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Freddy Guevara: Guaidó seguirá como presidente porque el 6D será un fraude

El diputado opositor Freddy Guevara argumenta que la actual Asamblea Nacional (congreso) deberá mantenerse en funciones más allá del 5 de enero (cuando vence su período) porque la elección legislativa convocada por el chavismo para este 6 de diciembre es un fraude. Lo que Maduro pretende "es deslegitimarnos a nosotros", pero el parlamento actual y la presidencia interina deben seguir hasta tanto haya una nueva elección, dice este dirigente de Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López y Juan Guaidó.

Freddy Guevara: Guaidó seguirá como presidente porque el 6D será un fraude

El diputado opositor Freddy Guevara examina en esta entrevista los escenarios en la arena política venezolana de cara a un evento electoral convocado por Nicolás Maduro para este 6 de diciembre y el 5 de enero, cuando se debería instalar un nuevo poder legislativo. El chavismo pretende escoger de manera fraudulenta otra Asamblea Nacional (congreso) para quitarse de encima a Juan Guaidó, reconocido como presidente interino por unos 60 países.

Como esa supuesta elección será fraudulenta debe seguir en funciones el actual parlamento hasta tanto haya elecciones libres y democráticas, afirma Guevara al desglosar la tesis de una parte de la dividida oposición política venezolana.

«Aquí lo que está realmente en juego no es la legitimidad de Maduro. Maduro sabe que está deslegitimado. Maduro está haciendo esta movida para deslegitimarnos a nosotros y concretamente para darle una excusa a Europa, particularmente a España, para que a partir del 5 de enero entre en cuestionamiento la legitimidad del actual parlamento y de la presidencia interina de Juan Guaidó. Esa es la jugada», dice.

En esta entrevista, pocos días después de haber salido de la embajada de Chile en Caracas, donde estuvo recluido tres años para evitar ser encarcelado por el régimen chavista, Guevara analiza los difíciles escenarios de Venezuela en la encrucijada actual.

Prevé que se reordenen las filas opositoras, pero también más inestabilidad después del 5 de enero. Advierte que algunos actores internacionales, especialmente en Europa y en España, parecen dispuestos a tolerar y aprovechar que Venezuela se convierta en otra Cuba, con inversiones externas, pese a las constantes violaciones de los derechos humanos.

La calle no es la misma

«Nos toca un momento muy complejo porque es mezclar el realismo con la esperanza», dice.

Cuando salió de la escena política visible, Venezuela acababa de salir de medio año de agitación política en las calles, con una serie de protestas masivas, marchas y concentraciones que fueron reprimidas a sangre y fuego por fuerzas militares, policiales y civiles armados  al mando de Nicolás Maduro.

Freddy Guevara en los turbulentos días de abril de 2017, cuando protestas masivas pusieron en jaque al gobierno de Nicolás Maduro (Foto: Juan Barreto AFP). 

Según las denuncias de ONG’s defensoras de los derechos humanos y de la entonces fiscal general chavista, Luis Ortega Díaz, más de un centenar de manifestantes fueron asesinados en las protestas. La mayoría eran jóvenes estudiantes universitarios, abatidos con disparos al torso o a la cabeza. Hoy, en Venezuela reina una «pax» a la fuerza, impuesta por las armas, por el colapso de la economía y por la pandemia del nuevo coronavirus, que ayuda al control social por parte del régimen.

¿Hay gente todavía negociando con Maduro lo que está ocurriendo ahora? 

«El problema no es que Maduro no quiere negociar, el problema es que Maduro no quiere negociar su salida. Porque una negociación claro que está dispuesta a hacerla. Pero Nicolás Maduro está dispuesto a negociar con nosotros las condiciones de nuestra cárcel y cuando digo cárcel, no me refiero solamente al hecho de los que teníamos nuestra libertad privada, sino la de todos los venezolanos. Porque mientras exista una dictadura, todos los venezolanos estamos en libertad condicional. Entonces, aquí el tema está en que Maduro siempre ha estado dispuesto a negociar, por supuesto que sí, pero negociar cómo ellos mantenerse en el poder.

La transacción es: “yo te doy lo que tú quieras, exceptuando condiciones que permitan que yo salga del poder”. 

Entonces, el problema de fondo es que Maduro no está dispuesto a salir del poder. Porque si él estuviese dispuesto, entonces la discusión sería las condiciones. Bueno, ojalá el problema fuera ese. Nicolás Maduro cree que, con todo lo que está pasando, él puede ganar. Es una cosa absurda. No tiene lógica ni sentido y con ello solo va a aumentar el sufrimiento».  

