En un país donde la libertad de expresión ha sido un bien escaso durante más de dos décadas, el miércoles 28 de enero de 2026 marcó un episodio revelador sobre las dinámicas internas del poder en Venezuela post-Maduro: María Corina Machado apareció brevemente en Venevisión
Venevisión, uno de los canales privados más emblemáticos del país y parte fundante del emporio mediático de la familia Cisneros, irrumpió este 28 de enero en la escena con un gesto que rompió con el molde de la autocensura impuesta bajo el chavismo. Sin embargo, lo que pareció un atisbo de apertura se transformó rápidamente en un recordatorio de las resistencias al cambio que persisten en el seno del gobierno interino.
Este «sí, pero no» que finalmente mostró el llamado canal de las colinas, no solo ilustra las contradicciones del régimen post-Maduro, sino que eleva el debate sobre los medios de comunicación y la libertad de información a un lugar central en la agenda de cualquier discusión sobre el devenir venezolano luego del 3 de enero.
Lo de este miércoles 28 fue un hecho inédito en la televisión venezolana de los últimos años: Venevisión transmitió un breve avance informativo que incluyó declaraciones de María Corina Machado desde Washington. Tras su reunión con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, Machado expresó: «No estoy físicamente en Venezuela, pero mi corazón está con ustedes y muy pronto, muy pronto estaré de regreso en nuestro país. Hoy más que nunca sabemos que esta es una lucha espiritual».
Estamos ante la primera aparición de Machado en este canal de televisión abierta desde 2018, un período en el que Venevisión había evitado sistemáticamente cualquier cobertura favorable a figuras opositoras, optando por una línea editorial neutral o alineada con el oficialismo para evitar represalias.
Este segmento, si bien corto, simbolizó un posible deshielo en la autocensura en los medios privados bajo el control regulatorio de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel). No pocos proyectaron un signo de los nuevos tiempos, en lo que en verdad debería un asunto normal en cualquier país: que una figura política de una declaración en un canal de televisión.
La reacción no se hizo esperar. Horas más tarde, Diosdado Cabello, ministro del Interior y una de las figuras más influyentes del chavismo que se mantiene en el poder, utilizó su programa «Con el Mazo Dando» en el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) para lanzar una advertencia velada pero inequívoca contra Venevisión. «Escúchame Venevisión, escúchame ahí, sin estridencia mediática su figura se diluye, sin titulares simplemente desaparece», declaró Cabello, en un tono que mezclaba ironía y amenaza implícita. Más claro no canta un gallo, dice el refrán y el mensaje llegó a destino.
Esta frase, pronunciada en el contexto de su monólogo habitual, no solo aludía a Machado –cuya «figura» podría diluirse sin cobertura mediática– sino que servía como un mensaje directo a la directiva del canal, recordándoles los riesgos de desviarse de la narrativa oficial.
Venevisión acusa recibo
El clímax del día, en esta microhistoria de censura y autocensura, llegó en la emisión estelar nocturna de Venevisión. Lo que podría haber sido una ampliación del avance informativo se convirtió en una omisión flagrante: el segmento sobre Machado fue eliminado abruptamente y el noticiero pasó a reportar el acto simbólico en el que las cabezas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) reconocieron a Delcy Rodríguez como comandante en jefe. Esta edición, que cortó el contenido opositor sin explicación, sugiere que hubo una respuesta inmediata a la presión desde el poder.
Este caso evidencia la tensión que rodea al momento venezolano, con iniciativas que buscan abrir juego y frenazos impuestos desde el poder. El gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez se encuentra en una encrucijada marcada por tensiones internas.
Por un lado, hay señales de intentos de normalización: Rodríguez ha invocado repetidamente la «convivencia, paz e inclusión» en sus discursos, enfatizando la necesidad de un diálogo nacional para estabilizar el país. Sin embargo, no hay señales de una clara amplitud en lo que ha hecho hasta ahora Miraflores en el “nuevo momento político”.
Y este miércoles la propia Delcy Rodríguez se alineó con la estrategia seguida ya antes por Maduro de cercar a Machado, y no sólo mediáticamente.
“Los que pretenden perpetuar el daño y la agresión contra el pueblo de Venezuela, que se queden en Washington. Aquí no van a entrar a dañar la paz y la tranquilidad de la República. Habrá ley y justicia», advirtió Rodríguez durante su reconocimiento como comandante en jefe de las FANB, un acto que a su vez parecía responder también a las versiones que han circulado en Washington sobre su supuesta fragilidad y la falta de apoyo castrense.
A fin de cuentas, lo ocurrido este miércoles deja en evidencia los tira y afloja del tiempo que vivimos. El régimen interino, consciente de su fragilidad, oscila entre la necesidad de construir inclusión, para su legitimidad, y el instinto de preservar el control, tal como se ha venido haciendo por años.
Pero si en verdad se reconocen en medio de un “nuevo momento político”, Delcy Rodríguez tendría que aprovechar la oportunidad para distanciar su gestión del sesgo autoritario. Y eso, además de la liberación de los presos políticos, también incluye el campo mediático y el derecho los venezolanos a informarse libremente.
Casi se cumplen 4 meses con Nicolás Maduro fuera del poder. Ha sido también un período de no presencia en el país de la principal figura de oposición, María Corina Machado, quien parece envuelta en una situación que le impide volver “pronto”, a pesar de que lo ha anunciado en reiteradas ocasiones
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