El Manifiesto de Panamá tiene aspectos muy positivos que merecen ser resaltados. La búsqueda de unas elecciones presidenciales libres y justas mediante una negociación con el gobierno interino y la promoción de un gran acuerdo nacional son propósitos sensatos a los que ningún demócrata venezolano puede regatear su apoyo. Todo lo contrario.
A diferencia de Puntofijo, documento con el que algunos comentaristas lo han comparado, no se trata de un pacto sino de una declaración de intenciones por parte de un sector de la oposición venezolana, a cuya cabeza está María Corina Machado, la persona cuyo liderazgo es depositario de la confianza esperanzada de la mayoría del país. La redacción subraya esa jefatura. La Alianza o Comando por Venezuela es la estructura política creada en torno a la candidata, cuyo partido es Vente. La Plataforma Unitaria, antes MUD, es la coalición que organizó la primaria de 2024 y ha venido respaldando los lineamientos de Machado.
Participaron el ex gobernador tachirense César Pérez Vivas de Concertación Ciudadana, presencia predecible por ser parte del Comando con Venezuela, como Noel Álvarez de Gente. Además, y esos sí son novedad, el secretario general de Centrados José Luis Farías, el respetable chavista disidente zuliano Rodrigo Cabezas y el abogado guayanés Edwin Zambrano, tenaz luchador democrático que encabeza un movimiento. A distancia, Edmundo González Urrutia.
A quienes creemos que la salida a nuestra crisis nacional amerita una negociación política, nos preocupa que hasta ahora sólo sean interlocutores los gobiernos de Washington y el interino de aquí. Los venezolanos, somos meros espectadores y eso tiene que cambiar. En ese cuadro, es realista plantearse una negociación con el gobierno interino. Y en un país más presidencialista que sus constituciones, empezar la ruta electoral por la presidencial también lo es. El llamado a un gran acuerdo nacional porque “todos somos necesarios” es, sin duda, un acierto.
Aprecio una rectificación implícita y supongo que en los debates previos hubo autoexamen. Eso reforzaría la credibilidad como es necesarísimo, no es aconsejable darla por descontado. Si algo se reprocha al gobierno, con el que no establezco equivalencias morales, es que sus llamados al encuentro se hagan desde la supremacía sin autocrítica. En este tránsito inédito y delicado, si queremos honradamente que las cosas cambien, ningún cuidado sobra.
La prioridad del Manifiesto de Panamá es político-electoral. Ese énfasis omite referencias a lo principal, la razón por la cual los demócratas se unen que es su deber ante los venezolanos, su sufrimiento, su reclamo de un cambio que abra cauce para superar los enormes problemas de la vida real que empobrece a las familias y al país. Por ahí, me parece, habría que comenzar, porque la razón de ser de la política es la garantía del bien común.
No discuto si todos los que están son, pero no dudo que no todos los que son, están. Es imprescindible reconocer a los demócratas con actitud y estrategia diversa, no pueden ser ignorados y mucho menos descalificados.
El grupo parlamentario Libertad desarrolla una lucha indiscutiblemente valiosa y cuesta arriba en la Asamblea Nacional, la respaldan en el país Un Nuevo Tiempo con Manuel Rosales y Unión y Cambio con Henrique Capriles y Tomás Guanipa, también Henri Falcón con Suma Venezuela. Y qué decir del MPV liderado por Calzadilla y Caleca, Puente de Hiram Gaviria que ha venido planteando un “pacto de Estado”, Unión y Progreso, Cambio en Paz de Elías Sayegh, Nicmer Evans, existen y trabajan. Un Acuerdo Nacional propuso Enrique Márquez, quien fue candidato presidencial de Centrados, pero mantiene independencia y peso específico. Cito en lo político, y sé que me quedo corto.
Conviene, porque conviene a los venezolanos, cuidarse el “contrato de adhesión” que es aquel como en el ticket del estacionamiento o la póliza de seguro, donde una parte dicta las condiciones y la otra sólo puede aceptarlas o rechazarlas.
Entiendo el circunloquio del “marco estratégico esencial”, pero no subestimaría el valor del acompañamiento a una eventual negociación pueden y deben tener otros consecuentes aliados de la causa venezolana como la Unión Europea y todo el arco de sectores democráticos de tendencia diversa en América Latina y el mundo entero.
Por lo pronto, veamos cómo recibe la contraparte estos anuncios, porque toda negociación como la propuesta, implica diversidad en las exigencias y en las concesiones.