Música

El papá de Dolly

La destacada periodista Dolly Armitano, fallecida en Bogotá la semana pasada, fungió de puente propiciatorio entre su padre Pablo y su hijo Álvaro, dos grandes músicos venezolanos. Pablo Armitano fue extraordinario trompetista, docente y director de orquesta entre las décadas de los 40 y los 80, mientras que su único vástago cultiva su trinchera como consagrado bajista en Nueva York

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Dolly Armitano

Las Dolly Sisters, Rosie y Jenny, eran húngaras. Tan pronto llegaron a Estados Unidos se distinguieron como grandes artistas del entretenimiento neoyorkino entre los años 10 y 20 del pasado siglo. Eran gemelas idénticas, rubias, vestían sombreros colmados de flores y frutas de papel crepé y trusas cortísimas por debajo del ombligo y por encima de media nalga. Bailarinas y cantantes en veladas de teatro y cabaret y actrices en el cine mudo de entonces. Ambas se casaron repetidas veces con ricachones ansiosos.

A finales de los ’40 aparecieron Las Mellizas Dolly cubanas (las hermanas Caridad y Mercedes Vázquez), rumberas que emulaban a las originales húngaras, pero con vestuarios mucho más atrevidos. Fueron las primeras bailarinas (llamadas “Mamboletas”) de la orquesta de Dámaso Pérez Prado y, entre otras, aparecieron en las películas “Que rico el mambo” y “Al son de mambo” en 1949 y 1950.

La fama de las Dolly cubanas, impulsada por el éxito de las primeras en Estados Unidos, estaba en alto sitial. Por eso muchas Dolly (“Muñequita”, en español) nacieron con ese nombre en la cuenca del Caribe.

Cuando estas cubanas visitaron Caracas, el 10 de octubre de 1951, con motivo del lanzamiento de la película “Seis meses de vida”, protagonizada por Amador Bendayan, ya Dolly Armitano (1950-2024), la hija del trompetista Pablo Armitano, tenía 15 de meses de nacida. Para ese entonces su padre formaba parte de la cuerda de trompetas de la orquesta de Aldemaro Romero, quien había aportado la música de la película.

album del trompetista Pablo Armitano

El regio preestreno de “Seis meses de vida” ocurrió el día anterior en el Cine Continental, ubicado entre las esquinas La Bolsa y Padre Sierra, frente al Capitolio Federal. Con sus 1.910 butacas era el de mayor capacidad en Caracas.

La productora Bolívar Films captó la gala para su Noticiero Nacional, Radio Continente la transmitió en vivo, la orquesta de Aldemaro Romero animó la velada, Las Dolly lucieron sus escasos atavíos, los actores firmaron autógrafos, y el homenajeado Alfonso “Chico” Carrasquel se apareció en el vestíbulo con par de distinciones en alto: primer latinoamericano seleccionado para participar en un Juego de Estrellas en las Grandes Ligas y el récord de mayor número de juegos sin cometer errores en la Liga Americana (297).

Para ese momento Pablo Armitano, de ascendencia italiana, formaba parte del roster de los mejores trompetistas de la vecindad. En 1948 integraba la exigente orquesta de Luis Alfonzo Larrain, estuvo con Aldemaro Romero hasta que el valenciano se fue a Nueva York en 1952, trabajó con Pedroza y sus Caciques, formó su propia orquesta y grabó tres discos de larga duración (LPs), uno con el Palacio de la Música y dos con Discomoda.

Para finales de 1957 las agrupaciones mejor valoradas en el ámbito nacional eran la Sonora Caracas, Anguera y sus Muchachos, Jesús Chucho Sanoja, Pablo Armitano, Carlos Torres, Aldemaro Romero, Luis Alfonzo Larrain y Los Peniques. No figura Billo Frómeta porque estaba vetado por la Asociación Musical.

El autor y arreglista Pedrito López recuerda que de niño su padre, el pianista Virgilio López Bosh, le instruía cuando veían los programas musicales por televisión: “Ahí en los saxos están fulano y zutano, en los trombones tal y cual”. Y al llegar a los trompetistas me decía “Ahí están Pablo Armitano, Mario Fernández, Manolo Pérez, y el mejor de todos, El Gallo Velásquez”.

