El tiempo en el cual, como sabemos, terminó la era de la prosperidad y la estabilidad para abrir las puertas a un turbulento y caótico período de altibajos, atraso y descomposición institucional.
En el caso español la decadencia se estaría expresando en el estancamiento crónico de la economía y la ausencia de empleos; en los abundantes casos de corrupción, que toca por igual alcaldías, comunidades autónomas y hasta la misma corona; y en el descredito general de la clase política. En medio de las ondas telúricas, que también están produciendo la migración de personal calificado, algunas regiones de este país tradicionalmente díscolas, como Cataluña comenzaron a deshojar la margarita de la independencia.
Sería esta la razón por la cual los partidos tradicionales de España acusan una merma apreciable de influencia, y, en medio de un ambiente de desconfianza y desengaño, muchos ciudadanos voltean la mirada a formaciones de extrema izquierda, como Podemos, el partido de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. La decadencia de la partidocracia española toca al Partido Popular, en el poder; al PSOE, la principal fuerza de oposición, y también a Izquierda Unida, el grupo de Cayo Lara y Francisco Frutos, que había cobrado en principios los dividendos de la crisis, pero que ahora también acusa, como pocos, los efectos de la indiferencia electoral.
Como en algún momento intentó hacer Hugo Chávez, los dirigentes de Podemos en este momento recorren enjundiosamente el país, aludiendo al “candado constitucional”, proponiendo un nuevo mapa de gobernabilidad para el mosaico español, y, sobre todo, intentando calmar algunas audiencias en torno a su auténtica convicción democrática de su dirigencia.
Lo anterior en virtud de que, como también sucedió en Venezuela, la prédica de Podemos levanta suspicacias y ha puesto a muchas personas en sobreaviso, activando un desquiciante proceso de polarización.
A Podemos, sin embargo, le ha salido un impensado y robusto competidor expresado en la nobel formación Ciudadanos, de Albert Rivera. Se trata de un grupo que emerge desde Cataluña, proclamando sin ambages su vocación españolista y cuestionando los excesos administrativos y el fraude generalizado que tiene a la institucionalidad española en entredicho.
Ciudadanos –Ciutdadans en catalán- se ha convertido en todo un fenómeno electoral en la consulta autonómica catalana, y gracias a su discurso renovado y su actitud leal con la legalidad española y la unidad nacional, ha podido saltar con éxito al resto del país, convirtiéndose en un polo de referencia que completa el mapa democrático, y que, bien visto, podría incluso, ser la expresión de una renovación política que tenga ya sus expresiones en la izquierda y en la derecha.
Ciudadanos y Podemos se verán las caras en las elecciones generales española de finales de este año. Será un evento en el cual tendrán que confrontar tesis con los partidos tradicionales de España. La dinámica de las alianzas para formar gobierno luego de la consulta puede traer sorpresas.
Podría ser este, quizás, un contrapunto que ofrezca un inesperado panorama para renovar las cosas en este país.