El terror se extravió en “Five Nights at Freddy’s 2”
“Five Nights at Freddy’s” es una de esas franquicias nacidas del ruido digital: sin nada que ofrecer, más allá de tratar de lograr ganancias a partir de la popularidad del videojuego original. La secuela no solo carece del carácter desenfadado de la primera película, sino que además se toma demasiado en serio en una historia sin pies ni cabeza
En 2023, “Five Nights at Freddy’s” se volvió un inesperado éxito de taquilla. En especial, gracias al entusiasmo alrededor de la creación de Scott Cawthon, un videojuego convertido en una especie de tótem cultural para millones que crecieron viendo a streamers gritar frente a pantallas pixeladas. La mezcla de nostalgia digital y horror suave conquistó al público sin necesidad de un estudio gigante respirándole encima.
Y de inmediato se anunció una —inevitable— secuela, a pesar de que era evidente que la historia tenía poco que ofrecer al momento de reinventarse.
En medio de la producción, “Una película de Minecraft” llegó al cine y se convirtió en un suceso a gran escala. Uno que, además, demostró que incluso una premisa tan básica como un paseo por un mundo cúbico podía ser rentable a niveles estratosféricos. Universal Studios pareció entender la lección, pero, como suele ocurrir en Hollywood, de forma torcida.
De modo que hubo rumores de reescritura, reshoots y nuevas adiciones a la secuela de “Five Nights at Freddy’s”, con un único objetivo: hacerla una enorme caja de referencias al juego original, a pesar de que eso podía alejar al proyecto de su raíz del cine de terror, que desde el principio fue el motivo de su éxito.
Que es exactamente lo que ocurre en la secuela. Más que una continuación, se trata de un parapeto a mayor gloria del juego original, que prescinde de cualquier lógica, sentido y solidez en favor del homenaje. Algo que transforma a la película en una colección de giros inexplicables, desordenados y caóticos.
Sin libertad creativa
Con Emma Tammi de nuevo en la dirección, la premisa de “Five Nights at Freddy’s 2” es algo más cercano a una partida del juego original que a una historia de género. Tanto, que arranca con quince minutos enfocados en una única cosa: enaltecer el juego. Son secuencias que capturan la esencia de los juegos de una manera sorprendentemente fiel, como si alguien hubiese encontrado el punto exacto entre homenaje y adaptación.
El problema es que están rodeadas por un bosque interminable de subtramas que se pisan entre sí, personajes que entran y salen sin razón clara y un guion que parece decidido a demostrar que puede complicarse más que cualquier teoría fan. Lo irónico es que aunque la estructura se desmorona, todo suena diseñado para que los espectadores más devotos salgan sonriendo: lo comprenderán todo, aunque la película no se moleste en hacerlo entendible para el resto del mundo.
En medio de semejante confusión, además hay un salto temporal. “Five Nights at Freddy’s 2” retrocede varias décadas para explicar el origen de cierto antagonista clave. Y lo hace con una secuencia ambientada en 1982 que intenta ser emocional y a la vez, otro guiño nostálgico específico para fanáticos. Así conocemos a Charlotte (Audrey Lynn-Marie), una chica que la cinta presenta como alguien con una sensibilidad especial hacia la Marioneta (una de las monstruosidades animatrónicas tradicionales), aunque nunca se aclara por qué o cómo surge ese vínculo.
El guion, de hecho, hace poco o nada por explicar verdaderamente algún tipo de contexto. Algo inaudito, siendo que el propio Scott Cawthon está a cargo de su escritura. Todo el interés parece establecer que la historia es en realidad una serie de guiños a un universo mayor, imposible de resumir por las buenas. Esa idea se repite una y otra vez, por lo que la sensación es que “Five Nights at Freddy’s 2” va a la deriva, conectando puntos sin lograr nunca contar realmente algo.
Otro salto temporal
Una vez establecido —intentado— el origen del mal, la cinta da un salto al año 2002, que nos lleva con Mike (Josh Hutcherson) y su hermana Abby (Piper Rubio), quienes tratan de procesar lo ocurrido en la primera entrega. La vida cotidiana de ambos sugiere un intento de normalidad, pero rápidamente se convierte en otra excusa para sumar líneas argumentales.
Abby empieza a mostrar talento para la robótica, en otro de los giros inexplicables y convenientes de un guion sin la menor lógica. Vanessa (Elizabeth Lail), por su parte, lidia de forma más confusa con el legado de ser hija de un asesino en serie; por lo que la película recurre a sueños, visiones y momentos que pretenden ser introspectivos pero que se sienten más como pausas improvisadas.
El guion parece tan indeciso sobre lo que quiere hacer con ella que su arco emocional queda en suspenso, como si alguien hubiese borrado su carpeta de notas en la nube. Mientras tanto, Matthew Lillard aparece poco, pero brilla con una energía tan desbordante que hace lamentar su ausencia durante la mayor parte del metraje. Y en medio de todo, Abby insiste en reconectar con los niños-fantasma dentro de los animatrónicos, lo que la convierte en objetivo de la Marioneta, que ahora controla al resto de criaturas mediante una tecnología mágica que nadie se molesta en explicar.
Espejismos de terror
“Five Nights at Freddy’s 2”intenta ser un slasher sobrenatural, pero termina pareciendo una versión diluida de sí misma, casi como si alguien hubiese pasado el guion por un filtro parental.
La cinta presume a sus criaturas — esas enormes figuras robóticas con chirridos metálicos y ojos brillantes — como si fueran el principal atractivo, pero rápidamente queda claro que su presencia, aunque visualmente llamativa, no logra generar auténtico terror.
Emma Tammi, en su regreso como directora, opta por una puesta en escena tan pulida que termina limando cualquier filo que podría haber resultado perturbador. Los sustos se sienten previsibles, los ataques nunca alcanzan un impacto real, y la violencia se muestra con un pudor tan desconcertante que parece sacada de una película de terror editada para la televisión de madrugada.
El público juvenil probablemente lo agradezca; quienes buscan una tensión más visceral se quedarán con una sensación parecida a ver un monstruo de feria arcaico, ridículo y sin vida. Algo que también podría describir, en cierta forma, a la película.
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