Terremoto en Venezuela

Yumare, el epicentro que sale ileso de dos poderosos terremotos

El nombre de Yumare repicó en prácticamente todo el mundo el pasado miércoles, al ser el epicentro de dos terremotos consecutivos con magnitud de 7,2 y 7,5 que removieron a Venezuela. Sin embargo, más allá del susto, en ese poblado del estado Yaracuy no pasó nada

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El pequeño poblado de Yumare, en el estado Yaracuy, se convirtió el miércoles pasado en el centro de la atención nacional e internacional al ser el epicentro de dos terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 que estremecieron buena parte del territorio venezolano.

A pesar de la intensidad de los movimientos telúricos, la localidad agrícola no reportó daños estructurales, heridos, ni víctimas fatales, y el impacto se limitó a un fuerte susto entre sus habitantes.

Ubicado en una zona montañosa, a unos 280 kilómetros al oeste de Caracas, Yumare ya había sido noticia hace cuatro décadas por un episodio trágico que aún no se ha esclarecido: la muerte de nueve militantes de izquierda a manos de cuerpos policiales. 

Cuatro décadas después, el nombre del pueblo vuelve a sonar por un motivo completamente distinto: su sorprendente capacidad para soportar, sin consecuencias graves, dos de los sismos más potentes registrados en la historia de Venezuela.

El balance del epicentro

“Aquí no se reportó nada grave. Sólo el susto”, dijo Juan González, propietario de una pequeña finca ganadera establecida en la zona desde hace más de diez años. La periodista Patricia Torres, del diario Yaracuy al Día, coincidió en el balance: “No tenemos reportes de heridos, ni de muertos, ni de viviendas afectadas”.

Los residentes atribuyen esta resistencia, en parte, a las características del terreno. “Aquí en Yumare el suelo es más duro, por eso no pasó nada, no como en Caracas y La Guaira que el suelo es más suelto”, señaló González en una nota de voz.

El geólogo Jesús Saavedra ofrece una explicación más técnica: los mayores daños no siempre se producen en las inmediaciones del epicentro, ya que intervienen múltiples variables. Una de las más determinantes, según el especialista, es la profundidad a la que se encuentra la roca firme sobre la que se asientan las construcciones. En sectores del norte y este de Caracas, así como en La Guaira —donde se reportó el colapso total de alrededor de cien edificaciones—, esa capa rocosa se encuentra a profundidades cercanas a los 100 metros, lo que favorece una mayor amplificación del movimiento sobre suelos más blandos.

La Guaira: el colapso de Tanaguarena en imágenes
Tanaguarena, La Guaira. Foto cortesía

En Yumare, en cambio, la combinación de su ubicación entre montañas con suelos más compactos, el tipo de construcciones predominantes —muchas de adobe o de origen colonial, relativamente sencillas— y la menor profundidad de la roca firme habría contribuido a que el pueblo resistiera sin daños significativos los dos sismos.

Las primeras horas

Desde la noche del miércoles hasta bien avanzado el jueves, los habitantes permanecieron sin electricidad, sin servicio telefónico y sin conexión a internet. Esa incomunicación, sumada al temblor de la tierra, generó el mayor temor entre la población. 

Yumare, convertido en municipio hace dos décadas, cuenta con alrededor de 20.000 habitantes dispersos entre fincas, pequeños cultivos y zonas montañosas. En el núcleo del pueblo viven unas 5.000 personas. Desde San Felipe y Barquisimeto, las ciudades más cercanas, también se vivieron momentos de angustia por la falta de noticias de los yumareños, temiendo lo peor.

Al final, el desenlace fue distinto al esperado: Yumare pasó a la historia como epicentro de dos potentes terremotos sin que se produjera ningún daño material o humano de consideración. Un resultado que, más allá de las explicaciones técnicas, parece ser una suerte de milagro.

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