Educación

¿Por qué los futuros periodistas venezolanos tienen que aprender fuera de la universidad?

La escasa concordancia entre los planes de estudio y las exigencias del mercado laboral empuja a los estudiantes de Comunicación Social, en universidades públicas y privadas, a formarse de manera autónoma en espacios alternativos para responder a la creciente versatilidad de la profesión | Por: Mauricio Ocando y Bryan Granado

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Fotos: Mauricio Ocando y Bryan Granado
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En una de esas noches de julio de 2018, con una nota aún en construcción dentro de WordPress y un editor esperando la publicación, Rosmina Suárez entendió que no sabía cómo ordenar lo que tenía entre manos. Tenía los datos, pero desconocía la metodología para convertirlos en una pieza periodística. Suárez solo podía recordar la insistencia de sus antiguos profesores en dominar la pirámide invertida para el formato impreso, sin incorporar competencias digitales como el Search Engine Optimization (SEO).

Esa brecha tardó en desaparecer porque tanto a ella como a sus compañeros se les había impuesto que ir más allá sobraba: “Uno se quita ese chip en la calle, pero en realidad el oficio te exige mucho más que lo que ves en la universidad. La persona que no quiera sentir que su sacrificio por obtener su título es insuficiente, se obliga a inscribirse en programas de capacitación para estudiantes y periodistas. Yo estuve en el de Espacio Público y Medianálisis, por ejemplo”.

El reordenamiento de la carrera —marcado por la reducción del espacio para el periodismo en medios tradicionales, la falta de papel que limitó la circulación impresa, las restricciones que afectaron la cobertura informativa y la migración hacia entornos digitales donde periodistas desplazados comenzaron a crear proyectos independientes, más ágiles y conectados con sus audiencias— evidenció una deuda de la academia: ya no es posible enseñar periodismo como antes.

“Existe una divergencia entre lo ofrecido y lo que realmente se hace, por eso coincido con Antonio Pasquali en la necesidad de refundar lo que se conoce como una escuela de comunicación, no para formar ‘operadores de medios’, sino comunicadores centrados en el criterio y la ética porque una escuela debe asumirse como un espacio de resistencia democrática”, dice Yakary Prado, docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Esa reflexión se enmarca en una encrucijada: algunos profesores, por razones de autoridad académica o para no reconocer el desfase de los programas de estudio, evitan decirla en voz alta; otros la asumen de manera explícita, una tensión que no es individual, sino institucional, y que responde a condiciones que han impedido la renovación del pénsum.

La flexibilidad de las privadas

La desactualización de la oferta académica en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad del Zulia (LUZ) no se debe a una imposibilidad legal, la Ley de Universidades (LU) en el marco de la autonomía universitaria, les otorga capacidad para crear, modificar y actualizar sus programas de estudio. Pueden hacerlo, pero la propia LU no establece la obligación de revisión periódica de los planes de estudio, lo que deja estos cambios a discreción institucional, a lo que se suma la burocracia universitaria —entendida como los procedimientos administrativos extensos y múltiples instancias de decisión— y el financiamiento limitado, que paralizan la ejecución real de cualquier reforma.

En universidades privadas como la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE), se introducen modificaciones curriculares sin los niveles de intermediación institucional que caracterizan a las universidades públicas, dinámica que se apoya en un engranaje burocrático que evidencia la Comisión Nacional de Currículo (CNC), al actuar como ente orientador sin ejercer presión, debido a que las reformas deben atravesar órganos colegiados y múltiples instancias que terminan retrasando estos procesos.

Incluso figuras de alta jerarquía académica han reconocido abiertamente estas deficiencias, como lo demuestra la exrectora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Cecilia García, quien ha señalado la necesidad de optimizar los procesos administrativos dentro del marco de la autonomía sin necesidad de eliminarlos.

Aunque UCV y LUZ han respondido a cuestionamientos sobre la desactualización de los pénsums alegando que “están en revisión” o “en actualización”, estas afirmaciones no han estado acompañadas de cronogramas ni avances verificables, pese a que sus propios reglamentos de régimen estudiantil contemplan mecanismos destinados a garantizar su funcionamiento.

