Opinión

El millonario que no quiere envejecer: la aburrida vida de Bryan

Un empresario estadounidense se obsesionó por prolongar su vida e invierte su fortuna en detener el envejecimiento. Pero quizás el secreto esté en algo más simple | Por: Sebastián Lodato, sociólogo

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Foto: Bryan Johnson
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Bryan Johnson es un millonario estadounidense que, tras dedicar gran parte de su vida a las inversiones y el capital de riesgo, a sus 40 años decidió que su verdadera pasión es vivir para siempre.

En ese sentido, ha dedicado los últimos nueve años de su vida a esta meta. Usándose a sí mismo como rata de laboratorio, sus gastos anuales en suplementos y tratamientos experimentales superan los dos millones de dólares.

La estrategia de Johnson parece sacada de un libro de ciencia ficción sobre un futuro que hoy no es tan distante, donde el análisis en tiempo real de las micrométricas no solo forma parte de las máquinas inteligentes más avanzadas; en ellas, los casos de pérdida o mal funcionamiento de algún combustible o componente son inmediatamente corregidos desde la raíz por un sistema que se retroalimenta millones de veces por segundo.

Lo mismo hace este hombre con su cuerpo: diariamente un equipo de médicos mide a detalle su peso, grasa, músculo, hidratación y rigidez arterial. Cada 90 días lo mismo ocurre con otros cientos de biomarcadores que le dan un entendimiento profundo sobre su edad biológica y los cambios ocurridos con respecto a qué tan óptimo es su cuerpo.

La revista Huffpost señala que: “Johnson consume hasta 111 suplementos y medicamentos diarios, se somete a constantes pruebas médicas para controlar el funcionamiento de todos sus órganos y registra de forma sistemática numerosos parámetros de su cuerpo. Entre ellos, monitoriza incluso sus erecciones nocturnas como indicador de salud vascular y hormonal.”

La edad biológica vendría siendo el grado de envejecimiento de su cuerpo comparado con con su edad real. Es como ese amigo que tiene 35 pero la piel todavía como un adolescente.

No en vano hoy a sus 48 años, el señor proclama que su edad biológica es de 18 años. Eso sí, hay partes de su cuerpo que mantienen edades distintas, como su cerebro que tiene las características de uno de 42 o su piel que tiene la tersura de 28.

Si viéramos los datos de la vida de Bryan en una pizarra sin contexto, al analizarlos no se sabría decir si estamos hablando de una simple máquina con indicadores que hay que gestionar o de un ser humano con una vida por vivir… No parece muy natural traer las métricas usadas para hacer que una computadora ande y aplicarlas para que la gente tenga una mejor vida. ¿Quizá es súper humano?

Tomando en cuenta que cada quien vive su vida e invierte su tiempo y dinero en lo que mejor le parezca, no puedo eludir el pensar en cómo la vida medida y cronometrada de este pana pareciera más bien la epítome de la existencia moderna como una cárcel de horarios, macronutrientes y compromisos, que la vida bien vivida de un humano conectado con los suyos y su entorno.

Es que muchísimas de las personas que fantasean con tener un poder adquisitivo similar al de Johnson proclaman querer una vida con mayores grados de flexibilidad en cuanto a qué, cómo y dónde vivirla; y si bien este tipo ha hecho justamente eso, el resultado pareciera más una jaula que un jardín.

Desde transferirse plasma de su hijo, hasta tener una dieta vegana que consiste en más de 100 pastillas diarias consumidas en una ventana de 5 horas, no llevar sol y más de 30 médicos haciéndole seguimiento… me pregunto yo: ¿vale la pena una vida a ese nivel de monitorización autoimpuesta?

Las zonas azules y la enfermedad

Existen varios grupos de personas que ya han logrado buena parte de lo que el millonario tecnológico está persiguiendo; de hecho, se han logrado identificar y validar cinco comunidades con una longevidad excepcional en cuatro regiones: Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Ikaria (Grecia) y Nicoya (Costa Rica) que superan por más de 10 veces la cantidad de personas que llegan a los 100 años en proporción, comparados con países como EE. UU. ¿Cuál es su secreto?

Hay muchas teorías de elementos que aparentemente contribuyen con esto, pero en líneas generales la fórmula es simple: contacto con su comunidad, actividad física constante en proyectos que les dan propósito y dietas conectadas con su tierra. El resto parece ser añadidura…

Es paradójico que, con todos sus esfuerzos, el tipo seguramente más monitoreado y con la dieta óptima diseñada por lo mejor que el dinero y la ciencia pueden brindar, fuese diagnosticado este mismo año con gastritis autoinmune, una enfermedad crónica e incurable en la que el sistema inmunitario ataca por error las células del revestimiento del estómago.

Me hace reflexionar en la posibilidad de que gran parte de las respuestas que Bryan Johnson busca ya están en la naturaleza y tenemos ejemplos vivos de eso. Podemos seguir yendo al gimnasio, tomando creatina y tratando de «ser alguien» en esta sociedad moderna, pero las respuestas fundamentales de cómo vivir bien y largo ya están sobre la mesa.

Creo que la tecnología debe complementar, apoyar y engranarse con el estilo de vida natural; la respuesta no puede ser meterse literalmente 100 cápsulas al día, aislarte de tu comunidad por seguir protocolos que optimizan marcadores biológicos y acostarse a dormir a las 10 de la noche, aunque sea el cumpleaños de tus hijos.-Por: Sebastián Lodato, sociólogo

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