Veronica Ettedgui, el autorretrato como vanguardia
Autorretrarse para contar una parte de la historia del que se queda es lo que identifica el trabajo de Verónica Ettedgui. Aquí habla del origen de su propuesta, que surge de la reflexión y el silencio frente al lente de la cámara
Veronica Ettedgui es una creadora de esas que no tiene tamaño para expresar muchas cosas dentro del autorretrato, que para mí, es una de las composiciones más terapéuticas que tiene la fotografía. Su obra me cautiva. Como espectador, puedo decir que es impecable, pero va más allá de los que yo pueda ver. Ella tiene mucho que decir de su trabajo. Quise saber un poco más de lo que la mueve y esto fue lo que respondió.
—El autorretrato, ¿qué te ha motivado a desarrollarlo como tu punto de ancla en tu temática actual?
—Curiosamente, en este proyecto, el proceso fue al revés. Haciendo unos cursos intensivos de retratos en el International Center of Photography, me arriesgué a tomar uno que era de autorretrato contemporáneo. Sin darme cuenta, comenzó a salir este proyecto: «Avísame que llegaste. Venezuela: éxodo de mi gente». Se ve que el tema migratorio lo llevaba a flor de piel y cuando me enfrenté a la cámara desde el otro lado -que no fue nada fácil-, empezó a salir todo esto que llevaba dentro y que hoy puedo ver que estaba a flor de piel. No debe ser casualidad que, estando del otro lado de la cámara, salió este enfoque de la migración que normalmente no se muestra, y que somos quienes nos quedamos.
—¿Verónica tiene algo que decir más allá del autorretrato?
—Yo vengo del mundo del diseño y de la ilustración, y digamos que esta faceta de fotógrafa y artista es relativamente nueva, al menos esa parte de decirlo en voz alta y creértelo. Sigo descubriendo maneras de contar las cosas a través del lente. Me encanta la fotografía de calle, pero me intimida. Me gusta mostrar los temas que me llaman de una manera diferente. Disfruto el documentalismo de autor. Nunca me imaginé hacer autorretratos, mucho menos un proyecto basado en eso. Hay una confrontación entre la autocrítica y la libertad de hacer contigo misma lo que seguramente no harías con un modelo. En “Avísame que llegaste” se sintió fluido que fueran autorretratos porque si bien el tema migratorio es un tema demasiado conocido por todos los venezolanos, en este caso es mi historia personal y me di el permiso de ser totalmente vulnerable, física y emocionalmente.
—¿Qué hay de tus maestros en tu obra? ¿Consideras que son parte de tu registro?
—¡Absolutamente! Hay tres grandes que han sido punto de partida e inspiración en mi trabajo: Zanele Muholi, Cindy Sherman y Tomoko Sawada. Hay muchos otros fotógrafos admirados, pero estas tres mujeres han sido pilares fundamentales en mi trabajo.
—Tu yo más importantes son tus emociones, ¿con cuál de ellas permaneces más?
—Voy a responderte hablando puntualmente de “Avísame que llegaste”. Cuando explico el trabajo, hablo del tránsito emocional de quienes nos quedamos. He descubierto que ese tránsito me ha llevado a reconocer la tristeza, la soledad, la vulnerabilidad, la rabia, la asfixia entre otras emociones. Y hace que reconozca la esperanza y la lucha. Pero sin duda, si alguna emoción ha permanecido a lo largo del trabajo, ha sido la tristeza y la frustración. Creo que cuando conecto con alguno de los objetos que uso, o cuando leo algunas de las respuestas que me han dado mis entrevistados, conecto inmediatamente con algunas de estas emociones. Cuando me enfrento con algo que me bloquea, que no me deja fluir con lo que quiero transmitir, recurro a la música. Hay unas canciones de Venezuela que inmediatamente me desarman.
—¿Verónica es una incomprendida?
—Confieso que cuando leí esta pregunta, me pusiste a pensar. Yo no diría que incomprendida, yo diría que he sido muy silente.
—Un consejo para las jóvenes mujeres que quieren ser fotógrafas.
—Primero que nada, que las necesitamos. La mirada, el enfoque y la manera de contar femenina es muy diferente a la masculina, como en casi todo. Creo que estamos en un momento “de lucha” en la que queremos tener más visibilidad de la que hemos recibido y estamos defendiendo y conquistando espacios. Así que agarren la cámara y dejen huella.
Avísame que llegaste. Venezuela: éxodo de mi gente es un proyecto que explora la migración venezolana desde una perspectiva íntima y personal. Este trabajo es un retrato de las ausencias migratorias desde la casa: una historia de vínculos rotos y de rutinas interrumpidas.
El proyecto está compuesto por dos series de autorretratos. La serie de fondo negro es una reflexión metafórica sobre quienes permanecen dentro de las fronteras en casas cada vez más vacías. En cada imagen se establece un vínculo entre un objeto y una emoción, pone la lupa en las distintas manifestaciones del duelo mientras nuestra cotidianidad se tambalea, pues la migración no la vive únicamente quien se va; también los que nos quedamos llevamos una ausencia permanente.
La serie de fondo blanco continúa esa exploración desde otro ángulo: retrata a 130 personas cercanas a mí que dejaron el país entre 1999 y 2025. En ellos se revelan sus razones para irse, cambios de vida, anécdotas y reflexiones sobre su posible regreso. La elección del formato cuadrado y fondo blanco, semejante a una foto pasaporte, crea un archivo tipológico que registra no solo rostros, sino también gestos, estilos y emociones.
Ambas series conforman un testimonio visual y emocional de una de las migraciones más significativas de nuestro tiempo. Es, al mismo tiempo, mi archivo personal como venezolana y un espejo de la memoria colectiva de un país en éxodo.