Lety Tovar: la mujer que construye puentes donde la realidad abre grietas
A sus 32 años, ha coordinado y gestionado proyectos culturales con enfoque de género y se convirtió en la cocreadora de los Encuentros Feministas. La entrevista a Lety Tovar es la tercera entrega de la serie "Voces femeninas: ideas y acciones que rediseñan el rumbo de Venezuela", una iniciativa del proyecto de la Red Mujeres Constructoras de Paz | Por: Mabel Sarmiento
«Hace tiempo decidí que no quería que mi activismo estuviera marcado por la tristeza ni la rabia (aunque las razones sobran). Al contrario, quiero un activismo que construya puentes, que genere encuentros, cuestionamientos y aprendizajes. Un activismo que me permita ser flexible, comprensiva y también cambiar de opinión». (Tomado de la cuenta de IG @letytivarv. 12 de abril de 2026).
Ese párrafo recoge el mantra o la filosofía de vida de Lety Tovar, activista por los derechos de las mujeres e internacionalista de profesión, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Su pasión, tal como aparece en todas las reseñas de las distintas plataformas en las que hace vida, es investigar la historia social y política de las mujeres, especialmente en América Latina.
En ese andar, ha coordinado y gestionado proyectos culturales con enfoque de género y se convirtió en la cocreadora de los Encuentros Feministas, un espacio de diálogo y reflexión liderado por mujeres, que ahora es uno de sus puentes de conexión para fomentar y fortalecer la sensibilización y la conciencia con perspectiva de género.
Tuvimos una amena entrevista con Lety en los espacios comunes del Teatro Teresa Carreño, en Caracas. Fue una casualidad encontrarnos allí. Sin embargo, hablar de derechos y de la fuerza colectiva de las mujeres bajo el nombre de aquella figura venezolana que desafió los cánones artísticos y sociales de su época creó una atmósfera especial, donde se respiraba seguridad y se proyectaba el liderazgo magnético de Lety.
Su narrativa fluida y sonora recordó que las lideresas no caminan solas: las acompaña el eco de las que abrieron el camino, aun con sus diferencias.
Minutos antes de abrir el espacio para las preguntas, una noticia ensombreció su rostro por un instante: por todos lados rodaba la información sobre la muerte bajo custodia del Estado de Víctor Hugo Quero, cuyo caso ya emblemático conmovía al país. Quero estuvo detenido arbitrariamente tras las elecciones de julio de 2024 y se encontraba desaparecido de forma forzada desde el 1 de enero de 2025.
De inmediato pensó en Carmen Navas, la madre de Víctor, quien, tras su muerte el pasado 18 de mayo, sin pedirlo se convirtió en una lideresa y en un referente de la mujer venezolana. El lamento no se hizo esperar, sintió impotencia, tristeza, pero guardó la compostura, respiró y se acomodó en la silla en espera de la primera interrogante.
—¿Qué significa para ti el liderazgo femenino en la Venezuela actual?
—Dos cosas: oportunidad y desafío. Las mujeres tenemos un camino complejo, una cuesta difícil de transitar por las condiciones en las que vivimos, por el contexto que estamos atravesando. Pero, también es una gran oportunidad, porque ciertamente el liderazgo femenino tiene particularidades, es transformador, es abierto. En un contexto como este, en el que hace falta encontrarnos, dialogar y tender puentes, es fundamental que las mujeres seamos parte de estos espacios de liderazgo, donde se toman las decisiones.
—¿Cómo describes el contexto venezolano actual y qué impactos concretos tiene en las mujeres, especialmente en aquellas con las que trabajas o a quienes representas?
—Atravesando una exclusión o un contexto violento complejo. Muchas tuvimos como esas pequeñas esperanzas de una apertura a la democracia y en este momento nos damos cuenta que no había ninguna ventana, que fue un espejismo, que no fue real y que seguimos con los mismos desafíos, los mismos problemas. Seguimos en un sistema dictatorial que es muy violento para nosotras.
Lo que puedo ver, en mi ambiente, es que las mujeres sostenemos este proceso de muchas maneras y que las condiciones no están garantizadas para nosotras.
—¿Qué ha cambiado en Venezuela?
—Si me hubieses preguntado hace un mes, te hubiese dicho otra cosa. Considero que no ha cambiado nada, que son los mismos y están haciendo exactamente lo mismo.
—¿Qué consideras que sigue igual?
—La violencia y la persecución siguen igual. Los discursos de odio son exactamente los mismos. Quienes somos activistas y defensoras de derechos humanos atravesamos las mismas dificultades y corremos el mismo riesgo que antes del 3 de enero de 2026.
Un liderazgo genuino
Lety no tiene certeza de cuándo empezó a llamarse activista. Lo que sí tiene claro es que conocer las historias de las mujeres que le rodean, incluida su mamá, fue el elemento clave para transformar su historia e incidir en otras.
Por eso en su narrativa las palabras valores, educación, solidaridad y justicia son la base de casi todas sus oraciones y son el eje transversal de todas sus acciones.
—¿Cuáles consideras tú que son los principales obstáculos? El techo de cristal que existe en Venezuela para que más mujeres accedan a espacios de toma de decisiones.
—La falta de educación no es solo para las mujeres; es en general. Hay que educar a esta sociedad. En Venezuela nos gusta disfrazarnos de cosas que no somos: “no somos racistas“, “no somos machistas“… y la verdad es que sí somos un montón de cosas. Entonces, creo que necesitamos mucha educación y mucha conciencia para entendernos y reconocernos unos a otros.
