3 razones por las que la brecha del dólar no baja en Venezuela

La brecha cambiaria en Venezuela sigue existiendo pese a las subastas oficiales, manteniendo alta la presión sobre precios y complicando la planificación financiera

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La brecha cambiaria entre la tasa del dólar BCV y la tasa de los mercados paralelos sigue siendo una realidad que atormenta a los empresarios en Venezuela. Esta brecha que ya acumula años, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la planificación financiera y en un factor que alimenta presiones inflacionarias, impactando directamente el poder adquisitivo de los venezolanos.

Entre enero y febrero ingresaron alrededor de 800 millones de dólares, más una transferencia adicional cercana a 300 millones. Estos recursos, provenientes de exportaciones petroleras, se canalizan mediante mecanismos supervisados por el Tesoro estadounidense y luego se subastan en bancos privados autorizados.

Para el economista Luis Vicente León, en términos agregados, la disponibilidad no luce insuficiente. Sin embargo, la tasa ha mostrado volatilidad y la brecha se mantiene elevada.

¿Por qué ocurre esto? Para León el problema viene de tres vías:

1. Acceso discrecional y poca previsibilidad operativa

El primer problema está en la dinámica de funcionamiento del sistema.

«Las subastas incorporan criterios de jerarquía, prioridades sectoriales y necesidades específicas. Aunque estos mecanismos pueden tener lógica económica, no permiten un acceso automático ni una planificación empresarial predecible», señala Luis Vicente León.

Esto lleva a que las empresas no siempre puedan comprar divisas cuando las necesitan, incluso si formalmente el sistema está activo. «Esa fricción genera presión sobre otros mercados y alimenta la brecha».

2. Flujos externos sin calendario claro

El segundo problema para León es más estructural. «Los flujos de divisas no llegan bajo un esquema regular, programable y transparente. No existe un calendario que permita anticipar la magnitud ni el momento de cada colocación, ni para los compradores ni para el Banco Central».

Para el economista, esta falta de previsibilidad introduce volatilidad. Aunque los montos acumulados puedan parecer suficientes, la incertidumbre sobre cuándo estarán disponibles impacta las expectativas del mercado.

3. Incertidumbre política que contamina las expectativas

En Venezuela existe la percepción de que el ritmo de los desembolsos puede estar vinculado a dinámicas políticas externas. «Cuando la economía percibe que el flujo de divisas puede convertirse en un mecanismo de presión o negociación, la política contamina la formación de expectativas», señala León.

En una economía altamente dolarizada, la confianza es determinante. Si los agentes creen que el flujo puede retrasarse o interrumpirse, incorporan una prima de riesgo en sus decisiones y esa conducta sostiene la presión sobre el tipo de cambio paralelo y mantiene la brecha elevada, según los especialistas.

Más que volumen, es confianza

La conclusión es que el problema no se reduce a cuánto dinero entra al mercado.

«La brecha cambiaria responde a una combinación de asignación discrecional, falta de previsibilidad en los flujos y una variable geopolítica que introduce ruido permanente. Mientras esa mezcla persista, la convergencia sostenida hacia niveles más bajos —cercanos al objetivo de 10% que aspiran las autoridades— luce difícil», señala León.

dólares BCV brecha cambiaria
2. Un menor flujo de divisas, lo cual se genera una menor oferta de dólares

La brecha cambiaria sí puede extinguirse en 2026

Cerrar el diferencial cambiario en el país e incluso hacer que desaparezca puede ser una realidad en el corto plazo. Si se toman las medidas correctas, el economista Jesús Palacios ve muy factible que ocurra este mismo año.

“Creo que es posible un aumento del flujo de divisas si estimamos un incremento de producción petrolera de 20%, así como una mejora en los precios de entre el 10% y el 15%, por la reducción del descuento con el que se vendía el petróleo. Esto combinado puede mejorar en un 70% el flujo de divisas”, apunta Palacios.

Con estas proyecciones, estaríamos hablando de 9 mil millones de dólares este año que se necesitarían para cerrar por completo la brecha cambiaria. Algo que resulta factible para el economista y que además implicaría volver a un periodo como el vivido entre 2021 y 2023, en el cual el mercado cambiario se mantuvo estable y en el que hasta los actores privados también vendieron dólares en el sector formal.

Sin embargo, Oliveros apunta que para que las subastas tengan un impacto real, no basta con inyectar dólares; es necesario que la tasa oficial refleje el precio efectivo del mercado y las subastas, generando confianza y previsibilidad. Mientras esto no ocurra, la brecha seguirá siendo un factor de distorsión en la economía venezolana, afectando la inflación y la estabilidad general del mercado cambiario.

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