Repensar nuestro cerebro o el costo silencioso de la inteligencia artificial
Vivimos en una época fascinante. La inteligencia artificial puede ayudarnos a aprender más rápido, trabajar mejor y resolver problemas complejos. Pero ninguna tecnología vale la pena si nos desconecta de nuestra propia mente
Foto Pexels |Composición de imagen Alejandro Cremades
En muy poco tiempo, la inteligencia artificial dejó de ser una herramienta curiosa para convertirse en un compañero cotidiano. La usamos para buscar información, simplificar tareas, escribir textos, traducir ideas y responder dudas que antes nos obligaban a reflexionar. Sin embargo, esa comodidad también tiene un costo silencioso: estamos delegando demasiado, demasiado rápido, y sin medir cómo esto afecta nuestra forma de pensar.
Un reciente estudio citado por la Universidad de Pensilvania y reforzado por investigaciones del MIT, muestra que cuando las personas reemplazan los procesos mentales básicos —leer, analizar, deducir— por consultas rápidas a buscadores o chatbots, la capacidad de comprender, retener y relacionar información comienza a disminuir. No es que la inteligencia artificial reduzca nuestra inteligencia; es que la prisa por resolverlo todo nos está quitando el hábito de pensar.
Y ese, quizás, es el riesgo más grande: no la tecnología en sí, sino la desconexión de nuestras propias capacidades cognitivas.
Señales preocupantes de dependencia intelectual
Buscar información, contrastarla y llegar a una conclusión requiere energía mental. Pero cuando un sistema nos entrega respuestas inmediatas, dejamos de ejercitar ese músculo. Esa economía de esfuerzo, repetida día tras día, puede transformarse en dependencia intelectual.
Los estudios citados en el artículo original revelan señales preocupantes:
• Estudiantes que leen menos porque confían en que la IA “resumirá por ellos”. • Jóvenes que pierden vocabulario y comprensión lectora por exceso de contenido digerido en redes sociales. • Usuarios que, sin darse cuenta, confían más en la respuesta automática que en la reflexión propia.
Lo más alarmante es lo que los neurocientíficos llaman “atrofia cognitiva por desuso”: cuando dejamos de activar ciertas zonas del cerebro, estas comienzan a debilitarse. Es lo mismo que ocurre con un músculo inmóvil: se hace más pequeño.
Consejos para convivir con la inteligencia artificial sin perder la mente
La inteligencia artificial es una herramienta poderosa. El problema no es usarla, sino dejar que piense por nosotros. Aquí algunos principios para mantenernos intelectualmente despiertos en medio de un mundo que se acelera:
1. Usa la IA para guiar, no para reemplazar tu pensamiento. Permite que te dé variables, enfoques o puntos de partida; pero la interpretación final debe ser tuya. Pregúntate: ¿Qué opino yo de esto? ¿Qué conclusiones puedo sacar sin pedir otra respuesta?
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2. Recupera el hábito de leer en profundidad. No todo puede resolverse con un resumen de 10 líneas. La lectura profunda es gimnasio para el cerebro: fortalece memoria, análisis y concentración. Dedica al menos 20 minutos al día a leer sin interrupciones.
3. Construye ideas con tus propias palabras. Nada fortalece más la comprensión que explicar algo sin copiar frases textuales. Cuando reescribes, procesas. Cuando procesas, aprendes.
4. Pausas tecnológicas: tu cerebro las necesita. Un estudio de la Universidad de California reveló que las pausas son esenciales para asentar recuerdos y generar conexiones nuevas. Aléjate del teléfono mientras comes, caminas o conversas. Pequeñas decisiones marcan grandes diferencias.
5. Evita usar la IA para cada pequeña duda. Antes de preguntar: ¿Puedo pensar esto yo primero? Ese pequeño esfuerzo mantiene tu mente activa.
6. Conversa más con personas y menos con pantallas. Las interacciones humanas estimulan áreas del cerebro que la IA no puede activar: empatía, memoria emocional, escucha y creatividad social.
7. No creas todo lo que lees, contrasta. La inteligencia artificial puede inventar datos. Chequea, valida, duda. La duda es un signo de inteligencia, no de desconfianza.
La recuperación de un músculo olvidado: pensar
La doctora Shiri Melumad, citada en el estudio, decía que la “pereza cognitiva” no es nueva, pero la tecnología la ha hecho más atractiva que nunca. Sin embargo, la solución no es alejarnos de la IA, sino aprender a convivir con ella sin renunciar a nuestras facultades mentales.
Pensar toma tiempo. Comprender exige esfuerzo. Conectar ideas requiere silencio y atención. Pero, todo eso nos pertenece. Son capacidades que ninguna aplicación debería reemplazar.
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Porque cuando dejamos que otros piensen por nosotros —sean redes sociales, buscadores o algoritmos generativos— renunciamos a una parte esencial de nuestra humanidad: la capacidad de razonar, cuestionar, imaginar y crear desde nuestra conciencia.
El poder de seguir siendo humanos
Vivimos en una época fascinante. La inteligencia artificial puede ayudarnos a aprender más rápido, trabajar mejor y resolver problemas complejos. Pero ninguna tecnología vale la pena si nos desconecta de nuestra propia mente.
En tiempos donde lo inmediato seduce y lo profundo cansa, la verdadera rebeldía es pensar. La mayor libertad es discernir. Y la mejor inversión es ejercitar ese maravilloso órgano que llevamos dentro del cráneo.
Porque al final, la herramienta más poderosa no es la IA: es nuestra capacidad de usarla sin dejar de ser humanos.
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