“Amores materialistas” parece simple, pero no lo es
La directora Celine Song refunda la comedia romántica y la lleva a un terreno más práctico con “Amores materialistas”. Pero sin perder el sentido de la belleza y la emoción de contar — otra vez — una historia de amor que termina en un final — casi — feliz
Con “Amores materialistas” (2025), Celine Song parece completar la reflexión sobre el amor que comenzó con “Vidas pasadas” (2023). Su nueva cinta no solo celebra el romance, lo actualiza con inteligencia, por lo que la historia de un trío en una Nueva York de ensueño no pretende imitar a las películas románticas de finales de los 90 o principios de los 2000; más bien, toma su espíritu y lo reinventa.
La clave está en cómo presenta a sus personajes: no como arquetipos, sino como seres humanos con contradicciones y dilemas creíbles. Lejos de la nostalgia vacía o el homenaje superficial, Song explora en un relato que se siente familiar pero completamente renovado. Y aunque el tráiler puede sugerir que estamos ante una historia sacada del archivo de una video tienda noventera, “Amores materialistas” sorprende por su profundidad emocional.
La trama sigue a Lucy (Dakota Johnson), una mujer que trabaja uniendo parejas y que ha convertido su habilidad en un negocio exitoso. La actriz logra darle a su personaje un ambiguo aire de alguien que parece saber todas las respuestas, pero que es incapaz de indagar en sus propias preguntas. Algo más que obvio cuando Lucy asiste a una boda en la que uno de sus clientes contrae matrimonio gracias a su intervención profesional.
Por lo que resulta un poco paradójico que allí conozca a Harry (Pedro Pascal), el carismático hermano del novio y, aparentemente, el tipo ideal para cualquiera. Adinerado, encantador y claramente interesado en Lucy, además pudiera ocupar el punto más alto de la lista de ventajas que suele buscar para Adore, la App de citas para que ella trabaja. Solo que este gran candidato se está interesando — para sorpresa de nadie — en nuestra protagonista. Así que hay un match perfecto. O al menos, hasta que un giro del destino viene a complicar las cosas. Eso, cuando reaparece John (Chris Evans), un viejo amor que Lucy no ha podido superar.
El amor y el interés en Nueva York un día
Por supuesto, “Amores materialistas” basa buena parte de su argumento en plantear la cuestión sobre qué es más importante al momento de decidir el futuro en pareja. ¿Un romance tibio pero económicamente seguro o el clásico amor desinteresado pero destinado a la precariedad? La película construye con cuidado el triángulo emocional entre los tres, evitando caer en fórmulas repetidas.
Celine Song toma lo que podría haber sido una dinámica predecible y la eleva al dotar a sus personajes de una dimensión emocional que se siente genuina. Lucy no está atrapada entre “el rico” y “el pobre”; está debatiéndose entre dos caminos vitales que representan distintas versiones de sí misma. Y eso cambia por completo la lectura de la historia.
Lo más interesante de “Amores materialistas” es que evita con sutileza caer en las simplificaciones. A pesar de que el triángulo entre Lucy, Harry y John puede parecer el típico drama amoroso de “elegir entre el pasado y el futuro”, la película se niega a presentar villanos o decisiones obvias. Song, fiel a su estilo, construye a cada uno con suficientes matices como para que el público entienda por qué cualquiera de las opciones podría ser válida.
Lucy no está simplemente indecisa: está tratando de encontrar sentido a lo que significa compartir su vida con alguien, después de años en los que ha reducido el amor a una fórmula eficiente. La película no obliga al espectador a tomar partido. En lugar de eso, lo invita a mirar cómo Lucy navega sus emociones, sus recuerdos y sus expectativas. Al igual que en “Vidas pasadas”, la directora apuesta por el equilibrio emocional antes que por el drama exagerado.
Al final, nada es tansencillo
La tensión no se construye con gritos ni escándalos, sino con gestos, miradas y silencios que cargan con todo el peso del pasado no resuelto. Esta contención emocional, bien dirigida, convierte a “Amores materialistas” en una reflexión sutil sobre lo que dejamos atrás y lo que aún estamos dispuestos a buscar.
El guion de Céline Song merece una mención aparte. Su habilidad para desarrollar personajes que parecen reales, incluso cuando bordean los arquetipos del cine romántico, es admirable. Lucy, por ejemplo, tiene ideas claras sobre cómo evaluar una relación, y muchas de ellas se centran en cuestiones prácticas, como la estabilidad financiera. Pero lejos de parecer frívola o interesada, la película muestra cómo estas ideas están moldeadas por su experiencia, especialmente por lo que vivió con John.
En un momento clave, un recuerdo revela que la falta de dinero fue una fuente constante de tensión entre ellos. Por eso, su atracción hacia Harry no se siente artificial; es el resultado de un aprendizaje emocional que no ha terminado de procesar. La cinta se toma el tiempo para mostrar estos matices, sin apurar las conclusiones. Song también evita trazar una línea divisoria clara entre el éxito y el fracaso.
Ninguno de los tres personajes está totalmente realizado ni completamente perdido. Todos están en tránsito, intentando ser mejores versiones de sí mismos. Eso le da a “Amores materialistas” un tono más maduro y honesto que muchas otras películas del género, donde los conflictos amorosos suelen depender de malentendidos forzados o estereotipos. Aquí, todo fluye de manera natural, aunque siempre con una pequeña dosis de incomodidad emocional.
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