El presidente salvadoreño Nayib Bukele, muy activo en sus redes sociales, dio la primicia el domingo 16 de marzo: 238 migrantes venezolanos, presuntamente miembros de la banda delictiva conocida como el Tren de Aragua, fueron llevados al Cecot la madrugada de ese día, junto con otros supuestos 23 miembros de la mara (pandilla salvadoreña) conocida como MS-13.
Esta gigantesca cárcel fue construida según las autoridades de El Salvador en tiempo récord, en menos de un año. No hay registros oficiales sobre su costo, dado que el presupuesto de su construcción no formó parte de las asignaciones que se hicieron públicas de los ministerios involucrados, según el medio de fact-checking e investigación periodística Voz Pública. Además, la municipalidad donde se erigió la construcción otorgó el permiso tres meses después de que se habían iniciado las obras.
Nació el Cecot como un proyecto personalísimo de Bukele, en su lucha contra las maras (las bandas criminales), pero envuelto en la falta de transparencia y el manejo irregular. Fue inaugurado el 31 de enero de 2023.
De acuerdo con detalles que en diferentes momentos han dado a conocer diversos voceros gubernamentales en el país centroamericano, quienes son llevados al Cecot, con una capacidad de 40 mil detenidos, permanecerán dentro de celdas de concreto, encerradas con gruesos barrotes de acero reforzado, sin luz solar y sin acceso a colchonetas para dormir.
Quienes son llevados al Cecot, según voceros oficiales, no tendrán ninguna oportunidad de fugarse o de tener contacto con el exterior. Las instalaciones estás rodeadas por dos cercos perimetrales de seguridad con malla ciclón, totalmente electrificados, y dos muros de concreto armado. Las visitas familiares no están permitidas ni tampoco las visitas conyugales.
Los detenidos están en total aislamiento con sólo media hora al día, para tomar el sol. El resto del tiempo deben permanecer dentro de las celdas, lavar sus uniformes dentro de éstas y usar retretes compartidos, con un sistema de agua que es racionado de forma central por las autoridades penitenciarias. En las celdas no hay ventanas, ventiladores o extractores. Todo esto, según el gobierno por razones de seguridad.
Según información ofrecida por el propio gobierno, la cárcel está ubicada a poco más de 70 kilómetros de la capital San Salvador, en una extensión de 116 hectáreas, de las cuales 23 pertenecen a edificios de la prisión. Con escasa población ubicada a distancias considerables de la cárcel, podría decirse que el Cecot está en medio de la nada.
La megacárcel cuenta con ocho módulos y 19 torres de vigilancia. Se estima que un millar de efectivos policiales y de seguridad penitenciaria prestan sus servicios. Existe un sistema de video vigilancia de todos los puntos del reclusorio y escáner corporal para el acceso. La parte externa del penal es vigilada por medio millar de efectivos militares.
Quienes sean considerados de peligrosidad o tengan una conducta violenta serán llevados a calabozos de castigo. Según un vídeo difundido por el viceministro de Justicia y director general de Centros Penales, Osiris Luna, quien sea llevado a una celda de castigo estará esposado y quedará, literalmente a oscuras, la única luz que recibirá será a través de un pequeño y redondo orificio en el techo.
El Cecot, según Bukele, estaba dirigido exclusivamente a los “terroristas” como suele llamar el mandatario a los delincuentes vinculados a las maras, las violentas pandillas salvadores que impusieron el terror tanto en su país como en Estados Unidos.
Dos de estas maras más notorias son Barrio 18 y MS-13. Esta última surgió en Los Ángeles en la década de 1980, entre los migrantes salvadoreños que llegaron a territorio estadounidense, huyendo de la guerra civil que en esa década asoló al país más pequeño del continente. El Salvador tiene una superficie similar a la del estado Falcón.
En la década de 1990, muchos de los pandilleros fueron deportados a sus países de origen ya que estas bandas habían captado a jóvenes de otras nacionalidades de Centroamérica.
Dentro de las cárceles se reconfiguraron estas bandas criminales y se extendieron fuera de las prisiones captando a jóvenes sin trabajo o estudios. Antes de la represión de Bukele, existían unos 70.000 pandilleros activos en este país de 6,3 millones de personas. Esta delincuencia organizada hacía que fuera “prácticamente imposible que los políticos y funcionarios estatales no tuvieran que negociar con ellos si deseaban, entre otras cosas, llevar a cabo una campaña electoral o brindar servicios en barrios pobres”, según un informe del think tank Crisis Group.
De acuerdo con la agencia de noticias Associated Press, la llegada de los venezolanos al Cecot se produce en el marco de un acuerdo entre los gobiernos de Donald Trump y Nayib Bukele. Estados Unidos pagará 6 millones de dólares a El Salvador para que hasta 300 migrantes (a los que Washington acusa de ser parte del Tren de Aragua) permanezcan detenidos en el Cecot durante un año.