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¿Qué le pasa a las selecciones de Brasil?

La eliminación de la selección femenina en el Mundial y la poca trascedencia en el masculino, no es proporcional a la exportación de talento. Sin embargo, no se avizora una sustituta equiparable a Marta y ningún hombre brasileño ha ganado el Balón de Oro desde 2007 (Kaká)

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El recuerdo de Ronaldo o Marta en una final de la Copa del Mundo es cada vez más lejano, difuso. El poder de Brasil en el máximo torneo de fútbol se desvanece, y con él la hegemonía de la tierra del ‘jogo bonito’.

El último golpazo lo recibieron ellas el miércoles en Australia y Nueva Zelanda-2023, al caer en la fase de grupos por primera vez desde 1995.

Pero antes hubo otros dos en menos de un año: la ‘Seleção’ masculina fue eliminada en penales por Croacia en cuartos de Catar-2022 en diciembre y el elenco masculino sub-20 por Israel (3-2), en junio, en la misma instancia del certamen de su categoría.

Para ambos combinados masculinos el hexacampeonato ha sido esquivo. La de mayores suma más de dos décadas desde que Ronaldo y compañía consiguieron la estrella en Corea del Sur y Japón-2002, mientras que los jóvenes enlazan doce años (Colombia-2011).

Marta, la legendaria ’10’, se despidió por su parte el miércoles de su sexto y último Mundial con las manos vacías, dieciséis años después de haber acariciado la gloria en China-2007, cuando perdieron ante Alemania (2-0) su única final en la competición.

Aunque no eran favoritas al título en Australia y Nueva Zelanda, se esperaba que pasaran a octavos sin mayores inconvenientes.

«No era, ni en mis peores pesadillas, la Copa con la que soñaba«, dijo la atacante, de 37 años, titular únicamente en el empate 0-0 contra Jamaica, que selló la eliminación.

«Realidades diferentes»

Considerada la mejor futbolista de la historia y máxima goleadora de los mundiales, con 17 tantos, Marta también estuvo presente cuando la ‘Canarinha’ perdió las finales de los Juegos Olímpicos de Atenas-2004 y Beijing-2008.

Es el símbolo de un Brasil dominador absoluto de Sudamérica (ha ganado ocho de nueve Copas Américas Femeninas) y que se hizo nombre en el mundo, pero que cuando sale de la región se da golpes de realidad, al igual que la selección masculina.

«Son realidades diferentes, a la selección de mujeres no puede exigírsele lo mismo que a los hombres, porque el fútbol femenino es relativamente reciente en Brasil», dice a la AFP Juca Kfouri, periodista y autor de varios libros sobre el balompié brasileño.

«La diferencia es que nunca antes un equipo había estado tan bien preparado y respaldado para disputar un Mundial», agregó. «Pero la falta de preparación mental de las chicas para ganar fue evidente».

Desde el subcampeonato en China, la ‘Seleção’ femenina nunca pasó de cuartos y rivales regionales han recortado terreno, como Colombia, único elenco sudamericano clasificado a octavos del Mundial-2023.

Ni siquiera dio resultado la contratación de la entrenadora sueca Pia Sundhage, bicampeona olímpica con Estados Unidos.

«Voy a poner mucho esfuerzo en buscar jugadoras nuevas (…) Espero tener muchas para escoger», dijo Sundhage tras la eliminación.

La masculina, de su lado, desde la conquista del 2002 llegó a ‘semis’ solamente en Brasil-2014, cuando la campeona Alemania la aplastó 7-1. En ese lapso, su archirrival, Argentina, ganó el título en Catar y la venció en la final de la Copa América-2021, en pleno Maracaná.

¿Bajón de calidad?

En Brasil se presentan distintas razones para explicar la mala hora, aliviada solo por el éxito de sus clubes en Sudamérica.

Aunque sigue siendo el principal productor de futbolistas, la calidad está en entredicho: no se avizora una sustituta equiparable a Marta y ningún hombre brasileño ha ganado el Balón de Oro desde 2007 (Kaká). Neymar, la gran esperanza, se fundió entre polémicas y lesiones.

«El problema es que hoy no tenemos la calidad de jugadores que teníamos en otras épocas», opinó recientemente el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Los otros países han evolucionado y el gigante latinoamericano, repiten las voces especializadas, vende muy jóvenes a sus deportistas, por lo que terminan adquiriendo los modos futbolísticos europeos, perdiendo las habilidades que hizo a su balompié mundialmente admirado: dribles, picardía, magia.

«Esas cosas acaban castrando el fútbol brasileño», lamenta Kfouri, quien advierte también de la falta de un proyecto deportivo.

Una prueba, apunta, es lo que sucede con el ‘scratch’ masculino: Fernando Diniz compaginará sus labores como DT del Fluminense con la ‘Seleção’ hasta mediados de 2024, cuando debe asumir el italiano Carlo Ancelotti.

«La selección cambia técnicos que no tienen nada que ver el uno con el otro», señala Kfouri. «No descarto ninguna posibilidad, incluido que Brasil sea campeón en el Mundial de 2026. Pero digo, eso sí, que la hegemonía que tuvo en determinado momento, aquella cosa encantadora que solamente nosotros parecíamos tener, no va a volver nunca más».

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