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Episodio 703: Game of Thrones y la diplomacia con veneno

El tercer episodio de la tercera temporada mostró la importancia de los buenos diálogos, en una historia que se regodea menos en las grandes batallas. Esas siguen por venir

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Game of Thrones se entrega a la diplomacia y la estrategia, más que a la guerra. Y sin tantos desnudos. El tercer episodio de la séptima temporada mostró los diálogos de poder en varios escenarios, con premios, castigos, incentivos, amenazas y hasta burlas. Conversaciones que dicen más que sus propias palabras. Y los combates, pues aún en modo ahorrativo.
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Toda la acción se concentra en los tres protagonistas del momento, las tres cabezas portadoras de corona: Cersei en King’s Landing, y Daenerys Targaryen con Jon Snow al sur, en Dragonstone. La primera hace gala de lo aprendido de su padre y de sus derrotas, mostrándose como quizá la estratega política de mayor tino en los acontecimientos de la serie esta temporada.
Lo que apenas hace dos capítulos atrás comenzó con pocos aliados, baja moral, arcas vacías y problemas intestinos, hoy se muestra en la ofensiva, abarcando más espacios, convenciendo a los incrédulos, reafirmando capacidades. Cersei despunta como política: logró el apoyo de la casa Tarly, dejando a los Tyrrell con pocas espadas, convenció al Iron Bank de Braavos de apostar –y financiar– a su causa, se aseguró un convenio a largo plazo con Euron Greyjoy y su inmensa flota marina y además se permitió incluso mostrarse como amante de su hermano. Es la que todo lo puede. Y aún nadie ha visto que tiene cómo herir a los dragones (al menos a uno lo van a matar, seguro)
Quizá haya que preguntarse, como lo hace Todd VanDerWerff, si la reina Lannister no es la mujer indicada para triunfar en la guerra con los vivos y hacer frente a la que habrá con los muertos. Después de todo, ha sabido lidiar con todos sus enemigos en un mundo donde la supervivencia y el control del poder son más valiosos que las correcciones éticas o políticas. Razón tiene su hermano, una vez aque su mundo se configure pocos se ocuparán de evaluar cómo se llegó hasta allí. La constituyente va.
Ahora Cersei tiene la mayor flota del continente, controla mayor cantidad de recursos y le ha propinado a su contrincante y retadora rubia dos sendas derrotas militares, poniendo en duda incluso las capacidades de estratega de su hermano Tyrion –Darnerys lo cuestionará por ello en la siguiente entrega.
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Entretanto, la madre de dragones se aferra a su derecho innato de reinar Westeros, por designio histórico. Pero, como lo asomó Jon Snow, si no necesariamente es heredera de los pecados de su padre, quién dice que sí lo es de sus derechos monárquicos.
Sus tres dragones son la ventaja más grande que tiene la nacida en Dragonstone, pero aún no sabe cómo usarlos sin chamuscar a todo un pueblo, y con cada minuto que pasa se va quedando sin pie de fuerza y sin éxitos que mostrar para alentar a los suyos o a terceros, como bien apuntó Cersei: “es una revolucionaria nada más”. Ella lo sabe: «Estoy perdiendo», dirá en la siguiente entrega, en singular, desde el yo.
Y Jon Snow anda en otro mundo. Mirando más allá del Muro, pensando en la guerra por venir. Pareciendo un predicador de domingo que anuncia que el final está cerca. Obsesionado por lo que solo él ha podido ver. Priorizando lo importante por encima de lo urgente, y consiguiendo su Dragonglass no gracias a la labia que tanto le funciona en el Norte, sino por su afinidad con Tyrion, el negociador, un Rodríguez Zapatero pero con resultados. Hoy por ti, mañana por mí.
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El tercer episodio fue un banquete de diálogos. Las palabras entre Melisandre y Varys lo desequilibraron, ella sabe cómo morirán ambos. El intercambio entre Euron Greyjoy y Jaime Lannister fue de púgiles sin puños, con el primero pegando fuerte, un rockstar. El de Petyr Baelish y Sansa, revelador, con ella al mando y él develando la clave de su éxito. El de Jon y Daenerys, menos elegante pero igual de tenso, y eso que no se saben tía y sobrino, ni es público que el Rey del Norte revivió de entre los muertos –a Varys ningún pajarito se lo dijo, ¿o sí?
Pero quizá el más logrado fue el de Olenna Tyrell y Jaime Lannister, quien luce mejor en la estrategia militar que en la verbal. La confesión de la decana fue su gran victoria.
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Aquí el adelanto del cuarto episodio de la séptima temporada:

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