“La ley y la práctica muestran que la diferencia entre instituciones no es solo cuestión de decirla, sino de entenderla: las universidades están siempre sujetas a algo, en las públicas a la gobernanza, y en las privadas a la diplomacia”, subraya José Ortega, decano de la Facultad Experimental de Ciencias (FEC) de la Universidad del Zulia (LUZ).

Quedarse en la universidad, aunque mal pague

En las escuelas de Comunicación Social de la UCV y LUZ se contabilizan 86 y 41 docentes, de los cuales algunos son fijos, contratados o colaboradores y según su planificación semestral académica y a consultas internas, una parte del personal supera los 25 años de servicio. 

Aunque cumplen con los requisitos establecidos en la Ley del Estatuto sobre el Régimen de Jubilaciones y Pensiones (LEJRJP) para optar a beneficios de retiro, ellos continúan ejerciendo la docencia. La decisión ocurre en un contexto marcado por el deterioro sostenido de los ingresos universitarios, donde los gremios denuncian la sustitución progresiva del salario por bonificaciones y la ausencia de ajustes salariales significativos desde 2022, factores que contribuyen a que la jubilación deje de percibirse como una alternativa viable.

Su pago es incierto y, fuera del sistema, enfrentan un entorno laboral atravesado por el edadismo, entendido como la exclusión o restricción de oportunidades laborales en función de la edad —en un entorno donde la última actualización de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) recoge una informalidad laboral de 84,5 %—. La abogada Ana Carroz lo resume así: “Si ven que un candidato supera los 40 años ya esa persona no les parece rentable y cuentan con menos opciones de reenganche, lo mismo ocurre con gente mucho más jóven; el problema no es solo jurídico, es estructural”.

Con ausencia de ingresos complementarios, quedarse en funciones también responde a la necesidad de mantener condiciones mínimas de estabilidad, pero también frena la disposición de ceder espacio a rostros nuevos debido a la antigüedad que tienen los profesores administrando materias y esta permanencia también tiene efectos en la dinámica de actualización de los programas. En asignaturas como Periodismo III en UCV y Gerencia de Medios en LUZ, los ajustes metodológicos dependen de la iniciativa del docente y no de un criterio institucional.

“Cuando explico más de lo necesario, también lo hago para que los estudiantes se involucren y no sientan de entrada que verán siempre lo mismo, lo cual muchas veces determina su disposición en clase desde el inicio del semestre”, argumenta César Pérez, docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia (LUZ). Algunos profesores actualizan contenidos por cuenta propia y otros se mantienen en el programa vigente —en ocasiones bajo el pretexto de “respetarlo”—. Ninguna de estas decisiones es sancionada por las autoridades, lo que deja a decisión del profesor lo que se imparte y se considera “currículo oculto”.

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La no implementación de la reforma curricular no solo se explica por las limitaciones presupuestarias actuales, sino también por la existencia de docentes fijos de la UCV que mantienen el control sobre áreas específicas de conocimiento —conocidas como “parcelas”, espacios académicos consolidados que un profesor gestiona de manera estable dentro de una asignatura o área—, lo que termina impidiendo algún cambio, aunque sin evidencias sistemáticas de conflictos institucionales de gran escala, según lo explicado por el exdirector Alejandro Terenzani.

En LUZ, esta dinámica tiene consecuencias visibles: el caso más recordado es el de la cineasta Patricia Ortega, cuyo contrato no fue renovado en 2011 tras señalar que el pensum estaba desactualizado, lo que se inscribe como antecedentes ya descritos en el artículo científico de Johandry Suárez, que analiza la evolución de su escuela de Comunicación Social entre 1959 y 2007, dejando ver que estas actitudes responden a tensiones persistentes entre la actualización curricular y las dinámicas institucionales que la condicionan.

Con la finalidad de continuar documentando estas dinámicas, en 2008, los profesores Iraima Palencia, Sylvia Fernández y Fernando Villalobos elaboraron un diagnóstico que señalaba que las deficiencias en la formación de los estudiantes no solo provienen del currículo, sino también del desempeño docente, que no siempre modela las competencias comunicativas que se espera que los futuros periodistas adquieran.

