa los hechos entrevistando a la mayoría de involucrados y detallando testimonios y algunas pruebas que no fueron admitidas en el juicio.

Russ hace un trabajo correcto, permitiendo a quienes conocen lo sucedido una segunda lectura, entrevistando a todos los que estuvieron involucrados. Esto, en tiempos de las llamadas «guerras culturales», establece paralelismos con casos recientes, como el de George Floyd. Al mismo tiempo, los cuatro capítulos funcionan para que las nuevas generaciones conozcan el show en el que se convirtió el proceso.

Ahora bien, como en las siguientes líneas hablaremos del programa y de algunos testimonios específicos, te advertimos que haremos spoilers. Por lo tanto, si te quedas, es bajo tu propio riesgo.

Un juicio en el que perdieron todos

La famosa persecución en vivo de la camioneta Bronco de O.J., seguida por helicópteros y por los propios ciudadanos, fue el paso definitivo del crimen al reality show en Estados Unidos. La cobertura del caso definió el concepto de «televisión basura» o telerealidad y prfundizoó el sensacionalismo en la prensa (las portadas con algún elemento del crimen elevaba las ventas hasta 33%). Pero sobre todo, desde la detención de O.J. hasta su libertad, queda claro que los involucrados emprendieron un viaje del que nunca pudieron regresar. Es una cruz con la que lidian hasta el día de hoy.

No hay involucrado en este juicio con un final feliz. Esto se evidencia en los testimonios de allegados al propio Simpson, como su representante y amigo, Mike Gilbert; también en los abogados que defendían a Nicole y Roland (en especial Christopher Darden). Y obviamente, en las familias de los asesinados, que lucharon por encontrar un cierre a un veredicto tan viciado como las propias pruebas del crimen.

Y esa es la cuestión: en el juicio a O.J todo está viciado. Desde la percepción del público (animado por la polarización entre blancos y negros) hasta la actuación de la policía, que recogió de manera muy torpe las pruebas y abrió las puertas de las sospechas y conspiraciones. En este sentido, resulta paradigmático el discurso de Mark Fuhrman, quien no pudo volver a su trabajo y quedó etiquetado como el policía racista que influyó en la absolución. En la actualidad solo acepta con resignación lo ocurrido, si bien niega haber manipulado las pruebas para condenar al acusado.

Sin embargo, es Christopher Darden quien mejor ejemplifica la influencia del uso del racismo como piedra angular para desviar la naturaleza del caso. A Darden se le juzgó por ser un abogado negro «vendido» a los blancos tras defender a Nicole y Ronald. Y aún es recordado por pedirle a O.J que se probara los guantes que la policía encontró en la escena del crimen.

«O.J. se puso en modo ‘Naked Gun'», dice el abogado Carl Douglas rememorando. Hace referencia a la película en la que Simpson interpretó al detective Nordberg, aliado incondicional del despistado protagonista, Frank Drebin (Leslie Nielsen). En efecto, Simpson actúa, a la vista de hoy hasta de manera torpe, para que los guantes no le calcen. A partir de allí, a Darden se le recuerda como «el hombre que le puso los guantes a O.J.».

La leyenda dice que fue esa actuación lo que terminó de probar la inocencia del acusado. No fue así. Se combinaron varios factores para que el jurado tardara solo unas horas en decidir que la fiscalía no había probado «más allá de la duda» que Simpson había matado a dos personas. Primero, estaba muy fresco el recuerdo de los disturbios de los Ángeles (1992), luego de la exoneración de cuatro policías por la golpiza, que fue grabada, al ciudadano afroamericano Rodney King.

El hartazgo y la desconfianza en la policía facilitó el trabajo de un «dream team», como llamaban al equipo de defensa del exjugador. El histriónico Johnnie Cochran, con el acompañamiento de Robert Shapiro, logró reducir la narrativa a algo muy simple: el sistema judicial, dominado por blancos, deseaba inculpar a un negro, como había sucedido históricamente. El propio Shapiro confesaría después que habían logrado «mentirle» a la justicia, aceptando la manipulación.

La fiscalía, ante este panorama, redobló el esfuerzo para que el jurado se basara solo en los hechos. Y eso, dadas las circunstancias, era imposible. La emoción, como pasa hoy con cualquier discusión, privaba sobre las pruebas, como el ADN y el punto de partida del juicio: la huida de Simpson. Lo cierto es que todo, desde la presencia de O.J. en la casa al momento de lo ocurrido hasta las acusaciones de violencia familiar, le vinculaba con el crimen.

La ironía es que si bien logró evadir la justicia, no pasó mucho tiempo para que el destino de quien llegó a ser ídolo con los Buffalo Bills se torciera. No solo perdió un juicio civil en 1997, que le condenó a pagar más de 30 millones de dólares como compensación por los asesinatos, sino que terminó detenido por intentar recuperar bienes que había vendido para sobrevivir luego de que no pudiera reactivar su vida económica.

Esta es la mayor paradoja de todo la historia. Simpson era un atleta negro que hacía su mayor esfuerzo por «vivir como blanco», como dicen sus allegados (jugar golf, moverse con la aristocracia y convertirse en estrella mediática). Se salvó de la cárcel una vez por convertirse en un epítome del victimismo por del racismo dominante en Estados Unidos, pero terminó olvidado y segregado como cualquier otro se humano que no supo administrar su fortuna. Se refugió en el alcohol y las drogas. Falleció sin honores. Un cliché que vuelve a ser historia gracias a Netflix.

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