El papa hace un llamado por la paz y contra la exclusión ideológica en América Latina
El papa León XIV centró en la paz su primer mensaje de bendición navideña Urbi et Orbi
El papa León XIV centró en la paz su primer mensaje de bendición navideña Urbi et Orbi

En su primer mensaje navideño Urbi et Orbi, el papa León XIV se enfocó en la paz. En la plaza San Pedro y frente a unas 26 mil personas congregadas para escucharle, el pontífice trazó un rápido arco entre el nacimiento de Jesús y el entendimiento con el prójimo y señaló con sus palabras la necesidad de paz en las regiones que hoy más lo necesitan.
«En el nacimiento de Jesús ya se perfila la elección fundamental que guiará toda la vida del Hijo de Dios, hasta su muerte en la cruz: la elección de no hacernos llevar el peso del pecado, sino de llevarlo Él por nosotros, de hacerse cargo de él. Esto podía hacerlo sólo Él. Y al mismo tiempo nos mostró lo que sólo nosotros podemos hacer, es decir, asumir cada uno nuestra parte de responsabilidad», dijo: «Sí, porque Dios, que nos ha creado sin nosotros, no puede salvarnos sin nosotros, es decir, sin nuestra libre voluntad de amar. Quien no ama no se salva, está perdido. Y quien no ama a su hermano que ve, no puede amar a Dios que no ve«.
«Hermanas y hermanos, este es el camino de la paz: la responsabilidad. Si cada uno de nosotros, a todos los niveles, en lugar de acusar a los demás, reconociera ante todo sus propias faltas y pidiera perdón a Dios, y al mismo tiempo se pusiera en el lugar de quienes sufren, fuera solidario con los más débiles y oprimidos, entonces el mundo cambiaría».
Para León XIV el diálogo es el camino para lograr ese sueño: «Jesucristo es nuestra paz, ante todo porque nos libera del pecado y, luego, porque nos indica el camino a seguir para superar los conflictos, todos los conflictos, desde los interpersonales hasta los internacionales. Sin un corazón libre del pecado, un corazón perdonado, no se puede ser hombres y mujeres pacíficos y constructores de paz. Por esto Jesús nació en Belén y murió en la cruz: para liberarnos del pecado. Él es el Salvador. Con su gracia, cada uno de nosotros puede y debe hacer lo que le corresponde para rechazar el odio, la violencia y la confrontación, y practicar el diálogo, la paz y la reconciliación».

Desde la Plaza San Pedro, el papa León XIV imploró «justicia, paz y estabilidad para el Líbano, Palestina, Israel y Siria», encomendó al príncipe de la paz a «todo el continente europeo, pidiéndole que siga inspirándole un espíritu comunitario y colaborativo, fiel a sus raíces cristianas y a su historia, solidario y acogedor con los que están pasando necesidad». Y no olvidó a Ucrania, asolada por la invasión rusa: «Oremos de manera especial por el atribulado pueblo ucraniano, para que cese el estruendo de las armas y las partes implicadas, con el apoyo de la comunidad internacional, encuentren el valor para dialogar de manera sincera, directa y respetuosa».
Pidió paz y consuelo «para quienes sufren a causa de la injusticia, la inestabilidad política, la persecución religiosa y el terrorismo. Recuerdo de manera especial a los hermanos y hermanas de Sudán, Sudán del Sur, Malí, Burkina Faso y la República Democrática del Congo».
Y apuntó hacia América de forma certera: «Que el Niño Jesús inspire a quienes tienen responsabilidades políticas en América Latina para que, al enfrentar los numerosos desafíos, se le dé espacio al diálogo por el bien común y no a las exclusiones ideológicas y partidistas».
El papa rezó también por Haití, Myanmar, por que «se restablezca la antigua amistad entre Tailandia y Camboya» y por «los pueblos del sur de Asia y de Oceanía, duramente golpeados por las recientes y devastadoras catástrofes naturales».
«Al hacerse hombre, Jesús asume sobre sí nuestra fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros: con quienes ya no tienen nada y lo han perdido todo, como los habitantes de Gaza; con quienes padecen hambre y pobreza, como el pueblo yemení; con quienes huyen de su tierra en busca de un futuro en otra parte, como los numerosos refugiados y migrantes que cruzan el Mediterráneo o recorren el continente americano; con quienes han perdido el trabajo y con quienes lo buscan, como tantos jóvenes que tienen dificultades para encontrar empleo; con quienes son explotados, como los innumerables trabajadores mal pagados; con quienes están en prisión y a menudo viven en condiciones inhumanas».