Listo. Ya las elecciones regionales tienen fecha: 27 de abril. Y son “integrales”, además. No serán las “mega” que prometió Maduro en agosto del año pasado, pero tampoco son ligeras: diputados, gobernadores y miembros de los Concejos Legislativos. Suficiente como para provocar un gran quiebre en la oposición y poner a prueba a ese sector que dice ser opositor y al que parece que solo apoyó a Edmundo González porque no le van las estrategias de María Corina y cosas así.
Algunos de esos que se refieren a ella como “la señora”, pretendiendo una ironía que no logra desprenderse de cierta carga misógina.
Los elementos para esa nueva fragmentación de la unidad, un ideal sobre el que han cacareado durante dos décadas y que nunca ha sido real salvo por unos minutos y para unas fotos, están servidos: a los partidos les gusta tener sus gobernadores, primero que todo. Ese toque de “poder” regional ayuda, los mantiene vivos, vigentes, con recursos. Aunque gobiernen llevando palo del poder central, agarrar aunque sea fallo siempre será mejor que quedarse en casa con las camisas Columbia guindando en el clóset.
¡Dígalo ahí, compañero! ¿Hay plata pa’ la campaña?
María Corina lo vio venir. Aunque es obvio: no será la primera vez que ocurre. Con cada anuncio de elecciones, los políticos salivan. Y también los que imprimen afiches. Pero ahora la situación es más compleja y bastante más fea como para estar creyendo en la fantasía de “conquistar” pequeños espacios y meterse por la ventana si te cierran la puerta. Porque si de verdad le haces oposición a este gobierno, si de verdad crees en conceptos como la autonomía de las instituciones, el derecho a elegir y ser elegido, la alternabilidad, la separación de poderes, la pluralidad… entonces eso te ubica en el grupo de los que están seguros de que les birlaron una elección presidencial.
¿Y cómo vas a creer que si te estafaron el 28 de julio te van a jugar limpio el 27 de abril? No tiene sentido.
Lo que sí tiene sentido es que María Corina haya planteado el 19 de enero en uno de sus “siete principios para la libertad” una advertencia sobre este asunto: “Las elecciones son para elegir y el pueblo ya eligió. No aceptamos ni avalamos ninguna elección antes de hacer respetar los resultados del 28-J. No debe pedir el voto popular quien no defiende el resultado del voto popular”.
No digo que tenga razón o no. Digo que tiene sentido que haga el planteamiento. Y hoy, una vez que el señor del CNE marcó una fecha en el calendario de 2025 -aunque la web del organismo convocante sigue off line-, su pertinencia es mayor. Es un debate que debe plantearse: ¿ser o no ser candidato? Estilo Hamlet.
Los que se miraban feo con “la señora” que juntó los votos para Edmundo, saben que la cosa es con ellos. Con quienes apostaron desde el principio a que ni siquiera lograra la candidatura de “unidad” antes de que el gobierno decidiera por todos que mejor con ella no.
Vamos a hablar claro: ¿tú ves a algún gobernador de oposición -o de esos que una vez se autocalificaron de tal cosa- tomando la decisión de no participar en el evento electoral del 27 de abril hasta que no se resuelva la discusión sobre el 28 de julio y se muestren las actas y el detalle de los resultados estado por estado, municipio por municipio y mesa por mesa de cada centro de votación?
Claro que no. Y también tiene sentido: ¿acaso van a recoger sus cositas del escritorio y se van a ir así como si nada? No están hechos para eso los políticos. Y menos los nuestros.
Además, podría haber hasta riesgo personal en un gesto así. Y si todo este tiempo desde el 28 de julio han cuidado tanto lo que dicen y hacen para no meterse en problemas con los grandotes, no van a venir ahora a salir con semejante desplante que podrían terminar pagando caro. Con inhabilitaciones, con expulsiones del cargo… tal como le pasó a los alcaldes que se sumaron a la campaña de Edmundo y tal como no le pasó a los alcaldes que no se sumaron a nada.
¿Podrán presentar sus candidaturas? Lo sabrán ellos si lo preguntaron o si les pasaron el dato, si se portaron bien todo este tiempo y no utilizaron públicamente palabras prohibidas, de esas que no se pueden usar en los programas de radio, por ejemplo.
Ya Maduro expuso el perfil que buscan para los cargos de candidatos de la oposición: “Aquellos que no reconocen el poder electoral, aquellos que no reconocen el poder judicial, aquellos que no reconocen los poderes del Estado, aquellos que no respetan el derecho a la paz, aquellos que en definitiva no reconocen el poder de esta Constitución, sencillamente por ley no pueden participar en procesos electorales que vengan. Ni en el 25 ni en el conchinchino, en ningún proceso electoral, así de sencillo”.
Lo van a hacer, si los dejan, como dice la ranchera. Claro que sí. Reconociendo y aceptando lo que haya que reconocer y aceptar. Y algunos partidos se fracturarán ya quizás de forma irreparable en la toma de decisiones: unos queriendo participar, pendientes de la oportunidad, de la ventana, de la rendija y otros firmes en que primero lo del 28-J. Y serán más débiles de lo que ya son.
Es posible que en otros partidos esa posición de no entrar al juego de las regionales provoque migraciones de militantes y dirigentes hacia organizaciones con un futuro más auspicioso a costa de la resignación. Y también serán más débiles de lo que hoy son.
Y, por supuesto, estarán los liderazgos estrictamente locales -con su militancia propia, muy focalizada- que no se plantearán ni siquiera la necesidad de un debate o de una consideración: lo que usted diga, con el árbitro que usted diga y en las condiciones que usted tenga a bien imponer. ¿Usted ha visto mis redes sociales? Yo sólo me ocupo de mi estado… (de vaina no dicen que no se meten en política). Y se lanzarán con la ambición de fortalecerse. Lo normal, pues.
¿Y esos que ocupan sillas en la Asamblea Nacional y que van por ahí rotulados con colores y símbolos de partidos ajenos? Esos participan fijo porque no tienen duda alguna sobre los resultados del 28 de julio y porque creen que el cargo los hará fuertes y legítimos. Y porque no son más que tentáculos menores del poder y están ahí para los mandados. Son una pedrada al piso.
La van a pasar bien ellos. Si aceptas que la distribución de los votos de la presidencial es la que dijo el CNE, no te haces problema alguno y vas gustoso y alegre por el camino del 27 de abril. Faltaba más. Los que se van a joder son los otros. Ajá, pero… ¿y los votantes? ¿qué pensarán, qué harán?
Ya en esa instancia, eso no importa: hay fecha, ya aparecerán los aspirantes, la «oposición» tendrá los suyos, se multiplicarán los opinadores a favor de la «reconciliación» a través del sufragio, los gremios empresariales dirán que la fiesta electoral es lo más hermoso, recibirán su merecido quienes pregonen la abstención, el Comando Con Venezuela quemará su presupuesto de redes sociales creando incesantemente contenido urgente y si son masa o son pocos los que acudan a los centros, dará igual. Habrá ganadores y muchos -muchos- perdedores.