Opinión

La “dieta” de las refinerías y el gran error energético de los últimos años

Los crudos pesados siguen siendo fundamentales en el mercado y hasta las refinerías más modernas del mundo los necesitan | Por: Jorge Miroslav Jara Salas, ingeniero petrolero

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Foto: Archivo

Cada enero, millones de personas hablan de dietas, hábitos y equilibrio. Curiosamente, en la industria petrolera también existe algo parecido a una dieta. Y entenderla ayuda a explicar muchos de los problemas energéticos que vive hoy el mundo.

En refinación existe un concepto llamado Crude Slate, conocido informalmente como la “dieta” de una refinería. Básicamente, es la mezcla específica de crudos que cada instalación necesita para operar correctamente y producir derivados de manera eficiente.

Porque no todo el petróleo sirve para todo.

Ese es uno de los errores más comunes fuera de la industria: pensar que el petróleo es un producto homogéneo. No lo es. Hay crudos livianos, medianos, pesados y extrapesados, cada uno con características distintas y con funciones diferentes dentro del sistema energético global.

Y las refinerías también son distintas.

Muchas fueron diseñadas durante décadas para procesar mezclas pesadas provenientes de países como Venezuela, México o Canadá. Otras trabajan mejor con crudos más livianos. Pero todas necesitan equilibrio.

La refinación, en realidad, es un ejercicio permanente de balance.

El petróleo también se mezcla

En la industria petrolera existe otro concepto fundamental: el blending. Es decir, mezclar distintos tipos de crudo para crear una corriente estable y compatible con las unidades de refinación.

En Venezuela, por ejemplo, uno de los blends más conocidos es el Merey 16. No es solo un nombre comercial. Es prácticamente una identidad energética reconocida en refinerías alrededor del mundo.

Cada refinería sabe exactamente qué esperar cuando recibe ese blend: viscosidad, contenido de azufre, comportamiento operativo y rendimiento industrial.

Eso demuestra algo importante: el valor del petróleo no está únicamente en extraerlo, sino en saber integrarlo dentro de la dieta correcta.

El gran cambio del mercado energético

Durante años, el discurso energético favoreció los crudos livianos y trató al crudo pesado y extrapesado como un problema ambiental, operativo o económico. Sin embargo, el mercado terminó demostrando algo distinto.

Hoy muchas de las refinerías más complejas y modernas del mundo necesitan crudos pesados para maximizar productos industriales estratégicos: asfalto, coque, fuel oil marítimo, fertilizantes, petroquímica. Es decir, productos que siguen siendo indispensables incluso en escenarios de transición energética.

Porque el mundo consumirá menos gasolina en algunas décadas. Pero seguirá necesitando carreteras, acero, cemento, agricultura y transporte marítimo. Ahí es donde el crudo pesado mantiene un valor estratégico enorme.

El shale oil necesita equilibrio

Existe además una contradicción poco discutida. Países como Estados Unidos y Argentina incrementaron fuertemente su producción de shale oil, que en muchos casos es un crudo ultraliviano. Pero esos crudos, por sí solos, no siempre encajan en la dieta ideal de muchas refinerías. Por eso necesitan mezclarse con crudos más pesados que permitan generar balances técnicamente aceptables.

Paradójicamente, mientras parte del debate público planteaba dejar atrás el petróleo pesado, muchas refinerías seguían necesitándolo para operar eficientemente.

La transición energética requería planificación

Desde mi perspectiva, uno de los grandes errores energéticos de la última década fue pensar la transición únicamente desde la producción y no desde la infraestructura. La discusión se concentró en reducir emisiones, pero no siempre en adaptar refinerías, logística y capacidad de procesamiento a la nueva realidad del mercado.

Y el resultado fue un sistema más vulnerable.

La energía no funciona por consignas. Funciona por equilibrio técnico, económico y operativo. Cuando ese equilibrio se rompe, aparecen inflación, escasez, volatilidad y dependencia energética.

La energía del futuro también será industrial

Existe una narrativa que presenta el futuro energético como un escenario completamente desconectado del petróleo. Personalmente, creo que esa visión simplifica demasiado la realidad.

En petroquímica todavía no existen sustitutos masivos para múltiples derivados del petróleo. Y mientras el mundo siga necesitando infraestructura, fertilizantes, materiales industriales y transporte marítimo, los crudos pesados seguirán teniendo un rol estratégico.

Por eso, más que preguntarnos cuánto petróleo consumiremos en el futuro, quizá la verdadera pregunta sea: ¿sabremos utilizarlo de manera más inteligente? —Jorge Miroslav Jara Salas

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