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Bolivia está a punto de dar un giro a la derecha

Este domingo 17 de agosto hay elecciones presidenciales en Bolivia y de momento las proyecciones apuntan a que tras dos décadas con el Movimiento Al Socialismo -de Evo Morales- en el poder, la gente quiere un cambio

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afp
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Sumidos en una profunda crisis económica, los bolivianos se aprestan a dar un giro radical hacia la derecha en la elección presidencial de este domingo 17 de agosto, después de 20 años de dominio del Movimiento Al Socialismo (MAS) que lideró Evo Morales.

Este país de 11,3 millones de habitantes, con fuerte influencia indígena y rico en litio, acude a las urnas hastiado por la falta de dólares, combustible y algunos alimentos.

La inflación acumulada del último año ronda el 25%, la más alta al menos desde 2008. La mayoría culpa de la debacle al impopular gobierno de Luis Arce, quien desistió de buscar la reelección.

«Nuestra situación está realmente (…) por los suelos. Nuestra moneda se ha devaluado, los sueldos no alcanzan, todo está carísimo», dice a la AFP Freddy Millán, un ingeniero de 53 años que vive en la ciudad de Santa Cruz.

Una «gran mayoría quiere el cambio porque está cansada de esta política del socialismo», añade.

El millonario Samuel Doria Medina, de 66 años, y el expresidente Jorge Quiroga, de 65, encabezan la intención de voto entre los ocho aspirantes y se verían en una segunda vuelta el 19 de octubre.

Los dos opositores prometen el fin del modelo económico de corte estatal que impuso el MAS.

Por años, el crecimiento de Bolivia dependió de sus exportaciones de gas, su principal fuente de divisas. Pero desde 2017 la producción sufre una caída constante.

Adiós, Evo

La izquierda, entretanto, se encamina hacia su peor fiasco en las urnas desde que ascendió al poder en 2006 de la mano de Morales.

El dirigente indígena gobernó hasta 2019 y un año después impulsó el triunfo de su exministro Arce.

Morales pretendió postular para estos comicios, pero fue inhabilitado por la justicia para buscar un nuevo mandato. Hoy promueve el voto nulo.

El candidato del oficialismo Eduardo Del Castillo y el senador y dirigente cocalero Andrónico Rodríguez, ambos de 36 años, marchan rezagados en las encuestas.

La pugna Morales-Arce durante los últimos meses dinamitó al MAS y profundizó la crisis económica con violentas jornadas de bloqueos de carreteras. Esto melló la popularidad de la izquierda.

La crisis nos ha «afectado totalmente (…) Creo que todos estamos tratando de que cambie este contexto», dice Alejandra Ticona, una estudiante de derecho paceña de 24 años.

Aunque reconoce que antes la izquierda benefició a la gente campesina, como su propia familia, hoy quiere que gane uno de los dos candidatos de derecha para que resuelva los apuros económicos.

Doria Medina y Quiroga prometen un plan de shock muy similar basado en un recorte drástico del gasto público: cierre de empresas estatales deficitarias y el desmonte progresivo de los millonarios subsidios.

«Se va a iniciar una nueva etapa en la que lo más importante a va ser recobrar la estabilidad económica», para salir del «estatismo y tener una economía capitalista», dijo Doria Medina en una reciente entrevista con la AFP.

El expresidente Quiroga va más allá: plantea un «cambio sísmico».

Casi ocho millones de bolivianos están convocados a ejercer su voto obligatorio este domingo.

Anhelo de cambio

Después de 20 años del MAS en el poder, «el gobierno simplemente no puede echarle la culpa a nadie más» de la crisis, dice el internacionalista Pablo Calderón, profesor de la Northeastern University de Londres. El desgaste es natural.

Durante el gobierno de Morales, Bolivia triplicó su producción interna, redujo la pobreza de 60% a 37% e incluyó a la población indígena en la redistribución del poder y la riqueza.

La mayoría de gobiernos izquierdistas que antes dominaron la escena política de la región perdieron su continuidad en la década pasada. Bolivia ha sido la excepción hasta ahora.