«Hoy, lamentablemente, quienes pactaron con Maduro, en este caso Henrique Capriles, lo hizo bajo una visión que yo creo que es muy lamentable porque le está dando herramientas a Nicolás Maduro para alcanzar su plan».

«Y esas conversaciones que ocurrieron y que siguen ocurriendo, yo soy de los que creen que hay un escenario muy probable en el que ni siquiera le cumplan a Henrique y va a terminar retirándose también del proceso porque es que ya Maduro obtuvo de Capriles lo que quiso: que era generar esta sensación de división. Nos puso en estos meses a concentrarnos en lugar de una ofensiva política para sustituir a la dictadura, a primero hacer la discusión interna del liderazgo que es lo que al final plantea Henrique Capriles». 

«Ese objetivo, lamentablemente, Nicolás Maduro lo logró. Enrique pactó y se prestó para ello, eso nos va a hacer perder el tiempo, pero no tengo ninguna duda de que al final de cuentas, la tesis política, el liderazgo político, la coalición política, la ruta estratégica que ha planteado Juan Guaidó va a ser la que prevalecerá y el medio de todo este maremágnum, más temprano que tarde, vamos a llegar a una transición en Venezuela», afirma Guevara. 

¿Cuál ha sido su impresión del movimiento político en su salida a la calle? ¿Cómo encuentra a Venezuela después de tres años recluido?

«Muy cambiada. Obviamente el hecho de haber tenido el teléfono y que durante un período me pudieron visitar mis compañeros del partido y del parlamento me permitía tener algún tipo de información y de percepción sobre eso. Pero en efecto la visión que uno tiene no es la misma que cuando estás en el exilio o cuando estás en la calle. Sí genera mucha impresión. Sobre todo, hay un nivel de conciencia diferente sobre lo que estamos viviendo», afirma.

«Yo noto más miedo. Sí noto mucho miedo en el venezolano. Hay como un estado de indefensión tal en el que todo el mundo asume como un hecho que en cualquier momento te van a meter preso, que en cualquier momento te agarra un punto de control de las fuerzas especiales de la dictadura, el FAES» (Fuerza de Acciones Especiales, de la Policía Nacional, acusada de centenares de asesinatos sistemáticos extrajudiciales y torturas).

La alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, la ex presidenta socialista chilena Michelle Bachelet ha endosado esas denuncias y pide la disolución de este cuerpo policial que es respaldado públicamente por Maduro.

«Todo el mundo ya asume que vive en dictadura, pero en dictadura dictadura. Es decir, nadie tiene la ilusión del estado de derecho. Pero al mismo tiempo, también noto que hay un mayor nivel de templanza y compromiso. Los que decidieron quedarse se cuidan, están claros de lo que están enfrentando y están dispuestos a asumir en gran medida los riesgos que eso conlleva. Lo cual es de alguna forma una gran vacuna que tenemos para impedir que esto se convierta en una segunda Cuba», agrega.

¿Cómo es para ustedes mantener el activismo político en Venezuela? ¿Cómo impiden que se desaliente la militancia, la gente?

Concuerda en que los partidos políticos están desestructurados, con sus principales líderes en la clandestinidad, el exilio o inhabilitados; con una militancia dispersa y buena parte de los cuadros jóvenes en el exterior. En un país con una severa crisis energética, no hay gasolina ni transporte para movilizar a los dirigentes, ni menos para agrupar manifestantes. Además, empresas privadas que donan recursos a las organizaciones democráticas suelen ser perseguidas por organismos fiscales y de inteligencia.

«En efecto eso es lo que está pasando. Tal vez habría que agregarle ahora el tema de la pandemia, que por cierto aquí a la gente le da mucho miedo contagiarse porque sabe que no hay ni un solo respirador (en los hospitales). Y adicionalmente, pudiera agregar el tema de las consecuencias o repercusiones que han vivido la población y la dirigencia cuando se han enfrentado a la dictadura han sido muy brutales. Cientos de muertos, centenares de presos políticos».

«Bajo ese contexto nos toca un momento muy complejo porque es mezclar el realismo con la esperanza».

«Es decir, nosotros tenemos que pasar de un discurso a una narrativa. Tenemos que pasar de una lógica de campaña a una lógica más de guerra, sin que quiera decir que estamos hablando de violencia. Explico las diferencias entre una y otra».

 

El diputado opositor Freddy Guevara, del partido Voluntad Popular, examina los escenarios en la arena política venezolana de cara a un evento electoral convocado por Nicolás Maduro para este 6 de diciembre.

En las democracias, así sean imperfectas, así sean autocracias electorales, tienes tiempos previsibles, dice al recordar que en épocas de Hugo Chávez o incluso con el propio Maduro «antes de que terminase de destruirlo todo» podían plantearse tiempos en la política venezolana.

