Aquella campaña de “Ya casi Venezuela” desapareció sin dar explicaciones ni rendir cuentas del dinero recaudado. La vinculación de Erik Prince con otra propuesta para llevar adelante deportaciones masivas desde EEUU, incluyendo a venezolanos, desnuda algo incómodo pero necesario de asumir: la democracia no nos llegará por un delivery
La idea de la salida mágica de un gobierno autoritario ha estado presente con más o menos fuerza en Venezuela en los últimos años. Obviamente no se trata solamente de que la sociedad venezolana sueñe, a estas alturas, aún con pajaritos preñaos; el gobierno de Nicolás Maduro se ha encargado de aniquilar cualquier negociación o proceso político (como unas elecciones) que pueda llevar a la restitución de la democracia en Venezuela por vía pacífica.
Los meses posteriores a las elecciones del 28 de julio del año pasado reafirmaron lo que ya muchos analistas preveían, pero que tal vez muchos venezolanos se negaban a ver. Era necesario llevar adelante un proceso electoral, aún en condiciones de desigualdad y con reglas de juego no democráticas, ganar esos comicios y demostrar que ocurrió un fraude masivo. Para muchos en nuestro país, aquel ejercicio masivo y ciudadano de votación el 28J se traduciría de forma casi que automática en el anhelado cambio en las estructuras de poder.
El 28J fue necesario para dejar en evidencia que quienes siguen el poder lo hacen gracias a la represión y al control sobre la sociedad, ya que no tienen la mayoría de votos a su favor. Eso ha sido un cambio político de envergadura, pero no se tradujo automáticamente en un cambio institucional, ya que quienes detentan el poder están aferrados a él.
En tal escenario, en los meses inmediatamente posteriores al 28J, ganó fuerza la idea de que habría una fuerza externa para poder fin al régimen autoritario. En una suerte de mundo de fantasía se creyó que un ex mercenario, si se le daba dinero, haría el trabajo de reestablecer la democracia. Esto se conectaba con la expectativa, también infundada, de que una vez que Donald Trump llegará al poder desde la Casa Blanca habría una suerte de orden exprés para desalojar a Maduro de Miraflores
Trump no engañó a nadie
Donald Trump casi nunca se refirió a Venezuela en la campaña electoral de 2024 y cuando lo hizo fue para ligar a los venezolanos con bandas criminales como el Tren de Aragua, en lo que fue una narrativa consistente (y dirigida a su público, al ciudadano estadounidense) sobre el peligro que representa la migración.
Siendo la migración la prioridad, no extraña entonces que lo primero que haya sucedido entre Caracas y Washington sea la aceptación de las deportaciones, por parte del régimen venezolano. Las deportaciones, su puesta en escena, es un recurso propagandístico en estas primeras semanas del nuevo gobierno estadounidense.
El gobierno de Maduro, además, liberó a varios estadounidenses, a quienes por cierto había acusado previamente de terrorismo y a los que de forma rápida sacó de prisión, con lo cual ratificó la condición de rehenes de estos.
Si bien está claro, en estas conversaciones entre la casa Blanca y Miraflores, qué fue lo obtenido por el gobierno de Trump, no hay certeza de cuál es o será la ganancia de Maduro. Todo apuntaría a que no habrá una férrea política de sanciones, como en el primer gobierno de Trump. Si la actividad petrolera no es sancionada y sigue operando bajo el esquema de lasitud aprobado por el gobierno de Joe Biden, esto constituirá una ganancia para el chavismo.
Parece necesario no esperar desde EEUU una solución mágica a nuestra crisis. Incluso el secretario de Estado, Marco Rubio, ha descartado que pueda ocurrir una transición democrática en 2025 en Venezuela, pero además es indispensable interiorizar que tampoco nos llegará un delivery con la restitución democrática, pese a que se le hicieron aportes al señor Prince.
El muy confiable portal Político, con gran influencia en Washington, confirmó que Prince, por las mismas fechas en que recolectaba fondos para “Ya casi Venezuela” le presentaba al gobierno (entonces electo, ya que fue antes de la toma de posesión) un plan de deportaciones masivas de migrantes, incluyendo a los venezolanos, que han sido en el bienio 2023-2024 el grupo migratorio más numeroso.
Si bien esta idea, de establecer una flota de aviones y contratar mercenarios para llevar adelante las deportaciones, no ha sido aprobada por la Casa Blanca, permite dejar al descubierto que figuras como Prince están ofreciendo sus servicios y punto. La democracia no nos llegará por haber hecho una donación a unos hombres armados, ni por decisión unilateral de un gobierno extranjero.
Ciertamente lo que diga o haga la comunidad internacional será importante, en relación con Venezuela, y EEUU tiene su peso, pero la variable indispensable, la decisiva para el cambio está en nosotros, en los venezolanos y en nuestro liderazgo.
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