Te alquilo una lavadora, rebusque y resuelve en Caracas
En el oeste caraqueño no es extraño observar panfletos que promocionan alquiler de lavadoras, un emprendimiento al que se dedican personas como Yetzebel y Jean Carlos, quienes encontraron una fórmula para obtener ingresos extra gracias a una necesidad | Por: Ivanna Laura Ordóñez
La habitación de Yetzebel Acosta mide aproximadamente dos metros de ancho y tres metros de largo. Es su hogar. Y más que eso. Allí tiene una cama, una computadora, un televisor y siete lavadoras, porque también es la sede de Imperio Lavadora, el emprendimiento con el que sostiene a su familia.
“Se llama así porque debe ser grande, debe ser un imperio y con esto quiero crecer”, dice. Y sí, ha crecido en su negocio de alquiler de lavadoras: “Cuando compré la primera no la quería alquilar, me costó al principio. Comencé con una carretilla prestada hasta que logré comprar la mía”.
Yetzebel tiene 35 años de edad, mide 1 metro 55. Es de contextura delgada, pero con la fuerza suficiente para cargar lavadoras de doble batea que pesan más de 10 kilos. Las lleva en una carretilla por el 23 de Enero, en Caracas. Las sube y baja por largas escaleras con escalones desiguales y vías complicadas, hasta llegar a los hogares de sus clientes. Incluso hasta los pisos más altos de los famosos bloques de la parroquia.
“A veces las tengo que subir por las escaleras porque el ascensor no funciona”.
Cuánto cuesta una lavadora en Venezuela
Todos necesitamos lavar la ropa. Hay quienes pueden hacerlo en casa como un acto cotidiano y otros van a una lavandería. Pero en esta economía, tener electrodomésticos propios es casi un lujo. Y comprar uno nuevo es un privilegio para la mayoría.
A pesar del incipiente boom petrolero que comenzó hace par de meses, la pobreza sigue siendo la realidad en al menos 86 % de los hogares venezolanos, según datos del año 2025 del Observatorio Venezolano de Finanzas que, apunta también que el trabajo por cuenta propia es la segunda mayor fuente de ingreso de la población en Venezuela, una característica común de las economías reducidas.
Una lavadora nueva, de marca desconocida, cuesta al menos 180 dólares. Mientras que una más sofisticada y de marca famosa, está alrededor de los 500 dólares e incluso sobrepasando los 1.000 dólares. Ni siquiera el bono de guerra recién aumentado a 150 dólares alcanza para comprar una lavadora sencilla. Mucho menos un sueldo mínimo que continúa en menos de un dólar.
¿En qué consiste el alquiler de lavadoras?
Dicen que en los tiempos difíciles están los que aprovechan para vender pañuelos a quienes lloran. Algo así es la premisa de los alquileres de lavadoras. Estos modestos emprendedores tienen uno o más de estos electrodomésticos, los alquilan por varias horas o por el día y los llevan hasta las casas de quienes requieran el servicio.
Su estilo de publicidad es de vieja escuela y bajo presupuesto: carteles pegados en las paredes con los números de contacto. Otra forma de promocionarse es por grupos de WhatsApp comunitarios. Así lo hace Yetzabel: cada cierto tiempo pone a rodar un flyer digital de Imperio Lavadora por los nueve grupos en los que está incluída.
Alquilar una lavadora con Yetzabel cuesta 4 dólares por seis horas, 6 dólares por 12 horas y 10 dólares y 24 horas. En algunas ocasiones, y dependiendo de cómo estén las finanzas del negocio, ofrece promociones que incluyen detergente, suavizante o hasta pinzas para guindar la ropa.
Jean Carlos, desde Prado de María
Jean Carlos Strucco se graduó de técnico superior en petróleo. Sin embargo, es una profesión que nunca ejerció, porque como otros tantos venezolanos, Strucco apareció en la famosa “lista Tascón”.