En una entrevista sobre ese aporte, Fernández aclaró que se trató de una investigación financiada por el Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CONDES). En ese momento, el estudio —desarrollado en un entorno académico donde las autoridades participaban en la producción y evaluación de publicaciones científicas— no tuvo un debate “popular” en comparación con las declaraciones de la cineasta, difundidas en el documental “Proyecto Reforma”, producido por estudiantes que en ese momento exigían la renovación inmediata del pénsum.

En relación con lo anterior, la propia Ortega analiza esos acontecimientos: “Ya yo tenía experiencia cuando daba materias y veía a muchos profesores que se dedicaban exclusivamente a la docencia. Entonces, ¿cómo explicas algo que no practicas?”. Su preocupación se debía a que no deseaba que los estudiantes siguieran en una “burbuja”, al notar que en ese momento mostraban una actitud más pasiva que activa frente al aprendizaje, al apostar todo a la figura del profesor como única guía, sin asumir un rol más crítico que les permitiera cuestionar lo que recibían.

Como contraste, en la UCAB y en la URBE —cuyas escuelas de Comunicación Social cuentan con plantillas de más de 30 profesores aproximadamente— esta situación es menos frecuente. Los contratos temporales, la evaluación constante y remuneraciones que oscilan entre 150 y 624 dólares mensuales, según la categoría y la carga académica, favorecen una mayor movilidad dentro de la planta docente, frente a los 240 dólares que perciben los docentes de la UCV y LUZ al sumar salario, bonificaciones y cestaticket.

Esa precarización no solo impacta las condiciones laborales, sino también la posibilidad de cuestionar y transformar las dinámicas internas de las instituciones. “Siempre se repite el discurso de formar comunicadores sociales para defender la democracia, pero dentro de sus propias escuelas quienes lo predican prefieren bajar la cabeza ante las autoridades por temor a entrar en conflictos. Es entendible que se quieran proteger, pero convertir ese cuidado en conservadurismo es un error”, concluye un académico de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Comunicación Social, brechas entre universidades públicas y privadas

La revisión de los planes de estudio de Comunicación Social en UCV, LUZ, UCAB y URBE evidencia una brecha entre universidades públicas, con programas aún basados en estructuras de 1987 y 1995, y privadas que han actualizado sus mallas entre 2023 y 2025.

La formación de UCV acumula 39 años sin una reforma integral (1987–2026), mientras que el de LUZ tiene 31 (1995–2026), con menciones como Periodismo Impreso y Audiovisual, y una licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas. UCAB actualizó su plan en 2023 y URBE en 2025, con Publicidad y Relaciones Públicas formando parte de Comunicación Social.

La comparación de estas cuatro universidades permite identificar coincidencias y diferencias en la formación de periodistas sin desmeritar a ninguna institución. La selección responde a su relevancia en el país: las públicas, con tradición y alcance nacional —UCV de Caracas y LUZ del Zulia—, y las privadas, con planes más recientes —UCAB de Caracas y URBE del Zulia.

Moraima Guanipa, docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), ya había señalado en su artículo “A beneficio de inventario: legados y dilemas en la enseñanza e investigación de la comunicación en la UCV” de 2011 que la formación en comunicación en la institución arrastra tensiones entre teoría y práctica profesional en un contexto atravesado por cambios tecnológicos. Esta preocupación reapareció en 2016 en un escrito que publicó en su blog académico que retoma la urgencia de revisar la enseñanza del periodismo frente a transformaciones que hoy considera que terminaron de desbordar los modelos tradicionales de aprendizaje.

En UCAB y URBE la actualización es más frecuente, pero tiende a privilegiar lo operativo, y en algunos casos, agregando asignaturas sin tener a alguien con experiencia, lo que termina en una enseñanza fragmentada. Lo recomendable es que ambos modelos de instituciones tengan un equilibrio revisando el pensum cada cinco años, consultando con profesionales activos para no perjudicar a los estudiantes», explica la investigadora Luz Neira Parra.

