Tom Cruise demuestra que sigue siendo el rey con "Misión: imposible - Sentencia final"
“Misión: imposible - Sentencia final” es un auto homenaje a todo lo que ha logrado esta saga a lo largo de sus ocho entregas. Y entre el vértigo y la tensión, también se toma su tiempo para explicar y reflexionar
A lo largo de casi tres horas, “Misión: imposible – Sentencia final” (2025) hace todo lo que puede por recordar que la saga que parece culminar aquí es el punto más alto del cine de acción contemporáneo. De modo que no escatima esfuerzos — o dinero — para explorar en una historia monumental y se convierte en una especie de vitrina donde se exhibe todo el catálogo de locuras controladas, acrobacias suicidas y amor por la esencia de la leyenda que Tom Cruise ha venido cultivando como Ethan Hunt.
Desde la primera escena se nos recuerda que este personaje, al igual que su intérprete, nunca ha obedecido del todo las reglas. Y, aun así, o quizás directamente por ese motivo, triunfa.
La cinta se construye sobre esa paradoja: el héroe indisciplinado que siempre salva el día. Un oxímoron con músculos, voluntad de acero y una inclinación por colgarse de aviones o precipitarse desde acantilados.
Por lo que buena parte de “Misión: imposible – Sentencia final” se regodea en los puntos más complicados de su historia, tratando de unir piezas de un gran rompecabezas. A un extremo, es una celebración a gran escala de un tipo de cine que muy rara vez se filma. Al otro, es una historia con su propia esencia, que intenta cerrar como puede todos los cabos sueltos que dejó la película anterior.
Así que esta octava entrega es tanto un escenario de despedida — casi emotiva, en algunas partes — como también, la mejor película del género de este año. Entre ambas cosas, Tom Cruise brilla en toda su cualidad como la última estrella en busca de avivar la llama del amor al cine.
De vuelta a los orígenes de la franquicia
La historia comienza dos meses después de los sucesos de “Misión: imposible – Sentencia mortal” (2023), y la amenaza ha evolucionado. Ya no se trata de hombres malvados con planes de dominación mundial, sino de una inteligencia artificial que ha infiltrado los sistemas tecnológicos más esenciales del planeta. Con un objeto codificado en su poder que podría significar el fin de esta entidad digital, Hunt se enfrenta a una decisión que va más allá de la acción. ¿Puede confiar en su gobierno para manejar un poder así? ¿Debería hacerlo?
Mientras el reloj avanza sin piedad, lo que está en juego ya no es solo una vida o una ciudad, sino la misma estructura que sostiene a la humanidad.
Afortunadamente, Hunt no viaja solo. Lo acompañan rostros familiares como Benji (Simon Pegg) y Luther (Ving Rhames), y nuevas figuras como Grace (Hayley Atwell), una ladrona de talentos insospechados. Este es un equipo que ha aprendido a confiar ciegamente el uno en el otro, incluso en medio del caos.
En lugar de avanzar con el ritmo frenético de anteriores entregas, “Misión: imposible – Sentencia final” se toma su tiempo para sumergirse en su propio mito. Es una obra autoconsciente, casi como si estuviera curando sus propias cicatrices y mostrando orgullosa sus tatuajes. Vuelven personajes, se cierran arcos y se revelan verdades insinuadas. Para los fans de largo recorrido, hay momentos que sabrán a caramelo: referencias a entregas pasadas, conexiones emocionales y una narrativa que abraza la nostalgia sin perder de vista el presente.
Pero esa misma reverencia por su legado puede saturar a quienes buscan una dosis continua de adrenalina. Hay monólogos sobre el peso del deber, reflexiones sobre el sacrificio e incluso un optimismo a prueba de explosiones que bordea lo cursi, pero que se siente genuino. Es como si, tras años de saltar entre edificios, la franquicia se detuviera a mirar el horizonte, justo antes de volver a lanzarse al vacío.
Misión imposible contra la Inteligencia Artificial
En un giro casi profético, el conflicto central de la película gira en torno a un mundo que ha sido absorbido por su dependencia tecnológica. En ese sentido, no sorprende que Tom Cruise haya encontrado en este argumento una especie de manifiesto personal. Y hay mucho de la convicción del actor sobre la importancia del acto humano en medio del avance tecnológico. Por lo que se enfrenta aquí a una amenaza que no puede golpear, escalar o disparar. La Entidad es invisible, ubicua, omnisciente. La peor pesadilla de Ethan Hunt y también de Cruise.
Y es justamente ese contraste lo que hace que esta entrega se sienta diferente: menos enfocada en gadgets imposibles y más centrada en la confianza humana. El mensaje es claro, aunque jamás enunciado explícitamente: en un mundo dominado por algoritmos y drones, aún hay espacio para el valor, la intuición y el sacrificio físico. La película parece gritarlo con cada explosión: la humanidad todavía tiene cartas que jugar. Y Cruise, por supuesto, se lanza con gusto a recordárnoslo, una escena a la vez.
En el plano técnico, “Misión: imposible – Sentencia final” no escatima recursos ni ambición. Aunque no ofrece acción sin pausa, cuando decide apretar el acelerador lo hace a toda máquina. McQuarrie, quien ya ha dirigido varias entregas de la franquicia, demuestra una vez más su habilidad para construir tensión paso a paso. Las secuencias no son solo espectáculos visuales: son estructuras cuidadosamente diseñadas para escalar en intensidad.
Destaca, por supuesto, una secuencia submarina de alto voltaje que podría competir con cualquier clímax cinematográfico reciente. Y sí, está también esa escena del avión que fue anticipada en cada tráiler y aun así logra sorprender. Ver a Cruise lanzarse al vacío como si el tiempo no pasara por él es un espectáculo en sí mismo, casi un rito. Esa escena — como muchas otras — parece concebida para que nos preguntemos si esta será la última vez en que lo veamos hacer algo así. Y si lo fuera, vaya forma de despedirse.
Un chico que filmaba monstruos en su cuarto ahora dirige a nominados al Oscar para una de las distribuidoras más respetadas del cine independiente. Algo ha cambiado en Hollywood y para bien. Pero sobre todo, ‘Backrooms” demuestra que el terror sigue siendo el trampolín ideal para el nuevo talento en el séptimo arte
“Star Wars: The Mandalorian and Grogu” intenta actualizar y refrescar el universo de Star Wars tras siete años de ausencia de la pantalla grande. Pero la cinta es mucho más un largo capítulo de la recordada serie y carece de emotividad, emoción y hasta interés en medio de una larguísima trama sin sentido