"Toy Story 5" existe porque tiene algo que decirnos
Tres décadas después de que un vaquero de plástico nos enseñara que ser querido importa más que ser nuevo, Pixar regresa con una pregunta incómoda: ¿y si los niños ya no necesitaran juguetes? Un dilema al que “Toy Story 5” se enfrenta
«Toy Story 5» resuelve desde sus primeras escenas el conflicto sobre si vale la pena otra película de una franquicia que parecía haber terminado de forma elegante, perfecta y emotiva en 2010. En realidad, uno de los grandes méritos de esta nueva entrega es demostrar que el mundo de los juguetes de Pixar tiene mucho que decir.
Y todavía tiene mucho espacio para explorar. Su quinta parte lo recuerda al retomar íntegro el espíritu de las primeras dos y muy recordadas cintas. Y también al demostrar que Pixar no ha olvidado cómo narrar una historia entrañable, mientras hace reír y llorar en el proceso. Todo a través de la imagen siempre encantadora del anaquel de juguetes de un niño. En este caso, una niña.
Por supuesto, hay algo paradójico en que una franquicia construida sobre la obsolescencia programada siga siendo, treinta años después, tan difícil de superar. Y tan relevante. «Toy Story» lo logra en su quinta entrega con una decisión brillante: encapsular toda su trama en la premisa original del mundo de los juguetes analizando el entorno humano. Además, explorando la idea sobre el poder de la imaginación y la importancia de asumir la niñez desde su inocencia. Nada nuevo bajo el sol, pero que en manos de Pixar se convierte en una perspectiva elegante sobre crecer y encontrar la sensibilidad de hacerlo con gracia.
Jessie, la nueva protagonista
Para eso, la trama sigue esta vez a Jessie (Joan Cusack), lo que le brinda un giro de aire fresco a la saga. Jessie revitaliza la historia y su paso a convertirse en protagonista tiene mucho de orgánico. Mientras Woody (Tom Hanks), mostró el largo recorrido para madurar y Buzz (Tim Allen) su lugar en el mundo, Jessie de alguna forma encarna el hacerse preguntas válidas sobre el hecho de crecer y entender el futuro.
De modo que la historia comienza por un punto tan doméstico como perturbador para la propia naturaleza de Jessie como juguete y “Toy Story” como saga. Al espiar la casa de la vecina de Bonnie (Scarlett Spears), Jessie encuentra juguetes abandonados en el jardín mientras los niños miran pantallas. No hay villano con capa, ni tampoco hacen falta, porque en esta ocasión a lo que se tienen que enfrentar nuestros héroes es al tiempo y la tecnología. Ambas cosas encarnadas en la tablet Lilypad (Greta Lee) que los padres de Bonnie compran con la mejor de las intenciones.
Pixar no toma el camino fácil de convertir a la tecnología en la mala de la película. En realidad, presenta el hecho como un síntoma de los tiempos. Algo que sorprende en “Toy Story 5” es que su historia se basa en la idea de la empatía, el deseo de comprender al otro y la soledad moderna, solo que contado a través de niños y juguetes.
Bullseye y Jessie (Joan Cusack)
La trama escala con elegancia en todos sus puntos y no deja en ningún momento de ser un equilibrio entre una obra madura y otra más simple. Un punto que pasa a través de Bonnie. La niña se comunica con sus compañeras de clase a través del chat de Lilypad, pero la conexión digital tiene un precio y además, uno complejo: abandonar el terreno de la simplicidad de una infancia rodeada de juguetes y encajar en algo más tecnológico.
Por lo que las niñas la presionan para que abandone sus juegos de infancia, que consideran vergonzosamente anticuados. Bonnie cede y esto se convierte en un puente entre “Toy Story 5” como continuación y una reflexión acerca de la ingenuidad y la pérdida de la inocencia profundamente inteligente.
Dolor y búsqueda en «Toy Story 5»
Jessie, por supuesto, ya conoce el rechazo: como los fanáticos de la saga recuerdan, fue abandonada por su primera niña, Emily. El guion de Andrew Stanton y McKenna Harris (quienes también codirigen) regresa a ese punto y tiene la inteligencia de no resolver ese dolor demasiado rápido. Mientras tanto, un percance durante una pijamada lleva a Jessie y a Bullseye a casa de Blaze (Mykal-Michelle Harris), una niña con la imaginación desbordante que Bonnie ha empezado a reprimir.
Jessie ve en esa amistad potencial una solución a todo el dilema: dos niñas que puedan acompañarse en aislamiento, ser solo niñas en una época que te exije crecer muy rápido. El problema es que para ejecutarla necesita colaborar con los juguetes tecnológicos de Blaze: Smarty Pants (Conan O’Brien), un juego de entrenamiento para ir al baño; Snappy (Shelby Rabara), una cámara; y Atlas (Craig Robinson), un mapa parlante. Todos fabricados por la misma empresa que produce Lilypad. De modo que el prejuicio de Jessie choca con la urgencia de la misión de salvar a Bonnie de tener que dar un paso a ser una niña que no puede recordar cómo era imaginar. Un conflicto más maduro y elaborado de lo que podría pensarse.
Algoritmos con sentimientos
Lo que hace que “Toy Story 5” se salga por completo del molde de la lucha entre lo tradicional y lo tecnológico es el hecho de que el guion explora el dilema desde la humanidad. Los nuevos juguetes avanzados, son evoluciones de los que en su oportunidad fueron Woody y Buzz. Por lo que, en lugar de caricaturas, son personajes que intentan entender sus dilemas, la posibilidad de ser olvidados, el hecho de que el mundo infantil es un cuestionamiento acerca de la naturaleza de la inocencia y la ternura.
En su gran aventura (que llevará a Jessie a entender la infancia contemporánea, su propia historia y hasta el amor), “Toy Story 5” no existe para justificarse: existe porque hay algo nuevo que decir, y lo dice con la confianza de quien lleva tres décadas ganándose el amor del público.
Por supuesto, puede parecer solo una película sobre juguetes, pero en realidad es una que habla de duelo, la adaptación y de qué significa querer a alguien en un mundo que cambia más rápido de lo que nadie puede seguir. También es, sin más, una de las mejores películas del año y justo por lograr lo que parecía imposible: contar la misma historia de siempre, solo que ahora, para una nueva generación.
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