Participantes de la Coordinación de Currículo de la Escuela de Comunicación Social (CDC-ECS), de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad del Zulia (LUZ), indicaron que las decisiones curriculares no solo definen contenidos, sino también jerarquías formativas: lo que se reduce o se posterga termina moldeando el perfil de egreso. Asimismo, denuncian restricciones que condicionan la ejecución de cambios —desde procesos administrativos prolongados hasta la falta de respuesta en instancias superiores—, lo que hace que muchas propuestas de actualización queden sin concretarse o pierdan continuidad dentro del sistema.

En un contexto donde el mercado laboral del periodismo venezolano ha impulsado desde hace años perfiles “toderos” —producto de un entorno profesional marcado por la diversificación de funciones y la necesidad de asumir múltiples tareas en un campo competitivo y limitado, según un análisis sobre la situación laboral del periodista en Venezuela—, tendencia que se ha intensificado con la digitalización del oficio a través de una investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que agrupa las ofertas laborales en el sector periodístico, donde se evidencia la demanda de profesionales con habilidades múltiples que integren funciones tradicionales y digitales, la pregunta clave es: ¿hasta qué punto los programas académicos preparan para ejercer con rigor crítico sin descuidar competencias técnicas?

Las respuestas de las direcciones de escuela de UCV y LUZ, a cargo de Hilayaly Valera y Margarita Sánchez, explicaron la vigencia de sus planes de estudio, sin definir plazos de actualización frente a la creciente demanda de periodistas con perfiles multifuncionales. También señalaron que la formación se desarrolla bajo condiciones de alta carga docente y estudiantil, con casos en los que un mismo profesor atiende hasta tres secciones con más de 50 estudiantes en un mismo periodo académico para poder cubrir la demanda.

La limitada disponibilidad de herramientas tecnológicas ha llevado a intentos de modernización mediante solicitudes de donaciones a egresados, con el objetivo de reactivar espacios indispensables como salas de redacción y estudios de televisión, aunque en algunos casos las iniciativas quedan solo en conversaciones. Esto ha impulsado la adopción del plan institucional de “presencialidad con uso de nuevas tecnologías”, donde plataformas como Zoom sostienen la enseñanza ante la falta de condiciones materiales, incluida la intermitencia de servicios básicos como la electricidad.

En cambio, las direcciones de escuela de UCAB y URBE, bajo la gestión de Yasmin Trak y Sheila Rincón, indicaron que operan bajo modelos predominantemente presenciales y con mayor disponibilidad de recursos tecnológicos con la intención de facilitar la integración temprana de habilidades prácticas para fortalecer la oferta académica.

El acceso a los estudios realizados tampoco es uniforme. Mariana Álvarez, egresada de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), resalta que la solicitud de revisión de los pénsums completos —con cargas horarias— revela diferencias: UCAB y URBE permiten mayor acceso, mientras que en la UCV y en LUZ restringen la información, en algunos casos solo disponible para egresados mediante pago.

Cuando este acceso es cancelado, el egresado recibe en físico los recaudos correspondientes, donde se evidencia que, aunque los profesores puedan actualizar contenidos en sus cátedras, esos cambios no están reflejados en los documentos oficiales porque legalmente se deben mantener con el plan original, por lo que Álvarez argumenta que la contratación en el país no suele interesarse por los programas de estudio, sino por la capacidad de hacer el trabajo: “Aquí no te preguntan tanto qué viste en la universidad, sino si sabes trabajar o no; porque te miden por lo que produces y ya, no hay espacio para algo más”.

Andry Carvajal, egresado de Comunicación Social en la Universidad del Zulia (LUZ), al buscar empleo en México encontró exigencias de mayor precisión sobre sus estudios por considerarlos “obsoletos” e incluso, en algunos momentos, le exigían solicitar una cédula profesional. Ante estas dificultades, terminó emprendiendo en el área de marketing, en la que no requiere este tipo de validaciones. En la UCAB y en la URBE, los graduados no se enfrentan a estos mecanismos de procesos de validación internacional debido a la actualización de sus planes de estudio.

Lo que muestran los pénsums

Aunque la enseñanza se centra en competencias teórico-prácticas —como el conocimiento del fenómeno comunicacional, la investigación y redacción, además del poco manejo de herramientas digitales—, el ejercicio también exige el dominio de habilidades blandas que se basan en trabajo colaborativo, adaptación a entornos cambiantes y gestión de información en tiempo real —competencias que muchas veces se fortalecen en experiencias como el voluntariado en distintos ámbitos—, temas que no siempre son mencionados en el aula.

