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La cuarentena golpea las aspiraciones de la migración venezolana

Buena parte de estos son profesionales universitarios, pero por temas legales no entran en las nóminas de grandes empresas. Muchos de ellos trabajan en cocinas, servicio al público, ventas o labores de mantenimiento; responsabilidades de alta exposición ante el coronavirus y que guardan resguardo en cuarentena | Por Alejandro Landaeta y Jonathan Soto

Más de 5 millones de venezolanos se dispersaron por el mundo en los últimos 21 años de chavismo. Muchos de ellos llegaron a otros territorios y vivieron con la incertidumbre de cómo establecer en otras latitudes. Esa misma angustia volvió a apoderarse de varios venezolanos en el exterior frente a la pandemia del coronavirus y las medidas de cuarentena aplicadas.

En países como Argentina, Chile, Ecuador y España también llamaron a un confinamiento para contener la propagación del Covid-19, que ya cobró más de 26 mil vidas alrededor del mundo. Otros, como Estados Unidos, se van aislando progresivamente.

Además de la pandemia, todos estos países tienen algo en común: grandes comunidades de venezolanos que emigraron durante los últimos años.

Buena parte de estos son profesionales universitarios, pero por temas legales no entran en las nóminas de grandes empresas. Muchos de ellos trabajan en cocinas, servicio al público, ventas o labores de mantenimiento; responsabilidades de alta exposición ante el coronavirus.

Mientras, están quienes viven de la economía informal, esos que temen contraer la Covid-19 y no contar con el apoyo del Estado.

Este es un miedo recurrente entre los venezolanos en el exterior, estén en el país que estén. Sin embargo, a la mayoría lo que les preocupa es el estado de su despensa, el pago de la renta y el cobro de los servicios en tiempos de cuarentena.

Sin detenerse

Alexandra y Moisés son una pareja de bailarines radicados en Quito, la capital de Ecuador.

Ella es graduada en Comunicación Social en Venezuela, pero se dedica a dar clases de baile. Él hace lo propio, aunque a diferencia de su novia, él emigró sin un título universitario. Ambos sabían el reto que suponía emigrar, sobre todo por el trabajo que desempeñan. Las academias de baile de estilos urbanos son populares en Latinoamérica, pero no son un gran mercado.

Sin embargo, los dos se las arreglaron para encontrar espacios dónde dictar clases en la capital ecuatoriana. Lo que ninguno de los dos esperaba es que su principal fuente de ingresos se viera frenada por una pandemia.

“Nosotros tenemos dinero guardado, pero no sabemos si el próximo mes nos van a pagar a tiempo”, señaló Alexandra.

En Ecuador, al igual que en otros países, es probable que los pagos de arriendos y alquileres se aplacen. Pero, aunque así sea, aún hay alimentos y otros servicios por cubrir.

La pareja comparte un apartamento con dos mujeres, también venezolanas. Una de ellas tiene un bebé. Alexandra aseguró que la convivencia se complicó desde que anunciaron la cuarentena en Quito.

Explicó que entre los cuatro pagan un alquiler de $350, más un servicio de energía eléctrica que roza los $150 mensualmente. A eso le suman los gastos por internet, telefonía y mercado, que hacen por separado.

Afortunados dentro de la crisis

En Ecuador se confirmaron 1.382 casos, pero la mayoría se concentran en Guayaquil, la capital económica del país. En Quito, hasta el momento, hay más de 60 contagiados.

Alexandra afirmó que, aunque la situación es complicada, para ella y Moisés hay venezolanos viviendo en peores condiciones en Ecuador. “La gente que literalmente vive del día a día, los que venden caramelos y chocolates, sí la está pasando muy mal”, comentó.

Aseguró que muchas de esas personas no tienen residencia fija y dependen de lo que reúnan al final del día para poder comer. Sin embargo, detalló que en Quito hay espacios que albergan a personas sin hogar o sin recursos, pero desconoce cómo es su funcionamiento durante esta contingencia.

El panorama es el mismo

Más al sur de América, en Argentina, está David Fortis*, un joven de 21 años que emigró de Venezuela a mediados de 2018. Vive en Buenos Aires y trabaja como cajero en un establecimiento de comida. Gana poco más de 30.000 pesos mensuales, equivalentes a $468 aproximadamente.

Su sueldo le permite compartir un apartamento de tres habitaciones con otros dos compañeros, también venezolanos. Entre ellos se reparten todos los gastos: desde la renta hasta el mercado.

Para la fecha, Argentina registra 502 casos de infectados por el coronavirus y ocho muertes. Las autoridades llamaron a una cuarentena que los tres venezolanos cumplen, algo que, hasta ahora, no les ha generado mayor impacto económico. Fortis explicó que se siente afortunado, pues él y sus compañeros pueden seguir trabajando a pesar del confinamiento.

“Antes de que empezara esto, hicimos un mercado que debería rendirnos como un mes”, comentó.

La incertidumbre del extranjero

Él y sus amigos entienden que esta situación puede prolongarse más allá de los quince días de cuarentena que se anunciaron en primer lugar. Sin embargo, no saben qué harán si eso ocurre.

“Sinceramente, no hemos hablado sobre lo que vamos a hacer si esto se extiende”, confesó David.

“Nosotros tomamos previsiones: los que pueden, han hecho «home office», y así nos mantenemos aislados. En mi trabajo cumplimos con entregas a domicilio, así que también es seguro, dentro de lo que cabe”, explicó.

Aunque en su trabajo no mencionan aún la posibilidad de un cierre, ni siquiera temporal, David teme que puedan prescindir de él. Cuando emigró de Venezuela, aún no había terminado su titulación en diseño gráfico, por lo que no puede optar a un trabajo en su área. Mientras pueda seguirá trabajando y ahorrando lo poco que pueda, en caso de que se profundice la emergencia.

Espera que esta situación global se solucione rápidamente, pues entiende que muchas personas están en aprietos sin poder trabajar.

En el mundo ya se confirmaron más de 500 mil casos de personas contagiadas con el Covid-19, indica Worldometers. Aunque 120 mil personas se recuperaron, las cifras señalan que hay más de 22 mil muertos a raíz de esta pandemia.

Solo en Venezuela se confirmaron 106 casos hasta la noche del miércoles 25 de marzo. Aunque aún no se confirma ninguna muerte, el régimen de Nicolás Maduro ordenó una cuarentena total en todo el territorio nacional para contener el coronavirus.

Tan cerca, tan lejos

Paola Rodríguez tiene tres años viviendo en España, donde se registran más de 320.000 venezolanos. La comunicadora social había conseguido empleo en el área de marketing de la cadena de comida rápida Burger King. Pero, el impacto de la pandemia sobre territorio ibérico fue monumental.

“Me llamaron un miércoles para decirme que empezaba el lunes y fuese a firmar el contrato. El viernes me indicaron que por el coronavirus no habría nadie en la oficina y que si tenía problemas en que me hicieran una videollamada para darme la formación, ya que les urgía al ser una sustitución de maternidad”, contó. “El martes de la siguiente semana me llamaron y me dijeron que cerraban todos los restaurantes y que hasta nuevo aviso paralizaban todas las incorporaciones”.

Actualmente en Valencia, la venezolana tenía planificado dar con un empleo en una empresa de alta talla para poder mudarse a Madrid.

“Tenía planificado mudarme a Madrid para reestructurar mi vida. Ahora como nadie está contratando tuve que volver a casa ajena”, lamentó.

España es uno de los países más afectados por el coronavirus. Hasta el 26 de marzo, la nación europea era cuarta en contagios en todo el mundo (64.059) y segunda en muertes (4.934).

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