Opinión

El Programa de Febrero cumple 90 años

En 1936, Eleazar López Contreras presenta el Programa de Febrero, un plan reformista con el que buscaba mantener la legalidad ante una sociedad que lo confrontaba cada vez más

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El general Eleazar López Contreras, sucesor de Gómez en la presidencia
Foto |cortesia y archivo

El 21 de este mes es el nonagésimo aniversario del anuncio hecho por el presidente Eleazar López Contreras del Programa de Febrero de 1936, acontecimiento histórico de enorme importancia cuya relectura se nos hace singularmente pertinente.

Ocurrió en este país que entonces era de apenas 3.4 millones de habitantes y tres de cada cuatro de ellos vivían en el campo. El petróleo ya era el dato económico más importante, pero poco tenía que ver con la vida social real donde más de la mitad de las “industrias” existentes producían papelón, melaza, queso, tabaco, aguardiente y alpargatas.

López Contreras venia de ser ministro de Guerra y Marina de Juan Vicente Gómez, a cuyo lado se había formado en una biografía con momentos diversos, incluso algunos de recelos y durísima prueba a una lealtad que mantuvo. Había formado parte del “régimen” desde los 16 años, cuando recién bachiller se enroló en el ejército de la “Revolución Restauradora” en la que Castro era el líder y su compadre Gómez la mano derecha y vicepresidente hasta que en 1908 decidiera asumir el poder que ejerció durante veintisiete años.

Escogido en diciembre para suceder al fallecido “Benemérito” de acuerdo a sus reglas, en enero López hace demoler la tenebrosa cárcel de La Rotunda, suelta presos y empiezan a regresar los exiliados. Pero hay suspensión de garantías “para preservar la paz” y el general Galavís, gobernador de Caracas, censura los medios de comunicación.

El 14 de febrero, una manifestación en protesta por esas medidas es reprimida violentamente con saldo de seis muertos y más de cien heridos. Vienen desórdenes y saqueos de casas de gomecistas. El 21, el presidente López Contreras habla por radio al país y anuncia la restitución de las garantías, la sustitución de Galavís por el general Mibelli, andino y también militar, pero que, a partir de 1928, había disentido y estado preso hasta 1935, y presenta el Programa de Febrero, plan reformista en el cual debió venir trabajando desde hace tiempo, porque es poco creíble que lo preparara en una semana.

Su intento era mantener la legalidad, heredada del régimen del que participó, “pero la vida de los pueblos atraviesa a veces etapas de evolución tan compleja, que es casi imposible mantenerla en los límites de la estricta normalidad legal; y se hace entonces indispensable, en resguardo de los intereses superiores de la colectividad que sea el Estado mismo el que se adapte a la realidad del momento…”

¿Qué contenía el Programa de Febrero? Va un apurado resumen:

Régimen de legalidad: enérgica oposición a las arbitrariedades “ya sea que provengan de los funcionarios públicos o de los ciudadanos”. Respetar y hacer respetar las garantías establecidas en la constitución. Autonomía municipal, reorganización de la administración de justicia como medida “urgente”, creación de la Oficina Nacional del Trabajo para actualizar la legislación y dictar la reforma que sea necesaria, favorecer la agremiación de trabajadores y patronos, pues sin ellas “toda legislación del trabajo es inoperante”.

Higiene pública y asistencia social: organismos y políticas públicas para atender la salud rural (paludismo, anquilostomiasis) y urbana (cloacas, acueductos), con especial atención a la madre y el niño, tuberculosis, venéreas, así como a la alimentación. Vías de comunicación: sistema nacional de carreteras, puertos, promoción de la aviación comercial, marina mercante, servicios de correos, telégrafos y teléfonos.

Educación: alfabetización, nuevas instalaciones escolares, reforma educativa y de las universidades que incluye la autonomía, educación física, estímulo a la ciencia, escuelas de artes y oficios. Reformas audaces en la agricultura y la cría; la política fiscal, económica y comercial, la inmigración y por tratarse de materia de la cual “depende el prestigio” interior y exterior del Estado, especial atención a las Fuerzas Armadas “que solo sirven a los intereses nacionales y son extrañas a las luchas políticas”.

Moverse con tiento debía López Contreras, pero moverse porque el país real lo pedía. Armado de prudencia, la virtud esencial de la política. No por casualidad un historiador de la perspicacia de Ramón J. Velásquez, que sería Presidente también en trance muy difícil, advierte un condicionante cuya gravitación coyuntural y eventualmente estructural no podía ignorarse: “Pero el gomecismo es una realidad poderosa. No en balde ha ejercido el gobierno, sin freno ni control, durante casi tres décadas y ha logrado conformar una nación a imagen y semejanza de sus intereses. Grandes sectores de la población viven atemorizados y creen sinceramente que el ejercicio de las libertades es dañino”.

Prudencia, equilibrio, comprensión de la realidad y sus demandas. En el momento llovieron las críticas de lado y lado, los reclamos eran muchos, las aspiraciones infinitas, los riesgos múltiples. El paso del tiempo ha permitido que su imagen crezca en valor.

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