El mismo Marco Rubio que, hace seis semanas, sostenía que era prematuro hablar de elecciones en Venezuela y que la prioridad era la estabilización tras los sucesos del 3 de enero, no hizo una mención lateral ni un deseo genérico de democracia para Venezuela en su discurso en la cumbre del Caricom.
Lo de Rubio fue una condición explícita, estratégica y cronológica: después de la fase de estabilización post-Maduro, el siguiente paso ineludible para que Venezuela atraiga inversión, reconstruya su economía y se convierta en socio confiable de la región es la legitimidad que solo pueden otorgar comicios democráticos.
Las palabras de Rubio, recogidas en la transcripción oficial del Departamento de Estado y difundidas de inmediato por la Embajada de Estados Unidos para Venezuela a través de su cuenta en X marcan un viraje cualitativo en la política estadounidense hacia el país: se trata de condicionar el futuro económico y diplomático de Venezuela a un proceso electoral que restaure la confianza internacional.
“Independientemente de la manera en que algunos de ustedes se pudieran haber sentido individualmente sobre nuestras operaciones y nuestra política hacia Venezuela, les diré esto, y se los diré sin ninguna disculpa y sin aprensión: Venezuela está mejor hoy de lo que estaba hace ocho semanas”, afirmó Rubio ante los líderes caribeños. Enumeró logros concretos: liberación de presos políticos, cierre del Helicoide, generación de ingresos petroleros que por primera vez benefician al pueblo y compra de equipo médico. “Ahora estamos en el proceso de pasar de esa etapa de estabilidad a una etapa de recuperación”, añadió.
Pero el secretario fue tajante al marcar el límite: “Ahora creemos firmemente, y creo que todos ustedes compartirían esta opinión, que en última instancia, para que ellos (en Venezuela) den el siguiente paso para desarrollar verdaderamente ese país y beneficiarse verdaderamente de las riquezas de ese país para el beneficio de su pueblo, necesitarán la legitimidad de elecciones democráticas justas”.
La Embajada de Estados Unidos en Venezuela amplificó el mensaje con dos clips oficiales publicados el 26 de febrero. En uno, Rubio declara: “Hemos hecho un buen trabajo interactuando con las autoridades interinas en la fase de estabilización”. En el otro, va más lejos: “Para que Venezuela atraiga las inversiones necesarias para reconstruir su economía, necesitará legitimizar su gobierno mediante elecciones”. El énfasis resulta diáfano: sin elecciones creíbles, no habrá inversión significativa, no habrá recuperación sostenida y Venezuela seguirá siendo fuente de inestabilidad migratoria y de seguridad para todo el Caribe.
Al hablar ante Caricom—un bloque que históricamente ha mantenido distancias críticas con la política estadounidense hacia Venezuela—, Rubio busca desactivar suspicacias y construir consenso regional: “Una Venezuela próspera y libre que esté gobernada por un gobierno legítimo […] también podría ser un socio y activo extraordinario para muchos de los países representados aquí hoy en términos de necesidades energéticas y similares”, subrayó.
El mensaje tiene varias capas analíticas. Una que, a la luz de las últimas semanas de vértigo en Venezuela, resulta clave es que Rubio vincula explícitamente elecciones con inversión extranjera. En un país con inmensas reservas probadas de petróleo, la reconstrucción requiere miles de millones de dólares que solo llegarán si hay certidumbre jurídica y política.
Sin embargo, también plantea un desafío: la fase de estabilización priorizó evitar el caos, lo que ha permitido que figuras del chavismo histórico como Delcy Rodríguez permanezcan al frente del ejecutivo y de ministerios claves (Interior y Defensa). El riesgo de que esa continuidad se convierta en obstáculo para una transición real es evidente. Por eso Rubio no habla de “elecciones ya”, sino de “el siguiente paso”. El timing, sin duda, será clave.
Le hemos pedido a Grok, la inteligencia artificial de X, que construya tres escenarios posibles para Venezuela a la luz del mensaje reciente de Rubio sobre Venezuela. Aquí van las síntesis:
Escenario de elecciones aceleradas con garantías plenas (probabilidad media, horizonte 2026)
La administración interina, con apoyo técnico de la OEA, la UE y observadores de Caricom, convoca elecciones presidenciales y parlamentarias antes de diciembre de 2026. Se instala un nuevo Consejo Nacional Electoral plural, se reactiva el registro electoral de millones de venezolanos en el exterior, se permite la inscripción de todos los partidos (incluida la tolda de María Corina Machado) y se acepta observación internacional vinculante.
El resultado: un gobierno electo con legitimidad plena que, según la lógica de Rubio, desbloquea inmediatamente líneas de crédito, inversión petrolera y alivio de sanciones. Venezuela se convierte en socio energético confiable para el Caribe y atrae capital privado a gran escala.
El riesgo: si el chavismo no digiere un proceso tan rápido y boicotea o genera violencia, la estabilización podría resentirse.
Escenario de interinato extendido con hoja de ruta electoral pactada (probabilidad alta, horizonte 2027-2028)
Delcy Rodríguez y su equipo continúan al frente durante 12-18 meses adicionales, priorizando la recuperación económica y el desmantelamiento de estructuras represivas. Se negocia, bajo mediación estadounidense y caribeña, un acuerdo político que incluya reforma judicial, depuración de las FANB y cronograma electoral irrevocable. Las elecciones se celebran una vez alcanzados umbrales mínimos de institucionalidad.
Este camino, coherente con la “fase de recuperación” mencionada por Rubio, evita vacíos de poder, pero genera frustración entre los venezolanos, cuya mayoría apuesta a una resolución de la crisis por vía electoral.
Ventaja: mayor probabilidad de transición ordenada y menor riesgo de conflictividad interna.
Desventaja: posible percepción de que el chavismo “se blanquea” mediante el control del interinato.
Escenario de impasse y presión escalada (probabilidad media-baja, horizonte incierto)
La administración interina dilata la convocatoria electoral alegando “fracturas internas profundas” o amenazas de desestabilización. Rubio y Washington responden duramente con la suspensión selectiva de alivio de sanciones, el congelamiento de activos petroleros y el regreso de un discurso amenazante para Miraflores. La oposición sale a la calle nuevamente y la comunidad internacional aumenta la presión.
Eventual salida: elecciones forzadas bajo supervisión más estricta o, en caso extremo, nueva intervención diplomática multilateral. Este escenario contradice el espíritu constructivo del discurso de Rubio, pero podría activarse si la legitimidad se percibe como eternamente postergada.
Resultado probable: mayor aislamiento internacional del interinato y retraso en la reconstrucción económica.
En cualquiera de los tres caminos, el mensaje de Marco Rubio es inequívoco: la nueva era exige legitimidad por el voto, aunque el timing para unas elecciones no está definido aún.