“Antes el trabajo tradicional era otro: salir a la calle, buscar la primicia y competir por quién daba el tubazo. Ahora ese ambiente cambió: la información circula y uno como experto no la descubre solo, sino que la recibe, la contrasta y la amplifica. El problema está en que la academia no siempre promueve esa unión, sino que para ellos el rendimiento académico termina valiendo más que la capacidad para desenvolverse en la materia.

“A veces, veo a egresados con excelentes calificaciones que, al enfrentarse a alguien con experiencia, se debilitan en el camino. También he conocido a otros que terminan decidiendo sobre la marcha a qué dedicarse porque la versatilidad no formó parte de su aprendizaje”, comenta Reina Carreño, directora del medio digital El Vigilante.

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Esa desconexión con la realidad también reaviva la frase del comunicador social Ismael Cala: “La mayoría de los periodistas no sabe escuchar”, una afirmación que sirvió como parteaguas de lo que se venía y que el propio Cala venía planteando desde 2013, cuando posicionó la escucha como eje del ejercicio comunicacional. Ya en 2015 —año en el que el periodismo digital terminaba de consolidarse en Venezuela—, el artículo “Periodismo hiperlocal, sinergia de dos entornos”, del investigador Jesús Flores, advertía que el rol periodístico comenzaba a desplazarse hacia lo comunitario y participativo.

No fue hasta 2017 que esa creencia tomó forma en el país con el surgimiento de El Bus TV. Su fundadora, Laura Helena Castillo, lo demuestra desde la acción: “Pienso que desde la calle, la comunicación también se manifiesta. Se necesitaba crear espacios de escucha controlados, en un edificio, una escuela o en una cafetería. Ahí podemos leer y debatir sobre lo que nos afecta como ciudadanos”, una visión que desplaza la premisa de una audiencia pasiva y la ubica como un actor que selecciona, interpreta y construye memoria colectiva junto al comunicador social.

Esa forma amplia de concebir la Comunicación Social no se observa en la estructura de la experiencia académica aunque responda a vacantes básicas del mercado.

En la UCV, los estudiantes trabajan materias como Taller de Redacción, Teoría de la Comunicación, Estadística y Lenguaje Visual, que desarrollan escritura clara, investigación y análisis del contexto. Estas competencias son básicas para roles como Periodista Web presencial en Tecnología de Medios TMC, CA en Barquisimeto.

LUZ, en cambio, combina talleres de redacción y géneros periodísticos con Fotoperiodismo, Producción de Televisión, Radio y Nuevas Tecnologías de Medios Audiovisuales para trabajar en funciones de Social Media Manager.

La UCAB hace énfasis en materias como Comunicación Escrita I y II, Géneros Informativos, Producción de Contenidos para Redes Sociales, Radio y Podcast y Producción Audiovisual, que reflejan una formación orientada al periodismo multiplataforma y a la comunicación estratégica. Esta variedad de prácticas formativas coincide con el perfil de Especialista en Comunicación, que hoy buscan tanto medios de comunicación como agencias de publicidad y organizaciones privadas.

Al respecto, Katherine Rosas, profesora de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB, argumenta que el enfoque de esta institución está actualizado: “El pénsum está pensado para que el estudiante no se forme solo en impreso y audiovisual, sino para que entienda cómo laborar en distintos formatos y adaptarlos según la plataforma y audiencia. Con la cantidad de personas que aplican en las vacantes que uno encuentra en internet no tiene sentido enseñar para un solo soporte, porque, quieras o no, debes adaptarte a lo que venga”.

Por su parte, la URBE incluye materias como Redacción y Estilo Periodístico, Edición y Curación de Contenidos, Periodismo de Datos, Comunicación Corporativa, Fotografía y Producción de Televisión, que apuntan a preparar perfiles capaces de producir contenidos estratégicos para empresas. Pese a que la institución administra menciones al igual que LUZ, la periodista y decana de la Facultad de Humanidades y Educación (FHE), Marilyn Lescher, mencionó la posibilidad de replantear la denominación de Periodismo Impreso debido a su progresiva sustitución por los medios digitales, como parte de la adaptación a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

El campo laboral también incluye vacantes para Pasantes de Comunicación Social en organizaciones como la Fundación Jacinto Convit, que buscan periodistas emergentes que puedan apoyar proyectos de divulgación y comunicación corporativa.