—¿Cuál ha sido el momento más desafiante que has enfrentado en la construcción del liderazgo femenino y qué emociones predominan en este proceso de toma decisiones? ¿Qué has perdido y qué has ganado?
—En este momento puedo decir que lo que he perdido son los amores, las amistades, la familia que ya no está aquí. Todos hemos perdido parte de los afectos y de nuestra red de apoyo fundamental. Y mi proyecto, Encuentros Feministas, es muestra de ello: una de las tres personas que llevamos esto adelante se tuvo que ir por temas de seguridad en Venezuela. Entramos también en esa estadística de las familias, del núcleo, de los grupos que se separan. El momento de más dificultad y en el que genuinamente, por primera vez, he sentido miedo estando en Venezuela fue, justamente, después de las elecciones de 2024.
Esa ha sido la situación más riesgosa y compleja: cuando empiezas a ver que estas cosas no te suceden solo a ti, sino a tu amigo con el que hablas todos los días, a tu amiga, a la mujer que admiras y que hace ese trabajo maravilloso, a gente tan cercana. Aunque no estoy involucrada directamente en temas político-partidistas, me di cuenta de que no hay persona que esté segura, que todos estamos en riesgo, y creo que para mí ese momento postelectoral fue un antes y un después.
—¿Cómo balanceas este rol de liderazgo con el cuidado de la salud mental? ¿Qué herramientas usas o te han servido para sostenerte?
—En cuanto al tema de la salud mental, estamos muy atrasados y nos hace falta un montón, más en estas situaciones en las que estamos tan expuestas a tantas cosas. Sin embargo, a mí me parece fundamental —y eso lo rescato del activismo feminista en Venezuela— que, después de las elecciones, se abrieron muchos espacios feministas y de activistas para promover el autocuidado. Eso lo celebro mucho.
Creo que eso ha sido fundamental para mí: saber que se creó una red de apoyo que existe, que es real, que hay un número de teléfono al que puedes llamar. Nos cuidamos, nos acompañamos, compartimos herramientas; para mí ha sido maravilloso. Ha sido una respuesta, en medio de todo, en un momento en el que no podíamos decir o publicar ciertas cosas. Fue el momento de recogernos un poco, pero para trabajar en nosotras y hacerlo en comunidad, en red.
El impacto de los sismos: lo urgente vs. lo importante
Esa red de apoyo y resiliencia comunitaria volvió a ponerse a prueba de forma inesperada tras los recientes sismos que sacudieron a Venezuela. Ante una nueva crisis humanitaria y de infraestructura, el activismo de Lety tuvo que volcarse de inmediato hacia las zonas más afectadas.
—¿Cómo estás ejerciendo tu liderazgo posterremoto y cuáles son tus prioridades como lideresa para este momento y para lo que viene?
Mi prioridad en este momento ha sido apoyar en lo que puedo: poner lo que soy y lo que sé al servicio. He intentado activar mis redes (amigos, amigas, conocidos, familia…) para ser lo más efectiva posible cada vez que bajo a La Guaira. Esta red me ha permitido ser puente y llevar exactamente lo que hace falta a distintos lugares de La Guaira, a personas, a campamentos transitorios o a familias. En este momento, la verdad, no me siento una lideresa; no tengo cabeza para pensar en una estrategia más amplia, para organizar grupos o para hacer que la ayuda que coordino sea sostenible en el tiempo. Intento simplemente ser útil y apoyar en todo lo que puedo en lo inmediato. Supongo que, al pasar los días, podré hacerlo de forma más estratégica.
—Tras los recientes terremotos, ¿cómo están cambiando y cómo crees que van a cambiar las necesidades y prioridades de las mujeres de tu comunidad o del sector en el que lideras?
—Me preocupa muchísimo el tema de las necesidades, porque nuestras carencias siguen siendo las mismas, solo que ahora se suman otras nuevas. Esta coyuntura, al igual que tantas otras situaciones complejas en Venezuela, trae como consecuencia un retroceso importante para nosotras: lo urgente le quita espacio a lo importante. Un grupo diverso de mujeres feministas de distintas edades y formas de pensamiento teníamos meses organizándonos y encontrándonos para hablar de nuestros derechos, de la posibilidad de hacer un encuentro nacional; pero, claramente, el terremoto borró todo eso de la mesa y nuestra única prioridad pasó a ser ayudar y resolver lo inmediato, dejando de lado la visión de futuro y la organización. Esto es algo que nos ha pasado muchas veces, y es terrible para nosotras, para nuestros derechos y para la exigencia de estos.
—En el contexto post terremoto, ¿qué acciones concretas consideras que deben hacerse desde el liderazgo político que aspira a una transición para garantizar que la reconstrucción y la respuesta humanitaria incorporen la perspectiva femenina y fortalezcan el liderazgo de las mujeres?
—Es fundamental contar con un plan de acción que, además de ser elaborado por un equipo multidisciplinario, sea de conocimiento público. Creo que una de las cargas más pesadas en este momento para quienes han sido más afectados por el terremoto es la incertidumbre. Asimismo, resulta indispensable que las decisiones tomadas desde los espacios de poder tengan perspectiva de género. Ya sabemos que las mujeres y las infancias somos las más vulnerables en estos contextos: corremos muchísimos riesgos que hay que prevenir. Me preocupa la cantidad de mujeres que se encuentran en campamentos transitorios o asentamientos informales, así como todos los peligros a los que se exponen en esos entornos. Es fundamental que hablemos de esto y tomemos medidas; hay que formar y sensibilizar a todas las personas que estén prestando servicios en estos lugares, además de activar todos los mecanismos de prevención.-Por: Mabel Sarmiento
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