A sus 42 años de edad y desde que se mudó de oriente a Caracas, Jean Carlos ha vendido un poco de todo: “A los 24 años ya tenía un negocio propio”. Uno de los más recientes fue una venta de lubricantes para vehículos, pero en 2025 la inflación lo quebró.
Había que resolver. Y así, este padre, esposo y ahora abuelo, tuvo la idea de alquilar lavadoras: “Debido a la necesidad que tenemos todos de buscar otros ingresos y a la necesidad de las personas de lavar. Comencé con una, luego compré otra. Ya voy por tres”.
Jean Carlos vive en un viejo edificio de pocos pisos y sin ascensor, en Prado de María, en Caracas. Cada vez que recibe la llamada de un cliente carga la lavadora hasta la planta baja. Su moto de baja cilindrada es el transporte. Pone la lavadora sobre el asiento del parrillero, se sienta él y con una mano la agarra y con la otra maniobra el volante de la moto.
De momento, su servicio solo funciona dentro de la parroquia Santa Rosalía. Y aunque no le ha puesto nombre a su negocio, sí ofrece algunas promociones: “Si pagas en divisas, te obsequiamos medio kilo de detergente”, es parte de lo que anuncia el flyer de este emprendimiento.
“Yo tengo dos métodos de alquiler: te la dejo prácticamente por medio día y te cobro 8 dólares y el otro, te la dejo por 24 horas y te cobró 12 dólares”, explica Jean Carlos.
La falta de agua, el mayor enemigo
Las fallas en el servicio de agua conspiran contra el negocio: esos días no hay actividad. Y ya sabemos que ocurren con demasiada frecuencia.
Otro problema es el mal uso que algunos clientes le dan a las lavadoras. Hoy Yetzabel tendría en total 10 operativas, pero dos están dañadas. En un intento por ahorrar dinero, aprendió a reparar la mayoría de las fallas habituales y lo hizo viendo videos de Youtube y en un constante ensayo y error.
“Los clientes a veces me llaman y me dicen que la lavadora presenta una falla. Yo misma voy y las reparo en el momento para no perder el dinero (…) Mayormente se queman los relojes o los motores debido a la sobrecarga de peso. Siempre y cuando el cliente no la sobrecargue y le dé un buen uso, ella va a funcionar chévere, pero si no, le puede partir las tapas o los aros”, explica.
De las tres lavadoras que tiene Jean Carlos, una está paralizada porque se le dañó el condensador. Mandar a repararla es un gasto extra.
Jean Carlos no se sostiene solo con este servicio. Resuelve, sí, pero no es suficiente. Así que desde hace varios meses él y su familia comenzaron a vender arepas a las afueras de su edificio.
El sueño de Yetzebel
“Alquilo porque no tengo la facilidad de comprar una lavadora”, dice Maribel Acosta, clienta de Yetzebel. Hace más de dos años se le dañó la suya y no ha logrado tener el dinero para repararla ni sustituirla. “Con el sueldito no hay cómo comprar una”, se lamenta Maribel.
Otra clienta es Ayary Oropeza, quien tampoco tiene presupuesto para comprar, así que semanalmente le toca pagar por una rentada. “Tengo rato sin lavadora”, dice. Ni siquiera ha podido hacerlo a través de la famosa aplicación de compras a crédito. “Eso es rentable para quienes pueden pagar las cuotas, porque de nada vale si te atrasas en los pagos”.
Para Yetzebel es un logro cada vez que alguno de sus clientes consigue comprar su propia lavadora: “Me alegro mucho, lo pongo en mis estados de WhatsApp y los felicito. No me molesta, al contrario, les agradezco que hayan confiado en mí y en mi servicio, porque así como se va uno, aparecen dos”.
Yetzebel tiene planes para el futuro. Y va organizando su objetivo mientras reparte sus lavadoras por la zona. En el futuro se ve como dueña de una lavandería, pero una fuera de lo común. Quiere un espacio de encuentro, donde las personas puedan ir y tomarse un café, donde puedan conversar y pasar un rato agradable, mientras las máquinas y el jabón hacen su trabajo. -Por: Ivanna Laura Ordóñez