Las diferencias entre perfiles de egreso confirman que ningún modelo cubre por completo las habilidades requeridas. De acuerdo con la opinión de distintos actores del sector comunicacional, la universidad nunca podrá igualar el ritmo del mercado porque su función no está pensada para la inmediatez, sin que ello implique una desconexión con la realidad laboral —en referencia al informe de la UNESCO (IESALC) que describe la existencia de una brecha entre la formación académica y las exigencias profesionales, debido a que los planes de estudio evolucionan más lentamente que las dinámicas de la industria— de lo contrario, desaparece el sentido del pregrado y se abre paso a la preferencia por cursos rápidos en una sociedad donde ya no basta con tener un título, sino con demostrar una particularidad que te haga elegible en segundos frente a otros con la misma base.

En ese mismo análisis, los empleadores también resaltan que en UCV y LUZ hay una responsabilidad compartida entre el abandono del Estado y las propias instituciones en las trabas que generan entre sí para impedir actualizarse. Mientras que las ofertas académicas de UCAB y URBE apuestan por la práctica desde etapas tempranas, una diferencia de enfoques que, en algunos casos, genera una competencia innecesaria entre egresados sobre quiénes recibieron mejor formación.

Lo que revela la exigencia fuera de la universidad 

Algunos estudiantes, por interés en aprender, comienzan a firmar en medios antes de llegar a pasantías. Otros, en cambio, buscan espacios distintos al ejercicio tradicional del periodismo: instituciones públicas y privadas, organizaciones humanitarias, estaciones de radio, agencias de publicidad o incluso revistas científicas vinculadas a la comunicación.

Según explican los docentes encargados del acompañamiento de pasantías, esta realidad evidencia que muchas veces la formación sigue enfocándose en los medios como principal horizonte profesional, mientras el mercado exige perfiles y experiencias más amplias.

También señalan que los informes finales de pasantías —que suelen durar alrededor de 15 semanas y, en algunos casos, son remuneradas— sirven como insumo para orientar la reforma curricular que esperan ejecutar próximamente. En ciertos casos, el estudiante consigue el espacio por cuenta propia y, en otros, recibe apoyo docente durante la búsqueda.

A pesar de años de discusión y sin una fecha definida de implementación de un nuevo plan de estudios, integrantes de la Coordinación de Currículo de la Escuela de Comunicación Social (CDC-ECS), de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad del Zulia (LUZ), recalcan que la incorporación de estudiantes, egresados y actores de distintos sectores laborales podría reactivar un proceso que no se ha concretado en un diálogo continuo.

“Al final, uno siempre termina aprendiendo por su cuenta, independientemente del lugar en el que esté. Incluso cuando el pénsum está actualizado, la rapidez con que cambia el oficio obliga a salir de la zona de confort. Es cierto que en las universidades privadas han podido renovar sus planes de estudio con mayor rapidez, mientras que en las públicas la actualización se limita a programas de materias, pero en ambos casos, la inserción laboral temprana es la que termina fortaleciendo el currículum antes de egresar, aunque el mercado no siempre remunere de forma justa la experiencia previa”, sostiene Genassir León, estudiante de Comunicación Social de la Universidad del Zulia (LUZ).-Por: Mauricio Ocando y Bryan Granado

El periodismo en Venezuela se desarrolla en un entorno con restricciones legales y condiciones que pueden incidir en el ejercicio de la profesión, en particular a través de normativas asociadas al discurso de odio y otras disposiciones que han sido objeto de debate.

En el ámbito académico, estos temas se abordan en espacios con distintos niveles de apertura: algunos más conservadores, otros más orientados al intercambio de ideas.

Esta investigación se publica considerando este contexto y la identidad de las fuentes se mantiene o se omite según lo solicitado por ellas para proteger su identidad.

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