Para las autoridades de Australia no hay dudas: el ataque terrorista que ocurrió el domingo 14 de diciembre en la playa de Bondi estuvo motivado por ideología extremista islámica. Este martes 16 de diciembre Krissy Barret, comisionado federal de la policía australiana, lo confirmó.
El primer ministro de Australia, Anthony Albanese, declaró en una conferencia: «La perversión radical del Islam es absolutamente un problema». No hay dudas en sus palabras porque las autoridades hallaron evidencia: los atacantes, un padre y su hijo, tenían banderas de Estado Islámico en su vehículo.
Además, Albanese habla con sensibilidad: su país, que tiene una ley robusta sobre el control de armas, no había sufrido un ataque similar desde 1996. Ese año, en la localidad de Port Arthur, en Tasmania, 35 personas fueron asesinadas por un francotirador.
La historia de dolor se repite: el ataque terrorista del domingo terminó con el asesinato de 15 personas. La víctima de mayor edad tenía 87 años y la más pequeña tan solo 10. La niña se llamaba Matilda.
Medios de Australia reportan que 25 personas, de las más de 40 que resultaron heridas, están siendo atendidas en hospitales. 10 se encuentran en condiciones críticas y tres son niños que reciben atención especial.
Padre e hijo, los atacantes
Los atacantes fueron Sajid Akram, quien murió durante el tiroteo, y su hijo Naveed Akram, quien resultó herido y se encuentra en estado de coma, según los reportes de medios locales.
Las autoridades reportaron que Sajid y Naveed viajaron a Filipinas desde el 1 al 28 de noviembre. Su destino final era Davao, una ciudad al sur de la isla de Mindanao que fue sitiada por tropas de ISIS en el año 2017.
Sajid Akram era originario de Hyderabad, una ciudad india, y llegó a Australia en 1998 para trabajar con una visa de estudiante. En este país se casó y tuvo dos hijos, una joven y Naveed.
La policía de Australia compartió otros datos de Sajid: poseía una licencia recreativa de porte de armas desde 2023, la cual le permitía obtener armas para cazar. Aun así, no tenía un historial criminal.
La familia de Sajid Akram en India declaró que el hombre solo los visitó seis veces desde que dejó el país.
Aun así, autoridades anónimas dijeron a The Australian que Naveed, el hijo de Sajid, llamó su atención en 2019 por presuntos vínculos con Isaac El Matari, un autoproclamado comandante del Estado Islámico que se asentó en Sídney y fue condenado por planear un atentado terrorista. Este hombre está detenido desde 2021 y fue condenado a siete años de prisión.
Víctimas y héroes
Los medios de Australia no paran de hablar de sus héroes y víctimas. Son cuatro personas las que arriesgaron sus vidas para detener a los Akram y tres murieron en su intento. El sobreviviente se llama Ahmed El Ahmed, un frutero musulmán de 43 años, que logró acercarse por detrás a uno de los atacantes y desarmarlo, evitando así más muertes.
The Sydney Morning Herald relató la historia de la pareja Boris y Sofía Gurman, una pareja rusa-judía que caminaba por una de las calles cuando Sajid Akram salió de su carro para comenzar el ataque.
Boris de 69 años se lanzó contra Akram y le quitó el rifle momentáneamente, según lo que registraron cámaras de seguridad.
«Las imágenes muestran a Boris tomando la delantera, amenazando a Akram con su propia pistola, mientras su esposa Sofía, de 61 años, se une a él en un intento por obligar al pistolero a retirarse antes de que pudiera comenzar la masacre que tenía planeada», dice el diario.
Solo que Akram tenía otro rifle y les disparó. Boris y Sofía murieron uno al lado del otro luego de 34 años de matrimonio.
La otra persona que intentó detener a Akram fue Reuven Morrison de 62 años, quien le tiró un ladrillo a Sajid mientras se aproximaba a una pasarela. Tras su acción, le disparó y murió.
La persona encargada de reconocer el cuerpo de Reuven fue su hija, Sheina Gutnick, quien vio a su padre en cámara intentando detener a los atacantes. A la prensa declaró: «Tengo amigos que escondieron a sus bebés detrás de ellos, en el piso, que me dieron: ‘Tu padre nos salvó'». Su acción dio minutos a las personas para replegarse.