Opinión

1936 para recordar, comprender y mirar adelante

Hace noventa años de los importantes sucesos de 1936. Somos un país muy distinto al de entonces y, sin embargo, somos el mismo país

Publicidad
"1936" para recordar, comprender y mirar adelante
Foto |Cortesía

Agradezco a Carlos Oteyza su nueva película “1936: el año en que se perdió el miedo al poder”, largometraje documental que vi entre curioso y emocionado. Lo que el cineasta y amigo viene haciendo por la memoria y la conciencia venezolanas es, francamente, invalorable. Habremos de reconocerle, como merece, su aporte a la comprensión del país que hemos sido y en buena medida, el que podemos ser.

Como les conté la semana pasada y como a mis amigos y lectores más viejos les consta, soy aficionado a la historia, a la propia y también a la ajena. Al pasado lo miro sin nostalgia, aunque a veces ésta me tiente. Privan en mí el interés por conocer y la pasión por comprender para servir mejor, para ser más útil, tarea de la que no me jubilo porque para un ciudadano la indiferencia no es opción, sin perder de vista, claro, que a esta edad es más lo que he vivido que lo que me queda por vivir.

Hace noventa años de 1936. Somos un país muy distinto al de entonces y, sin embargo, somos el mismo país. Con la muerte de Juan Vicente Gómez en diciembre de 1935, un acontecimiento tan esperado como impensable, se ponía fin a veintisiete años de dictadura y aquella nación acostumbrada al miedo no era capaz de sentirse libre de golpe. Iría animándose a reconocer la libertad a tientas, de sorpresa en sorpresa, sin apercibirse de cuan nuevas podían ser las novedades.

Lo sucede el general Eleazar López Contreras, un hombre del sistema, ministro de Guerra y Marina –hoy sería de la Defensa-, escogido provisionalmente por el gabinete, como estaba previsto hasta que el Congreso, designado según las reglas formales y materiales de aquel régimen, eligiera un titular del cargo que fue él mismo. Colgará el uniforme, se vestirá de civil y como tal se comportará. Promoverá una reforma constitucional que elimina la reelección y reduce el período presidencial. En su gobierno, hombres como él venidos del sistema fundado en 1899, comparten con otros que vienen de ser desterrados, proscritos o presos.

De repente, los cambios fueron emergiendo como salidos de la tierra. Sueltan a los presos políticos, regresan los exiliados, se derrumban cárceles que eran símbolos del oprobio, en una libertad desconocida cuyos límites había que ir probando. Partidos, sindicatos, movimientos estudiantiles primero la FEV luego UNE, suenan como palabras nuevas. De repente, se descubre que discutir ya no está prohibido.

"1936" para recordar, comprender y mirar adelante

Empezaba una apertura gradual, cautelosa, desde adentro y desde arriba. Los que están afuera y abajo piden más, porque necesitan más. Visto en la distancia, asombra que aquel país atrasado haya podido lograr lo que logró.

Los sucesos del 14 de febrero, manifestación popular, represión, reacción y rectificación, marcan una dirección y aceleran el paso, aunque la inconformidad siga reclamando y con razón, que falta más pero también es verdad que las manecillas del reloj las mueve –o las detiene- la terca realidad y no la voluntad de algunos.

El Programa de Febrero es presentado el 21 de ese mes. Obviamente se aprovechó la oportunidad coyuntural, porque sería tonto pensar que un conjunto tan orgánico de reformas se hubiera armado en una semana. Líneas en cuanto a legalidad, derechos y garantías, autonomía municipal, salud y asistencia social, vías de comunicación, educación y cultura, trabajo, agricultura y economía.

Ese año se dicta la Ley del Trabajo, se crea el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, donde Tejera reúne un equipo formidable con Gabaldón en Malariología, Oropeza en Pediatría y Puericultura, Vegas en Lepra y Venéreas, Baldó en Tuberculosis, Diez y García Maldonado. En 1938 se crea la Contraloría, en 1939 el Banco Central. La educación cambia.

Con “calma y cordura” aquel andino paciente fue escuchando al país, y también convenciéndolo de sus argumentos para llevarlo a su paso.

La historia no se repite. Todas las mañanas son nuevas. Pero si aquella Venezuela donde seis de cada diez mayores de diez años no sabían leer y escribir, y casi 70% vivía en el campo, con una población mayoritariamente desnutrida y enferma pudo ¿cómo no se va a poder ahora?

El deber es de todos y la clave está en la calidad de la política, tanto la que el liderazgo nos proponga como la que nosotros, los ciudadanos, seamos capaces de ir construyendo.

Publicidad
Publicidad