Quizá no recuerdes haber escuchado el nombre Brigitte Adams, pero las probabilidades de que hayas visto, leído o escuchado obre ella durante el 2014 son bastante altas. Y no porque haya sido una artista de un solo hit o protagonizado algún escandalo sino algo más perturbador.
A sus 39 años, Brigitte fue el rostro al cual le invirtieron millones de dólares para venderle a la mayor cantidad de mujeres posible una certeza: que congelar sus óvulos era una garantía futura, que gracias a los avances tecnológicos todas podrían postergar su deseo de tener hijos, empoderándolas para convertirse en grandes profesionales sin abandonar su sueño de ser madre algún día.
Esta mujer fue utilizada cual preservativo por la industria, para vender una verdad a medias de la que ni ella se pudo salvar
En 2014, la revista Bloomberg publicó una portada con una promesa que parecía sacada del futuro: «Más tarde, cariño: ¿congelar tus óvulos te permitirá impulsar tu carrera profesional?».
En su momento pagó alrededor de 19.000 dólares por congelar 11 óvulos y el procedimiento le dio tantísima confianza que estuvo dispuesta a ser cara y promotora del mismo. Claro que esto no le aseguraba un bebé pero se lo vendieron y nos lo vendieron casi como una certeza
Había un detallazo: guardar óvulos no es lo mismo que guardar la posibilidad exitosa de tener un hijo. E, irónicamente, Brigitte Adams lo comprobó con una sorpresa bien amarga
La realidad que no publicitaron
Cuando Adams decidió por fin descongelar sus certezas y proceder a ser madre utilizando aquellos óvulos, empezó el proceso que muchos medios convenientemente ignoraron.
De los 11 óvulos congelados, dos no sobrevivieron a la descongelación. Otros tres no consiguieron fecundarse. De los embriones restantes, cinco parecían anormales. El último fue transferido a su útero, pero el embarazo no prosperó.
Los óvulos que había guardado no le permitieron tener el hijo que las farmacéuticas le habían asegurado. Debido a esto Adams recurrió a un óvulo y a esperma donados con los que quedó embarazada de una niña. Luego de una temporada que muy dura, indicó lo siguiente sobre el día que se enteró que no podría usar sus óvulos: «Fue uno de los peores días de mi vida. Sentía muchísimas cosas. Estaba triste, estaba enfadada, sentía vergüenza».
Mas allá de su agridulce final, para mi el tema está en que muchas veces la narrativa científica nos vende modestos y grandes avances como soluciones definitivas para problemáticas complejas y termina siendo una verdad a medias que cobra millones de victimas.
Afortunadamente, Adams tuvo los medios emocionales y financieros para salir adelante y hacer su historia pública, pero como ella, miles de mujeres en su situación vieron cercenados sus sueños para siempre por una propuesta engañosa. La ambición sobrepasó a la verosimilitud.
Nos hace reflexionar, ser mas cautelosos y recatados con cuanta confianza depositamos en las autoridades científicas y empresas que dicen trabajar en pro del bienestar humano, ya que, pareciera que ciegos por el capital no les importa exagerar una verdad para multiplicar sus ganancias asi eso cueste la vida de millones de personas.
La cara real
La congelación de óvulos puede funcionar. No es un engaño ni una tecnología inútil. Puede aumentar las posibilidades de tener un hijo en el futuro, especialmente cuando los óvulos se congelan a una edad temprana.
Una revisión sistemática publicada en Human Reproduction Update analizó datos de 8.750 mujeres. Entre las que regresaron para utilizar sus óvulos, la tasa media de nacimiento vivo fue del 28 %. En el subgrupo que había congelado sus óvulos a los 35 años o antes, fue del 52 %; entre quienes los congelaron a partir de los 40, del 19 %.
Y hay otra cuestión: no basta con preguntar cuántos óvulos se han congelado. También importa cuántos sobreviven, cuántos se fecundan, cuántos embriones se desarrollan y si finalmente se consigue un nacimiento.
El problema aparece cuando una posibilidad médica se comunica como si fuera una forma de control sobre el futuro. no estamos hablando solamente de una intervención médica. Estamos hablando de decisiones que pueden afectar a los planes de vida, las relaciones, el dinero y las expectativas más íntimas de una persona.
Congelar óvulos puede ser una decisión razonable. Para algunas mujeres, puede representar una oportunidad valiosa. Pero oportunidad no es certeza.
Sebastián Lodato es sociólogo venezolano. Ha visitado más de 100 ciudades del mundo, en la construcción de una mirada holística de la vida desde un lente hispanoamericano. Actualmente dirige LodatoLab.