Drama de haitianos rumbo a EE.UU es una lección para otros migrantes ilusos

Haitianos por miles, encabezan hoy caravanas de migrantes provenientes de países empobrecidos que intentan llegar a Estados Unidos. Pero entre enero y agosto ya hubo más venezolanos que haitianos interceptados por las autoridades en la frontera sur.

Drama de haitianos rumbo a EE.UU es una lección para otros migrantes ilusos

. EnEl Gobierno del presidente de EE.UU, Joe Biden, puso en marcha este sábado un plan para aumentar el ritmo de las deportaciones de haitianos, en medio de una crisis en la frontera entre Texas y México, donde más de 10.000 nacionales del país caribeño están retenidos.

El anuncio de la Administración estadounidense de incrementar el número de vuelos de deportación a Haití generó un clima de frustración en Del Río, donde bajo un puente se aglomeran miles de familias e individuos esperando pasar creyendo que les van a dar asilo.

En un comunicado, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en sus siglas en inglés) explicó su estrategia «para acelerar el ritmo y aumentar la capacidad de los vuelos de expulsión a Haití y otros destinos en el hemisferio dentro de las próximas 72 horas».

Tras este anuncio, una voluntaria que pidió el anonimato de la Coalición Humanitaria Fronteriza de Val Verde, la única organización de la zona que ayuda a los migrantes en situación irregular, dijo a Efe que la noticia ha sentado «como una bofetada» entre los haitianos.

Haitianos en Del Río frontera México EEUU

Migrantes principalmente provenientes de Haití se apoyan entre ellos para cruzar el Río Grande con suministros, en el paso  Acuña – Del Río, puerta de entrada a Texas, este 18 de septiembre de 2021.
PAUL RATJE / AFP

Callejón sin salida

Por su parte, la directora de campaña de la organización We Are Home, Bridgette Gomez, explicó a Efe que el regreso a Haíti para estos migrantes en estos momentos es «inconcebible», porque el país «está experimentando una crisis política y una violencia creciente».

El Departamento de Seguridad Nacional, al que está escrita el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza mantiene cifras actualizadas con «Encuentros a nivel nacional» de agentes fronterizos con migrantes no autorizados. En su vasta mayoría estos migrantes son obligados a regresar al último país donde estaban antes de ingresar a territorio estadounidense.

En los datos actualizados hasta agosto pasado, se reporta la intercepción de 1,741 millones de personas, casi el triple que en el mismo período de 2020.

La cifra global incluye individuos solos, grupos familiares y menores con y sin acompañantes.

De ese total, los haitianos sumaron 30.762 personas en el período, contra 5.291 entre enero y agosto de 2020.

Migrantes haitianos

Agentes de Fronteras, de Estados Unidos, gesticulan a decenas de migrantes, principalmente haitianos, que se disponen a cruzar entre Acuña, México, y Del Río, Texas. Foto: PAUL RATJE / AFP

Según especifica el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza, los datos incluyen las aprehensiones hechas por la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos,  admisiones de la Oficina de Operaciones de Campo (OFO) y las expulsiones asociadas a restricciones sanitarias.

Esto último corresponde al Título 42 del Código de los Estados Unidos, sección 265. Una norma presidencial del 21 de marzo de 2020 determinó que, debido a la existencia del covid 19 en México y Canadá, «existe un grave peligro de que se siga introduciendo el covid en los Estados Unidos», a través de personas o bienes.

Covid como pretexto

En virtud de esta orden, Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza «está prohibiendo la entrada de ciertas personas que potencialmente representan un riesgo para la salud, ya sea por estar sujetas a restricciones de viaje previamente anunciadas o porque entraron ilegalmente en el país para eludir las medidas de control sanitario».

«En caso de que una persona no pueda ser devuelta al país de último tránsito, el CBP trabaja con socios interinstitucionales para asegurar la expulsión al país de origen de la persona y retenerla durante el menor tiempo posible».

Estas expulsiones en virtud del Título 42 no se basan en el estatus migratorio y se rastrean por separado de las acciones de aplicación de la Ley de Inmigración, como la aprehensión o la inadmisibilidad, que son reportadas regularmente por la CBP, aclara la información.

Más venezolanos que haitianos

Las estadísticas oficiales revelan que entre enero y agosto por primera vez hubo más intercepciones de migrantes venezolanos no autorizados que de haitianos en la fronteras de Estados Unidos. Fueron en total 39.555 personas, un salto exponencial comparado con los 4.520 entre enero y agosto de 2020.

De ese total, 36.956 personas de origen venezolano intentaron entrar por la frontera terrestre del sur y sureste de Estados Unidos, contra solo 1.227 que lo intentaron entre enero y agosto de 2020.

Migrantes haitianos como lección

Desde la otra punta de México, en el estado de Chiapas, en la frontera sur, una crónica de la AFP, firmada por Natalia Cano, narra como este drama de miles de migrantes no se detiene.

«Miles de kilómetros de carretera, días enteros por montañas y selvas, asaltos, naufragios. En su camino a Estados Unidos, huyendo de la pobreza, los migrantes haitianos desgranan una tragedia», señala la crónica.

