Opinión

El gran error de América Latina: dejar a un lado la exploración en petróleo y gas

Que todos los campos declinan es una verdad ineludible en la industria petrolera. De ahí la importancia de la exploración | Por: Jorge Miroslav Jara Salas, ingeniero petrolero

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Cuando se habla del futuro energético de América Latina, la conversación suele centrarse en la producción. Cuántos barriles produce un país, cuánto gas exporta o cuánto han aumentado sus reservas. Sin embargo, existe un indicador mucho más importante y menos visible: la exploración.

Porque en la industria petrolera hay una realidad ineludible. Todos los campos declinan.

Todos.

A medida que el petróleo y el gas son extraídos, disminuye la presión natural de los yacimientos y la producción comienza a reducirse progresivamente. No es una falla operativa ni una mala noticia. Es simplemente la naturaleza de la industria.

Por esa razón, los países energéticamente exitosos no solo producen. También exploran de manera permanente. La exploración es el mecanismo que permite reemplazar las reservas que se consumen cada año. Es la forma de garantizar que las futuras generaciones dispongan de recursos para seguir produciendo energía, generando empleo y sosteniendo el crecimiento económico.

Lamentablemente, América Latina ha comenzado a olvidar esta lección.

Durante las últimas décadas, varios países de la región han reducido sus esfuerzos exploratorios por razones políticas, regulatorias, económicas o ambientales. Los efectos de esas decisiones están comenzando a hacerse visibles.

Perú es un ejemplo ilustrativo. Durante años fue reduciendo su actividad exploratoria mientras aumentaba su dependencia de hidrocarburos importados. Hoy enfrenta el desafío de mantener la seguridad energética en un contexto donde las nuevas reservas no crecen al mismo ritmo que la demanda.

Bolivia atraviesa una situación aún más evidente. Después de décadas como potencia gasífera regional, la falta de nuevos descubrimientos relevantes ha provocado una disminución sostenida de reservas y de su capacidad exportadora. El país que durante años abasteció de gas a gran parte de la región enfrenta ahora la necesidad de replantear su estrategia energética.

Colombia también observa con preocupación el comportamiento de sus reservas. Aunque mantiene una industria técnicamente sólida y altamente profesional, el debate sobre la exploración de nuevos recursos ha generado incertidumbre sobre la capacidad de reemplazar las reservas consumidas en los próximos años.

Lo más preocupante es que estos problemas no aparecen de un día para otro.

La exploración petrolera funciona en horizontes de largo plazo. Entre un descubrimiento y la producción comercial pueden transcurrir diez años o más. Por eso, cuando un país deja de explorar, las consecuencias suelen aparecer mucho después, cuando ya es difícil corregir el rumbo rápidamente.

La energía exige visión de largo plazo. Y allí es donde Venezuela tiene una oportunidad única.

Con frecuencia se habla de la Faja Petrolífera del Orinoco y de sus enormes recursos, pero el potencial energético venezolano va mucho más allá. El país cuenta con oportunidades en el norte de Monagas, en las cuencas occidentales, en los Llanos y en importantes áreas costa afuera que aún ofrecen perspectivas de desarrollo.

La Faja representa una ventaja extraordinaria, pero ninguna nación energética debería depender exclusivamente de una sola provincia productora.

Explorar no significa únicamente buscar nuevos descubrimientos. También implica ampliar el conocimiento geológico, incorporar nuevas tecnologías y aumentar los factores de recuperación de los campos existentes.

De hecho, uno de los grandes desafíos de la industria moderna consiste en producir más petróleo a partir de los mismos yacimientos. En muchos campos del mundo los factores de recuperación apenas alcanzan entre 10% y 30% del petróleo originalmente presente. Cada punto adicional que se logra recuperar representa millones de barriles que anteriormente se consideraban inaccesibles.

Por eso, cuando hablamos de reservas, no solo debemos pensar en lo que ya conocemos, sino en lo que todavía podemos descubrir y desarrollar.

La verdadera seguridad energética no se construye sobre la producción actual. Se construye sobre la capacidad de reemplazar continuamente las reservas que se consumen.

Los países que entienden esta realidad convierten la exploración en una política de Estado. Los que la descuidan terminan enfrentando, tarde o temprano, una reducción de su producción, mayores importaciones energéticas y una pérdida de competitividad.

La historia reciente de América Latina ofrece suficientes ejemplos para aprender la lección.

La peor noticia para un país petrolero no es producir mucho, es dejar de encontrar nuevas reservas. -Por: Jorge Miroslav Jara Salas – Ingeniero petrolero

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