“Zootopia 2”: Disney demuestra que cuando quiere, es el rey de las secuelas
Una secuela animada puede hundirse con facilidad en clichés y argumentos sin sustancia, pero con “Zootopia 2” Disney decidió jugar fuerte: ampliar su zoológico urbano, afilar viejos temas sociales y colar humor extraño con una sonrisa irónica. Todo con una banda sonora de ensueño y quizás, el guion más sólido del año para el estudio
Hay que admitirlo, luego de un año especialmente irregular, nadie confiaba en “Zootopia 2” de Disney, pero la película, que llega nueve años después del estreno de la original, demuestra que Disney, cuando quiere, puede. Mucho más, que puede lograr crear una producción original que celebra tanto la querida historia que la precedió, como el universo que explora con alegría juguetona.
“Zootopia 2” funciona como una especie de manual actualizado sobre cómo construir secuelas que no viven del recuerdo, sino del músculo propio. El estudio ya dejó atrás esa fase noventera de lanzamientos directos a video y ahora prefiere construir continuaciones que superen a sus hermanas mayores en ambición. Aquí, en vez de pisar terreno seguro, expande su ciudad hasta que casi cuesta abarcarla. Es un movimiento audaz, no tanto por tamaño, sino por lo que significa en términos temáticos: el relato ya no se conforma con la clásica conversación sobre prejuicios entre depredadores y presas.
La cinta retoma la historia justo donde quedó la original, pero decide reorganizar el tablero completo. Judy Hopps (Ginnifer Goodwin) y Nick Wilde (Jason Bateman) ahora forman una dupla policial estable, aunque su química funciona como un cóctel explosivo: eficaz, pero de riesgo constante. Sus diferencias empiezan a empujar la trama, más que el caso que investigan. Ese detalle, mínimo en apariencia, es lo que vuelve a “Zootopia 2” más adulta sin ser pretenciosa. Cuando Judy encuentra señales que apuntan a la presencia de una serpiente perdida en la ciudad, el mundo vuelve a erizarse. Y no por un depredador “natural”, sino por un animal marginado por razones mucho más sociales que biológicas.
Ciudad abierta, prejuicios reciclados
La presentación de Gary De’Snake (Ke Huy Quan) confirma que la película quiere moverse a otro terreno. El personaje irrumpe para robar un diario histórico que documenta cómo nacieron los muros meteorológicos de la ciudad. Su aparición no solo pone en marcha el misterio: abre una grieta en el discurso oficial de la ciudad Zootopia sobre convivencia. La discriminación en esta entrega ya no responde al instinto. Ahora se acerca más a la arquitectura social que decide quién pertenece y quién no, algo que la cinta maneja sin perder ligereza, aunque jamás con sutileza. Pero, seamos honestos, esto es Disney: si un tren cargado de metáforas no te pasa por encima, algo hicieron mal.
En esta expansión narrativa también aparece el Mercado del Pantano, una zona donde reptiles y criaturas “poco fotogénicas” sobreviven apartados.
Entre ellos destaca Jesús (Danny Trejo), un basilisco emplumado con más actitud que paciencia. La secuencia es un desfile visual donde los animadores se lucen creando especies variadísimas sin caer en clichés estéticos.
Aquí también aterrizan nuevos policías hipopótamos, interpretados por Stephanie Beatriz y Wilmer Valderrama, y un dúo de cebras (Roman Reigns y CM Punk) que parecen salidos de un entrenamiento de lucha libre. La construcción del ecosistema social se vuelve más juguetona, menos dependiente de dicotomías viejas.
Historia oculta bajo lostejados
La familia Lynxley se suma como pieza clave del rompecabezas. Son linces arrogantes, herederos del creador de los muros climáticos, y funcionan como una caricatura consciente de los clanes influyentes que presumen historia mientras esconden sus grietas. Entre todos, Pawbert (Andy Samberg) se posiciona como aliado inesperado: torpe, sí, pero útil para que Judy siga el hilo del caso sin perderse entre tanta fachada elegante. Su presencia da ritmo, aire y un toque de caos calculado.
Otro personaje que aporta sabor es Nibbles Maplestick (Fortune Feimster), un castor obsesionado con teorías conspirativas que se toma demasiado en serio. Su rol como comic relief funciona porque la historia nunca se burla de él, sino del delirio colectivo que lo rodea.
Lo que la secuela hace bien es equilibrar la comedia con la sensación de que la ciudad, pese a su colorido, no es tan amable como parece. De hecho, cuando el relato profundiza en el pasado de los muros meteorológicos, “Zootopia 2” revela un conflicto más humano (y más político) que el simple miedo hacia los depredadores.
Gary, dueño del espectáculo
De todo este zoológico renovado, Gary De’Snake emerge como la estrella. La interpretación vocal de Ke Huy Quan convierte al personaje en un pequeño milagro: cálido, divertido y memorable sin caer en cursilerías. Su diseño — una víbora azul luminosa y expresiva — encaja perfecto con la personalidad optimista que arrastra a Nick y Judy fuera de su propio estancamiento emocional.
La relación entre los dos protagonistas sigue siendo el eje del relato, pero aquí la película decide tensarla sin dramatismo excesivo. Judy y Nick chocan por sus métodos, por sus decisiones y, sobre todo, por la forma en que cada uno entiende su responsabilidad. Gary se vuelve un catalizador que los obliga a repensar su dinámica sin necesidad de discursos morales largos. Es una decisión inteligente: menos sermón, más interacción que revela fisuras reales.
Una ciudad donde quisiéramos vivir
La secuela amplía territorios, agrega historia y crea la ilusión de que Zootopia es una urbe con capas infinitas. El humor funciona como pegamento entre su visión sociopolítica y su deseo de ser una película ligera para cualquier público. Chistes visuales, juegos de palabras, referencias pop absurdas: todo se mezcla sin volverse empalagoso. En 108 minutos, “Zootopia 2” es capaz de lanzar guiños para adultos y bromas tontas para niños sin traicionarse a sí misma.
La banda sonora de Michael Giacchino vuelve con fuerza. El compositor demuestra que entiende el pulso emocional de la ciudad mejor que nadie. La música abraza cada escena con una energía envolvente que supera a la primera entrega. Y sí, la Gacela de Shakira regresa, esta vez con un numerito musical muy estilo festival contracultural, que funciona como guiño irónico y como fiesta visual.
Volver al universo de Zootopia puede resultar un poco abrumador si no se recuerda bien la dinámica entre Judy y Nick. La película hace un breve repaso, suficiente para ubicarse, pero nunca se detiene demasiado en la nostalgia. Prefiere avanzar con entusiasmo, confiando en que el público entenderá que este mundo sigue creciendo sin pedir permiso. Para los más grandes, hay detalles deliciosos: un exactor musculoso devenido alcalde semental, Brian Winddancer (Patrick Warburton), y el regreso del criminal Vito Corleone, alias Mr. Big (Maurice LaMarche).
Para el público infantil, el viaje es vibrante, lleno de color y de criaturas exageradas que parecen estar vivas incluso cuando no hablan. La mezcla de humor, acción y comentario social se siente más equilibrada esta vez. Eso convierte a “Zootopia 2” en un raro caso de secuela que no solo cumple, sino que entiende perfectamente por qué la primera funcionó.
“Zootopia 2” no solo encaja en el canon de secuelas exitosas del estudio; lo amplía con una personalidad más irreverente, más colorida y más consciente del mundo que la rodea. Perfecta para vacaciones, para risas en familia o para recordarnos que hasta una serpiente azul puede robarse el show. Una rareza encantadora dentro del reino animal animado.
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