Pero si finalmente entra la derecha al poder, Calderón advierte que esta no debería «dar giros extremos de 180 grados» en un inicio, sobre todo en lo relativo a programas sociales que ayudaron a mucha gente a salir de la pobreza.

Lo cierto es que los bolivianos están abiertos a los «cambios»: a liberar la economía y reducir el rol del Estado, sostiene Glaeldys González, analista del Crisis Group para Bolivia, Ecuador y Perú.

«La situación actualmente es la peor que ha vivido esta generación a nivel económico, y yo creo que sí hay mucha más apertura a este tipo de políticas», enfatiza.

Doria Medina, insistente

Samuel Doria Medina, empresario paceño de 66 años que se define como socialdemócrata, participó sin éxito en tres elecciones presidenciales durante los últimos 20 años.

En este cuarto intento, acude con la coalición Alianza Unidad.

Lidera la última encuesta de Ipsos-Ciesmori con 21,2% de las preferencias.

«Vengo de una familia humilde (…), mi padre tuvo que dejar el colegio a los 14 años», dijo en una reciente entrevista con la AFP.

Por décadas hizo fortuna con Soboce, una compañía de cemento que su grupo familiar vendió en 2014 por 300 millones de dólares. Ahora es propietario de la franquicia de Burger King en Bolivia e invierte en el rubro hotelero.

Estuvo secuestrado 45 días por la guerrilla peruana del MRTA en 1995 y fue liberado tras el pago de un millonario rescate, cuyo monto nunca fue revelado. Luego en 2005 sufrió un accidente aéreo en la región andina de Oruro.

Plantea renegociar créditos internacionales y eliminar el subsidio a los combustibles, una política que agota los dólares del país, genera largas colas en las gasolineras y es considerada la principal causa de la crisis.

Su eslogan es «¡100 días, carajo!». «Nosotros hemos planteado que en 100 días van a volver los dólares y la gasolina y el diésel», asegura.

Tuto quiere ser el salvador

Jorge Quirogaes un ingeniero de 65 años, graduado en la Universidad A&M de Texas, exempleado de la multinacional estadounidense IBM y hoy candidato de la alianza política Libre.

Más conocido como «Tuto», apodo que agregó a su nombre oficial, fue vicepresidente del militar Hugo Banzer, un exdictador que a fines de los 1990 alcanzó la presidencia por la vía democrática. Lo reemplazó luego de su renuncia por cáncer en 2001 y 2002.

Buscó también la presidencia en 2005 y 2015, pero nunca tuvo tantas posibilidades como ahora. Ipsos-Ciesmori le da un segundo lugar con 20% a una semana de los comicios.

Se denomina liberal, pero también atrae los votos más conservadores.

«Me voy a dedicar a salvar la economía de Bolivia, a traer inversiones, a abrir mercados. Voy a hacer acuerdos de libre comercio con China, con Corea, con Japón, con Europa», dijo a la AFP.

Promete un «cambio sísmico»: bajar el déficit fiscal, reducir el Estado, privatizar todas las empresas públicas deficitarias e impulsar una nueva Constitución con giros «radicales».

Rodríguez, el cocalero rezagado

Andrónico Rodríguez, presidente del Senado de 36 años, llegó a la política boliviana en 2020 de la mano de Evo Morales y de Arce.

Luego de que ambos líderes se enfrascaran en una áspera disputa y rompieran la unidad del partido de gobierno, este politólogo y dirigente sindical de los cocaleros fue visto como una posible tercera vía de consenso para la izquierda.

Pero aunque en las primeras encuestas figuraba a la cabeza de la intención de voto, su popularidad se fue reduciendo hasta hoy. Ipsos-Ciesmori lo pone en quinto lugar con un 5,5%.

Para postular tuvo que romper con su mentor político Morales, que también aspiraba a un nuevo mandato hasta que fue inhabilitado, y con el MAS de Arce.

«Represento a una nueva generación», dijo en un reciente debate televisado.

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