La toxina botulínica también es una solución a la hiperhidrosis
La hiperhidrosis afecta aproximadamente al 3% de la población del planeta y para muchos resulta una verdadera pesadilla
La hiperhidrosis afecta aproximadamente al 3% de la población del planeta y para muchos resulta una verdadera pesadilla

Lo que en sus inicios revolucionó el tratamiento de las arrugas hoy se posiciona como una alternativa médica clave para quienes sufren de sudoración excesiva. En 2026, la toxina botulínica se consolida como uno de los tratamientos no quirúrgicos más efectivos para controlar la hiperhidrosis en zonas como axilas, palmas de las manos y plantas de los pies.
Esta condición, que afecta aproximadamente al 3% de la población mundial, provoca una sudoración muy superior a la necesaria para regular la temperatura corporal, impactando directamente la calidad de vida de quienes la padecen.
“La hiperhidrosis va mucho más allá de una incomodidad física. Puede afectar la seguridad, las relaciones personales e incluso el desempeño profesional”, explica la doctora Cristina Premerl, médico estético especialista en medicina fotónica.
El tratamiento consiste en la aplicación de microinyecciones de toxina botulínica que bloquean de forma selectiva la liberación de acetilcolina, el neurotransmisor responsable de activar las glándulas sudoríparas. A diferencia de su uso en estética facial, en este caso la aplicación se realiza a nivel intradérmico, distribuyendo pequeñas dosis en puntos estratégicos previamente delimitados en la zona a tratar.
“Es un procedimiento rápido, seguro y mínimamente invasivo. En cuestión de días, el paciente comienza a notar los resultados sin necesidad de someterse a cirugía”, añade la doctora Premerl.
De acuerdo con los estudios más recientes, este tratamiento puede reducir la sudoración entre 80% y 90% en las áreas tratadas. La sesión se realiza en consulta en un tiempo estimado de 15 a 30 minutos, y los efectos comienzan a apreciarse entre el tercer y séptimo día.
Los resultados, aunque temporales, pueden mantenerse entre 6 y 12 meses, dependiendo del metabolismo del paciente y la zona tratada. Además, a diferencia de procedimientos quirúrgicos, no suele presentarse sudoración compensatoria en otras partes del cuerpo.

“Una inquietud frecuente es pensar que el sudor se acumula en el organismo, pero no es así. Simplemente deja de producirse en la zona tratada, mientras el resto del cuerpo continúa funcionando con normalidad”, aclara la especialista.
Los avances tecnológicos han permitido optimizar significativamente este tratamiento. Actualmente, el uso de microagujas ultrafinas, junto con anestesia tópica o crioterapia local, hace que el procedimiento sea prácticamente indoloro, incluso en áreas sensibles.
Asimismo, las nuevas prácticas médicas permiten tratar varias zonas en una misma sesión, facilitando el acceso y mejorando la experiencia del paciente.
El impacto de este tratamiento va más allá de lo físico. Pacientes que antes evitaban el contacto social o limitaban su vestimenta, hoy experimentan una mejora significativa en su confianza y bienestar.
“Poder desenvolverse sin preocupación por la sudoración transforma la vida diaria. Son cambios que se reflejan tanto en lo personal como en lo profesional”, explica la doctora Premerl.