Mujeres

Andreína Baduel: “El silencio no es una opción”

Una fortaleza interna mantiene la lucha de Andreína Baduel por los presos políticos venezolanos. No cree en el silencio como estrategia, sino en el poder de la voz colectiva que es capaz de salvar vidas. Con el peso de un apellido criminalizado por el Estado, no pierde la esperanza en un país democrático, donde las familias y víctimas sean reparadas. “No se trata de venganza, sino de justicia” | Por Nadeska Noriega García

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Andreína Baduel habla con una serenidad que parece inquebrantable, con un tono pausado que transmite sosiego incluso en medio de la incertidumbre, la rabia y el miedo. Pero basta verla frente a las rejas del Rodeo I —la cárcel venezolana comparada con un campo de concentración que sirve como centro de reclusión de presos políticos— con un megáfono entre las manos y decenas de familiares detrás de ella, para ser testigo de una metamorfosis y entender que esa calma no es fragilidad: es, más bien, resistencia.

Andreína, periodista de profesión y activista por los derechos humanos, se ha convertido en uno de los rostros más visibles del Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (CLIPPVE), una plataforma desde la que denuncia detenciones arbitrarias, torturas, aislamiento y desapariciones forzadas.

«Hoy más que nunca estamos convencidos de que el silencio no es una opción, de que solo se traduce en más impunidad y olvido. Por ello, en cada espacio que tenemos no solo llevamos nuestra voz, sino que abrimos paso para que otras víctimas también sean escuchadas», explica en medio de una conversación sostenida en la Universidad Central de Venezuela (UCV), en Caracas.

Su accionar como cara visible del movimiento, sirve para proyectar una máxima en la lucha por los presos políticos venezolanos: la consolidación de un frente de mujeres, parejas, hermanas, madres, hijas, que han convertido el cuidado, la denuncia y la memoria en una forma de liderazgo político.

«Somos una red de solidaridad y apoyo, una gran familia. En la actualidad, el fin primario es que los liberen a todos, que no haya un solo preso político en Venezuela. Pero la organización, de la cual soy parte, va mucho más allá. Va de que seamos parte de la memoria histórica del país. Va de que sean las víctimas quienes busquen la reparación a tanta tragedia. Va de que incentivemos y culturicemos sobre lo que ha pasado, lo que hemos vivido, para que no se repita nunca más. El compromiso no termina cuando los saquemos (de la cárcel). Viene más allá, hay que seguir luchando».

La lucha que refiere pasa por la exigencia de los derechos humanos de los presos políticos, el registro de los detalles y acciones judiciales de cada caso, la formación de las mujeres que exigen justicia para sus familiares y la humanización de una causa en la que se busca reducir a seres humanos a simples números de expediente.

El discurso de Andreína —que comenzó en singular para la exigencia propia por su padre, el general Raúl Isaías Baduel, fallecido bajo custodia del Estado en 2021, y por su hermano Josnars, preso desde el 4 de mayo de 2020— ahora se conjuga en plural, en el entendido de que el papel de las activistas por los derechos humanos es determinante para el futuro de Venezuela.

«Todo el que me pregunta, ¿qué podemos hacer? Le digo: hay que fortalecernos, hay que unirnos, hay que incentivar, hay que denunciar, hay que organizarse, para seguir reclamando que realmente se respeten los derechos humanos y que haya democracia en el país».

El estigma de un apellido

La historia de Andreína Baduel no comenzó en las puertas de una cárcel o frente a una protesta ante algún despacho institucional, como un tribunal, fiscalía o defensoría. Su apellido ya cargaba un peso político mucho antes de que ella decidiera convertir el dolor en activismo. 

«Ser Baduel en Venezuela ha significado vivir bajo la sombra de la persecución», dice cuando se le refiere al eslogan que viste en su franela: «Ser Baduel no es delito». 

Su padre, Raúl Isaías Baduel, exministro de Defensa y antiguo aliado de Hugo Chávez, fue detenido por primera vez en 2009, luego de romper públicamente con el chavismo y cuestionar el rumbo autoritario de la “revolución bolivariana”. Años después, en 2020, su hermano Josnars Baduel fue arrestado y acusado de participar en la llamada Operación Gedeón. Desde entonces, permanece encarcelado, mientras Andreína y su hermana Margareth denuncian torturas, aislamiento y graves violaciones a sus derechos humanos.

He tenido muchos momentos duros en mi vida. Comenzando por la detención arbitraria de mi papá, que conllevó a una persecución que hasta hoy en día vivimos”, afirma mientras detalla cómo debe lidiar con funcionarios de organismos de seguridad apostados a diario frente a su casa con la intimidación de ser fotografiada por motorizados en cada manifestación pública.

Y aunque reconoce que estas acciones aún le preocupan, siente que bajar la cabeza, callarse o esconderse, no está en los escenarios planteados, a pesar de las duras pruebas que ha sorteado.

“En medio de estos 18 años de persecución, perdimos la vida de mi papá. Mi mamá también partió. Ha sido una cadena de duelos que todavía no hemos podido vivir. Ni siquiera me atrevería a poner alguno en prioridad, porque ha sido mucho dolor durante todos estos años; sigue siendo de mucho dolor la situación de mi hermano”, cuenta mientras suspira, al recordar los últimos 21 días que Josnars pasó en una celda de castigo durante el mes de abril de 2026.

“Yo creo, que rescataría de esta situación, que me ha hecho mejor persona. Que lejos de sacar lo peor de mí, he decidido ser mi mejor versión cada día. He decidido luchar para que nuestra historia no se repita nunca más. He decidido dar mi aporte para que en algún momento haya justicia. Y aunque el dolor es enorme y aunque el reto también lo es, en este tipo de proceso hay dos caminos, o sacas lo mejor de ti o sacas lo peor de ti. Si me lo preguntan hoy, yo no tengo odios, ni deseos de venganza, yo solo aspiro a que haya justicia”.

Para Andreína, esa fortaleza, también es un legado de su apellido.

“Estamos convencidos de que la situación contra mi familia no ha sido peor de lo que ya es gracias a que hemos denunciado. Al menos con nosotros el ensañamiento sigue de frente, pero eso evita que otros lo vivan: esa denuncia, esa acción determinada, esa manera en la que hemos alzado la voz, incluso antes del comité. Antes del comité yo siempre denuncié todo lo que vivíamos como familia, y creo que eso fue lo que me llevó al rol que ocupo hoy”.

Lea la entrevista completa en ipysvenezuela.org

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