Los distinguidos Armitano eran dos: Alberto Armitano, en el campo de la educación, y Pablo Armitano, en la música como extraordinario trompetista. En 1953 llegó al país, a bordo de un velero, el técnico impresor Ernesto Armitano, nacido en Bologna, Italia, quien también tomó a Venezuela como segunda patria y se dedicó a imprimir la memoria de las artes plásticas y visuales de Venezuela. Eran parientes.

Antes de que el zuliano rajao Cheo García se convirtiera en el Guarachero de América con la Billo´s Caracas Boys en 1960, ya había hecho un recorrido capitalino que comenzó en 1953 con las orquestas de Larrain, Juanito Arteta, Pablo Armitano y Los Peniques de Jorge Beltrán. A Billo le habían levantado el veto y comenzó a arrasar con su Mosaico Número 1 en las voces de Cheo García y Felipe Pirela.

No pasó lo mismo con el cantante Pipo Rivas, quien había estado en tarima, en sucesión, con las orquestas de Pedro J. Belisario, Pedro Luis Aponte, Pablo Armitano, Luis Alfonzo Larrain, Arnoldo Nali y finalmente en la Sonora Caracas. Pipo no trascendió.

Cantante Pipo Rivas

A comienzos de los años 70, Pablo Armitano combinó su trabajo en escena con la docencia. Fue profesor de trompeta en la Escuela de Música del Oeste “Prudencio Esáa”, fundada por el eminente Inocente Carreño, la cual funcionó primero en Artigas, en la avenida San Martín, y aún persiste en la urbanización Montalbán.

Cuando al inquieto músico Alberto Naranjo se le ocurrió armar el Trabuco Venezolano, en 1977, para su primer volumen recurrió a los mejores ejecutantes del momento, añosos y nuevos. Fue una sesión realizada en Estudios Sono Dos Mil.

El trabuco elegido estaba formado por tres pianistas, un bajo, cuatro percusionistas, tres trompetistas, tres cornos, cuatro trombones y cuatro cantantes, además de Naranjo, quien dirigió, arregló todas pistas y también ejecutó batería, timbales y tambora dominicana.

En el trío de trompetas estuvieron los veteranos Rafael Velásquez, Pablo Armitano y el dominicano Luis Arias, quien venía de tocar con Billo, Aldemaro, Chucho Sanoja y Los Melódicos.

El colorido, prestancia y ajuste de ese trabuco inolvidable se le deben en gran parte al calibre de esos tres grandes trompetistas.

En 1973, Pablo Armitano tuvo un nieto, Álvaro Diego Benavides Armitano, único hijo de su hija Dolly con el periodista Álvaro Benavides La Grecca.

A los 12 años de edad, el nieto comenzó a interesarse por la música, luego de escuchar al saxofonista cubano Paquito D´Rivera. Entonces el abuelo le regaló un saxofón. Después de los primeros escarceos, el nieto cambió el saxo por los cueros y más tarde se hizo fuerte con el bajo. En 1996 partió a Boston, tras recibir una beca en la Berklee College of Music. A inicios de 2004, aterrizó en Nueva York en continuación de su carrera musical. Y aún se mantiene.

Allí se hizo un hueco, me dijo su padre hace poco en Madrid.

Album de Pablo Armitano

Dolly, encantadora periodista, de risa fresca y optimista, compañera de estudios en la UCV, murió en Bogotá el 22 de noviembre de 2024. Su padre, Pablo Armitano, falleció en 1988 en Caracas. Álvaro Diego sigue la senda.

Dolly Armitano
Dolly con su hijo Álvaro Diego, músico que vive en Nueva York

A raíz de la muerte de Dolly Armitano, el destacado cronista del arte y espectáculos Aquilino José Mata, conversó con Álvaro Diego. Hablaron, por supuesto, sobre la influencia de su abuelo materno en la conquista de sus objetivos musicales.

Sentía verdadera adoración por su abuelo, y lo calificó como el auténtico maestro que impulsó su vocación de músico como invalorable señero a seguir, el que nunca dejó de brindarle su amoroso y decidido apoyo como guía de sus primeros pasos en el oficio”, me dijo Aquilino.

Por Víctor Suárez, periodista

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