Muchos se lanzan a la aventura alentados por familiares y amigos que alcanzaron la meta, pero que poco hablan de las desdichas que les esperan, como quedar atrapados en Tapachula.

Esta ciudad del sur de México se convirtió en un embudo donde decenas de miles de haitianos y centroamericanos buscan desesperadamente un permiso -que no llega- para avanzar hacia el anhelado norte y no ser deportados a Guatemala.

Cansados de esperar y con el poco dinero que cargan, algunos continúan su marcha indocumentados, pero en la frontera con Estados Unidos vuelven a quedar atrapados.

Miles que cruzan el Río Bravo se agolpan ahora bajo un puente que comunica a Ciudad Acuña (México) y Del Río (Texas) para pedir refugio en Estados Unidos. Las penurias, agravadas por la pandemia de covid-19, no cesan.

Viacrucis de diez países

Cada noche a Murat «Dodo» Tilus lo despierta el insoportable dolor en un brazo que le dejó una caída en una montaña colombiana, durante la travesía para reunirse con su hermano en Miami.

El pasado 8 de agosto él, su esposa, una hija y dos nietos abandonaron Chile. Un mes después, tras cruzar por diez países, arribaron a Tapachula.

A Chile habían emigrado en 2017 aprovechando la apertura de ese país tras el terremoto de 2010 que dejó 200.000 muertos en Haití.

Migrantes haitianos y centroamericanos hacen fila frente a un banco donde esperan retirar dinero enviado por sus familiares a Tapachula, estado de Chiapas, sur de México. Muchos parecen entusiasmados por familiares y amigos que les cuentan acerca de los beneficios de vivir en el Norte. Pero no les advierten sobre los peligros de todo tipo y dificultades que enfrentarán en su viaje a la tierra prometida, donde además enfrentan una muy probable deportación. Foto: Claudio Cruz/AFP.

«Mi casa se cayó, mi familia murió, después yo hice una iniciativa con mi señora de irnos a otro país», cuenta a la AFP Tilus, electricista de 49 años.

Pero el «sueño chileno» empezó a diluirse en 2018 cuando el gobierno impuso medidas que restringen la migración.

En Chile ahora «es muy difícil conseguir el carnet (permiso de trabajo), se encareció todo, por eso la gente quiere salir para buscar una vida mejor», dice.

Una ciudad colapsada

Entre él y su esposa Rose Marie reunieron unos 5.000 dólares para llegar a Tapachula.

Salieron en autobús de Arica y ahora comparten un cuarto de una humilde vivienda, donde viven otras cuatro familias haitianas. La ciudad, de 350.000 habitantes, está colapsada.

Si no fuera por las remesas de su hermano, Tilus y su familia estarían en la calle, como otros migrantes.

Entre cuatro paredes, los Tilus esperan la cita que les dieron para tramitar su solicitud de refugio en diciembre.

La Comar -entidad que atiende esas solicitudes- está desbordada. Este año ha gestionado unos 77.559 permisos, superando los 70.400 de todo 2019.

Cientos de migrantes trataron de avanzar en caravanas este mes, pero fueron reprimidos por autoridades mexicanas. «Quiero seguir (a Estados Unidos) legalmente», afirma esperanzado Tilus.

«No quería irme»

Como su primo «Dodo», Judith Joseph también busca establecerse en Estados Unidos. Huyó a Chile en 2017, luego de que uno de sus tres hijos fuera asesinado.

Con dificultad para caminar, esta mujer diabética e hipertensa, de 43 años, partió el 10 de julio y recién arribó a Tapachula el 6 de septiembre junto con sus hijos menores de edad.

La familia cuenta que vivió uno de sus peores momentos en el Tapón del Darién. En esta zona selvática entre Colombia y Panamá operan grupos criminales. Algunos compañeros se ahogaron intentando atravesar un río.

«Cuando pasamos la selva (…), donde estaba la montaña de Panamá, cruzábamos el río y ahí morían personas. Era muy fuerte», recuerda Samuel, de 11 años. Otros fueron despojados de sus pocas pertenencias.

El niño evoca su vida en Haití como algo igualmente «difícil», con su madre trabajando en un mercado.

«Cuando estaba donde mi abuela, de noche había ratones en la cocina; cuando era de día siempre había militares haitianos disparando afuera de la casa», relata.

Judith es asistida por Samuel y Cristelle, de ocho años, quienes le ayudan a caminar y comunicarse en español.

Viven hacinados con otras personas en un precario cuarto a las afueras de Tapachula. Con dinero que reciben de parientes en Estados Unidos pagarán los 75 dólares de renta, hasta que logren el estatuto de refugiados y de ese modo seguir a Estados Unidos.

A diferencia de los centroamericanos, con un largo historial de migración indocumentada, muchos haitianos presentes en esta ciudad parecieran avanzar a ciegas.

Mi madre «me mintió y no me dijo que veníamos a México, yo no quería irme, quería quedarme en Chile», se lamenta Samuel.

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