«Tenías la capacidad de planificarte en torno a hitos políticos o electorales y eso te daba cierta certeza. Tú podías, incluso, movilizar en torno a los famosos “ahora o nunca”. Todo es ahora… La batalla… Pero cuando ya Nicolás Maduro termina de quebrar el último vestigio de temporalidad o previsibilidad, que es cuando ya comienza a desconocer a la Asamblea Nacional y los magistrados que él controla usurpan los poderes del parlamento, decretan todas las locuras que decretaron, eliminan el revocatorio (consulta para decidir sobre la continuidad de la presidencia) sin razón y montan el fraude constituyente, ya ahí se nos pierden a nosotros las fechas y la capacidad de planificar y movilizar, lo que implica organización, pero también esperanza».

«Con fechas límites, tú puedes decir: “bueno, el 2015 era el año clave para la salida de Maduro”, o “el 2018 con la presidencial”, que fue como el último intento que tuvimos de algo así. Cuando eso no se da, tu lógica no es tanto de campaña porque una campaña tiene inicio y fin. Ya sea campaña electoral o de lucha no violenta, es eso, al final son campañas.

«Tienes un inicio, un nudo y un desenlace. Esta es una lógica de guerra, de resistencia, en la que arrancas y tú no sabes cuándo terminas. Entonces, bajo esa perspectiva que es diferente, nos toca a nosotros garantizar las herramientas necesarias para que la gente pueda pelear todo lo que haga falta y hasta el tiempo que haga falta».

¿Cómo lo garantizan?

«Es muy difícil, pero yo lo pudiera reducir en los siguientes elementos. Primero hay un tema que es muy complicado, que es lo físico, lo humano. Estamos hablando de que, por ejemplo, los parlamentarios en Venezuela ninguno cobra, no nos pagan desde el año 2016. Ahorita, afortunadamente, se logró aprobar el fondo de liberación, que comparte los recursos congelados, y son los mismos recursos que se están utilizando para pagarle a los médicos, con eso se nos va a subsanar dos años de lo que se nos debe. Pero te hablo de ese nivel porque estamos hablando de los diputados.

«Imagínate si ese es el malestar que pasa un diputado, entonces qué es lo que no pasa con el último dirigente de la parroquia más pequeña de Venezuela. El dirigente también sufre todos estos asuntos. Y ahí hay un tema que es un reto para nosotros bien importante, y es cómo garantizamos al menos que la gente pueda vivir. Pero no solo de pan vive el hombre, la gente tiene que tener esperanza y la esperanza está muy condicionada por cuál es la lógica de la lucha que vamos a enfrentar».

Según analistas políticos, la elección del 6 de diciembre, cuando será electa una nueva Asamblea Nacional podría agravar la crisis venezolana lejos de resolverla, aunque le dará a Maduro más espacio para imponer su hegemonía política e intentar buscar reconocimiento internacional.

El gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias solo está buscando una excusa «para salir del aprieto de haber apoyado la Constitución venezolana», cuando reconoció a Juan Guaidó como presidente interino, argumenta.

Esa presidencia no es un invento de Trump, como pretende «la izquierda caviar» europea, sino que está en la Constitución venezolana, en el Artículo 233, que reza que si no hay elecciones presidenciales asume el presidente del parlamento, y no las hubo porque fueron fraudulentas.

Maduro se reeligió en mayo de 2018 en unas elecciones convocadas a destiempo por la Asamblea Constituyente (un cuerpo para legislativo creado por el propio Maduro con poderes «soberanos y originarios», que le permite gobernar por decreto).

Ahora está claro que el heredero de Hugo Chávez seguirá a toda costa con sus planes de organizar unas elecciones el 6 de diciembre aunque  no sean reconocidas por las democracias occidentales.


Los principales partidos políticos y sus líderes históricos tuvieron prohibido participar en esos comicios adelantados, no hubo observación internacional y el chavismo uso de forma evidente todos los recursos y medios de comunicación del Estado para la campaña electoral de Maduro.

«Nuestra jurisprudencia dice claramente que el cargo sigue. Es absolutamente lógico que si no hay una elección porque hay un fraude, el Parlamento debe seguir hasta que haya una nueva elección.  Pero me temo que  puedan existir algunas figuras que quieran aprovechar esto como una oportunidad para salirse de una posición incómoda», dice Guevara.

Los diputados Freddy Guevara y Gilber Caro en la calle el 9 de septiembre de 2020, tras una medida de «indulto presidencial» negociada con Maduro por el opositor Henrique Capriles a cambio del respaldo al evento del 6 de diciembre. (Foto: Federico Parra)