Con gran preocupación he leído, usando los mismos argumentos del pasado, que muchas personas están convencidas de que la abstención es lo que procede para las elecciones convocadas para el 25 de abril de este año. ¿Nos volvimos locos? ¡Eso es precisamente lo que quieren en Miraflores! ¡Deben estar celebrando, felices!
Les pido por un momento que dejen la emocionalidad de lado y se pregunten: ¿de qué sirvió la abstención de 2005, por ejemplo? Les refresco la memoria: fue esa decisión la que convirtió la Asamblea Nacional en roja de pe a pa. Eso les permitió escoger todos los poderes públicos, de manera legal (por desgracia, la abstención jamás ha deslegitimado elección alguna, ni gobierno alguno). Recuerdo los insultos subidos de tono cuando desde mi programa de radio y en mis artículos recibía, cada vez que llamaba a votar. Y nadie puede negar que en 2005 nuestra verdadera desgracia se hizo evidente a todos. Ni hablar de las abstenciones posteriores, que lo que lograron fue atornillar aún más al régimen.
Les pido por un momento que dejen la emocionalidad de lado y se pregunten: ¿de qué sirvió la abstención de 2005, por ejemplo? Les refresco la memoria: fue esa decisión la que convirtió la Asamblea Nacional en roja de pe a pa
Ciertamente, la abstención electoral ha sido objeto de debate. Su impacto varía dependiendo del contexto y del sistema político de cada país. En democracias sólidas, como Suiza, la abstención es síntoma de que se está complacido con el gobierno que se tiene y no hay necesidad de votar por otra alternativa. En democracias frágiles, una alta abstención puede interpretarse como un signo de descontento o apatía hacia el sistema político o los candidatos disponibles, en cuyo caso los partidos políticos deben replantearse sus estrategias o considerar reformas para aumentar la participación ciudadana. En sistemas donde el voto es obligatorio, una baja participación podría tener consecuencias directas contra los votantes, como sanciones para los que no se presenten. En general, la abstención puede servir como un indicador de la salud democrática de una sociedad, pero su efectividad para provocar cambios concretos no ha sido comprobada jamás.
Los invito a preguntarse también qué pasó en 2024. Se cambió el llamado a la abstención por el de ir a votar y la gente acudió masivamente. ¿No es el mismo caso de ahora? ¿Qué ha cambiado? ¿Acaso a alguien lo tomó por sorpresa la servilletica con los números de Amoroso? ¡Por supuesto que no! ¡Pero estábamos preparados para demostrar que habíamos ganado, y en el mundo entero, con poquísimas excepciones, incluso algunos considerados aliados, no reconocen a Maduro como presidente “hasta que no presente las actas”, cosa que obviamente no puede hacer! Habiendo ido a votar como fuimos, pudimos demostrar la verdadera voluntad del pueblo venezolano. ¿Cómo vamos a abstenernos ahora? ¡Absteniéndonos no probamos absolutamente NADA! Podemos chillar, patalear, lanzarnos en el piso con mil pataletas ¡pero no tendremos la forma de demostrar que ganamos! Votando, sí la tenemos. ¿O es que piensan que lo que pasó el 28J no fue un porrazo para el gobierno?
No me digan lo que ya sé. Díganme mejor qué logramos con la abstención. Se los voy a responder por adelantado: NADA. No lograremos nada. Perderemos unos buenos alcaldes y un par de gobernadores. Prepárense para el Estado Comunal con todas las aristas del comunismo que rechazamos como pueblo. Y seguirá la diáspora.
Entiendo que hoy la decisión entre votar y no votar es la más difícil de todas. Pero queda el derecho a pataleo si vamos a votar. Al menos tendremos algo que reclamar, aunque sea ante los lentos y muchas veces ineptos organismos internacionales. Y eso es mejor que nada, sin embargo. Al menos piénsenlo, por favor.