Opinión

Trump y los ratones "transgénero": convertir Mickeys en Minnies

Ante el Congreso, un órgano sagrado, Donald Trump mintió en su primera comparecencia como presidente electo. La mentira hizo reír a los presentes porque llevaba el prefijo "trans". Pero detrás de la anécdota hay algo más grave que un simple embuste. Es una forma de hacer política que tiene éxito y cala en la sociedad

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Fue el meme del día: los «Ratones transgénero». Pero detrás de la broma, o mejor dicho, gracias a ella, se ratifica la principal arma política de Donald Trump. No importa la mentira o la tergiversación. Importa lo que diga yo, «el rey supremo». En especial si lo haces frente al Congreso.

Si el presidente de los Estados Unidos despedía a Volodímir Zelenski​por «faltarle el respeto a La Casa Blanca», lo que hizo ante el órgano legislativo merece una autoexclusión y una disculpa a los espectadores y votantes.Sabemos que no va a pasar, claro está. Sin embargo, no deja de ser preocupante lo sucedido el pasado martes.

Para quienes no saben de qué hablamos, ponemos el contexto: Trump hizo su primera comparecencia ante el Congreso como presidente electo. Y allí, como una demostración del derroche del gobierno anterior y para ratificar la vigilancia del entrante, aseguró que Biden gastó «8 millones de dólares para hacer que los ratones sean transgénero».

Ante las risas de los presentes y el abucheo para Biden, por parte de los republicanos, Trump insistió: «Esto es real», advirtiendo que eso es solo un ejemplo de cómo el dinero de los contribuyentes se usa en investigaciones innecesarias. Esto sirvió para mencionar al Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), una iniciativa respaldada por los republicanos destinada a eliminar lo que consideran gastos superfluos, liderada por su gran pana, Elon Musk.

Como es habitual, Trump no mencionó una fuente científica que apoyara su afirmación. De manera que solo quedaba inferir que el presidente hacía referencia a la audiencia “Ratas de laboratorio transgénero y cachorros envenenados: supervisión de la crueldad animal financiada por los contribuyentes”, dirigida por la representante republicana Nancy Mace.

La audiencia tenía como fin examinar proyectos de investigación financiados con dinero de los contribuyentes de Estados Unidos. De hecho existe un informe del White Coat Waste Project, un grupo de vigilancia contra las pruebas en animales financiadas por el gobierno. De allí se desprendió que supuestamente se habían gastado más de 10 millones de dólares en experimentos con ratones, ratas y monos transgénero.

Como cita The Economist, después del discurso de Trump, y tal vez para darle alguna validez científica, la Casa Blanca compartió una lista de subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Estas incluían:

  • $455,000 para un estudio sobre la terapia hormonal y la respuesta a la vacuna contra el VIH en ratones.
  • $2.5 millones para examinar las consecuencias reproductivas de la administración de hormonas esteroides.
  • $299,940 para la investigación sobre el impacto de la terapia con testosterona en el cáncer de mama.
  • $735,113 para un estudio sobre cómo la terapia hormonal de afirmación de género afecta el microbioma en ratones.
  • $1.2 millones para analizar los efectos de los andrógenos en el eje neuroendocrino reproductivo.
  • $3.1 millones para investigar cómo las hormonas influyen en los resultados del asma.

En resumen, el total de subvenciones superaba los 8.2 millones de dólares, de manera que se podría decir que la cifra se acerca a la dada por Trump en el Congreso. Sin embargo, hay un «pequeñito» problema en el discurso de fondo: ninguno de estos proyectos estaba relacionado con la transición física de ratones de un género a otro. Por el contrario, son estudios médicos que examinaron los efectos hormonales y las diferencias biológicas basadas en el sexo.

Una rápida verificación de hechos, realizada por fuentes especializadas, concluía que Trump había malinterpretado los informes, pues los mismos involucraban a ratones transgénicos, roedores modificados genéticamente utilizados para estudiar enfermedades humanas, en lugar de experimentos sobre la identidad de género. Estos ratones han sido ampliamente reconocidos como herramientas cruciales en los avances médicos.

Ahora, ¿se trata de una malinterpretación fortuita o con toda intención? El presentador de televisión y humorista Jimmy Kimmel, al referirse a este episodio se preguntaba: “¿Son tan tontos que no saben cómo buscar en Google?”

«Escuchas al presidente de los Estados Unidos decir que estamos gastando 8 millones de dólares para hacer operaciones de cambio de sexo en ratones. Dices: ‘Bueno, estoy seguro de que está exagerando, pero debe haber algo ahí’. Resulta que no es así. No es real. El gobierno gastó dinero en ratones transgénicos, que son ratones modificados genéticamente que se utilizan en pruebas de laboratorio para estudiar enfermedades. No tiene nada que ver con ser transgénero más allá de la parte ‘trans’ de la palabra”, añadió Kimmel en su programa nocturno de entrevistas de la cadena ABC.

«¿Crees que lo saben y lo ignoran? ¿O son tan tontos que no saben cómo buscar en Google? ¿O tal vez piensan que somos tan tontos que no sabemos cómo buscar en Google? No lo sé. ¡Están convirtiendo a Mickeys en Minnies y a Minnies en Mickeys! No, solo están tratando de curar la demencia y las enfermedades cardíacas, lo que uno pensaría que Trump haría si se dieran cuenta de que ambos vendrán a por él muy pronto», concluyó el presentador.

Las dudas de Kimmel parecen de cortesía. Mucho me temo que no solo piensan que el público es tonto, también que hay quien está más que dispuesto a creer cualquier cosa del presidente solo porque es Trump quien lo dice.

Según CNN, en las últimas semanas de campaña presidencial, el representante del partido republicano realizó al menos 28 afirmaciones falsas, sobre todo asociadas a que la inmigración es sinónimo de criminalidad. Y aún así, Trump ganó las elecciones. O, peor aún, tal vez por eso ganó las elecciones. Los votantes, ante la ausencia de pruebas, prefirieron creer. Convirtieron el acto de ir a las urnas en uno de fe y esto es lo que hoy tienen, un mandatario gritando que van a convertir Mickeys en Minnies y a Minnies en Mickeys.

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