Cinemanía

“Familia en renta”, la película ideal para subir el ánimo en enero

“Familia en renta”, de la japonesa Hikari, es una silenciosa, delicada y ligeramente irónica comedia que observa a la soledad contemporánea con ternura, usando a Brendan Fraser como brújula emocional en un Tokio cotidiano

familia en renta
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“Familia en renta” no es una comedia. Al menos, no del todo. Y por eso sus primeros minutos atraviesan lo que parece ser una reflexión en clave filosófica acerca de las emociones y el dolor de la soledad. Pero también, recurre al humor —y con una brillante capacidad para que sea sutil y más cercano a la ironía que al chiste directo— para profundizar en temas como el aislamiento en la vida contemporánea. Entre ambas cosas, esta película discreta celebra lo mejor de cierto punto de vista de la cultura japonesa: la esperanza de que cada dolor sea consolado antes y después.

Eso gracias a la habilidad de la cinta para no encasillarse en un único punto de vista. Algo que debe agradecer a la directora Mitsuyo Miyazaki, más conocida como Hikari. La realizadora es toda una rareza en el cine japonés. Específicamente, porque está interesada en las emociones humanas a un nivel más sutil que solo diseccionarlas a detalle en un guion sensiblero.

Hikari indaga con inteligencia y lejos del dramatismo excesivo sobre las emociones y el mapa del espíritu humano. Para eso apuesta por un registro contenido, casi cotidiano, en una historia en apariencia sencilla. Phillip Vandarploeug (Brendan Fraser) es un actor estadounidense que vive en Japón desde hace siete años y cuya carrera se resume, con ironía suave, en un exitoso comercial de pasta dental que ya nadie recuerda. 

Esa premisa, aparentemente ligera, establece el tono general del film: una historia sobre personajes suspendidos en una pausa vital, sin grandes catástrofes, pero tampoco con triunfos visibles.

La cámara observa a Phillip desde su pequeño departamento, mirando otros edificios, otras vidas, como si fuera un espectador permanente de una obra en la que no termina de entrar. Es una imagen simple y efectiva. Desde el inicio, la película propone un retrato amable del aislamiento moderno, sin dramatizarlo ni convertirlo en discurso.

Fraser encaja en este registro con una naturalidad desarmante, usando su corporalidad y su expresión abierta para transmitir cansancio, curiosidad y una leve melancolía que nunca se vuelve pesada. Su personaje o la manera como se plantea, no busca compasión sino reconocimiento: todos hemos estado ahí, observando desde la ventana.

Dolor, melancolía, angustia mental

En 2022, Brendan Fraser tuvo su gran regreso triunfal tras ganar el Óscar por “La ballena”, de Darren Aronofsky, otro estudio —pero en clave brutalmente cruel— sobre la soledad y el dolor del aislamiento. “Familia en renta” parece la respuesta amable a la pornografía del sufrimiento que le valió el reconocimiento. Pero además demuestra que el actor es capaz de encontrar un hilo conductor en esta nueva etapa de su carrera que le aleja de sus primeros años de triunfo durante la década de 1980 y principios de los 1990. Por lo que Fraser profundiza en un tipo de criatura cinematográfica poco común: el de un hombre cuya verdadera capacidad para la emoción se descubre paulatinamente.

Lejos de la parodia o la exageración dramática, brinda a Phillip múltiples matices sobre su miedo al fracaso. Algo más que obvio cuando el personaje recibe una llamada inesperada para un trabajo urgente. El encargo, descrito de manera vaga como interpretar a un “estadounidense triste”, parece casi una broma privada del guion. Phillip acepta sin entusiasmo, más por inercia que por ambición. 

Al llegar, descubre que el empleo consiste en participar como doliente en un funeral simulado, organizado para que el cliente observe cómo sería su despedida. El giro no se presenta como shock narrativo, sino como una extensión lógica de un mundo donde las emociones también se subcontratan. Detrás de esta operación está la empresa “Familia en renta”, dirigida por Shinji (Takehiro Hira), un hombre pragmático, cordial y enigmático, que administra el negocio con eficiencia silenciosa. La premisa podría inclinarse fácilmente hacia la sátira dura o el comentario social agresivo, pero Hikari opta por un camino más suave.

El concepto se introduce con calma, permitiendo que el espectador se acostumbre a la idea antes de juzgarla. Phillip duda, como cualquiera lo haría, pero la persuasión llega de la mano de Aiko (Mari Yamamoto), una empleada veterana que conoce las reglas implícitas del lugar y entiende tanto sus posibilidades como sus límites. Aiko no vende el trabajo como algo noble ni escandaloso; lo presenta como una forma particular de acompañamiento. 

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Brendan Fraser en «Familia en renta»

“Familia en renta” observa estas relaciones transaccionales sin cinismo, interesándose más por lo que producen emocionalmente que por su rareza conceptual. Phillip, poco a poco, se involucra en las tareas, primero con torpeza, luego con una curiosidad genuina que roza el entusiasmo. El guion reordena el aprendizaje del personaje, mostrando cómo cada encargo le ofrece una versión distinta de intimidad prestada. 

No se trata de engañar, sino de sostener una ficción compartida durante el tiempo necesario. Fraser interpreta este proceso con una mezcla precisa de ingenuidad y atención, evitando caricaturas. El actor entiende que el humor surge de la situación, no de exagerarla. Así, la película comienza a construir su núcleo emocional: un espacio donde los afectos son temporales, pero no por eso irrelevantes.

Gestos y sutilezas

“Familia en renta” ofrece exactamente lo que promete: una historia amable, contemplativa y discretamente emotiva sobre personas que buscan compañía en formatos poco convencionales. No pretende redefinir el drama contemporáneo ni ofrecer grandes revelaciones sobre la soledad moderna. Su apuesta es más modesta y, precisamente por eso, efectiva. La película encuentra belleza en lo cotidiano, en los acuerdos tácitos, en las relaciones que duran lo que tienen que durar.

Hikari construye un relato que se sostiene por acumulación de pequeños gestos, sin apelar a golpes de efecto. Brendan Fraser encuentra aquí un papel que consolida su etapa actual, lejos del espectáculo del regreso y cerca de una estabilidad creativa que se siente genuina. Phillip Vandarploeug no es un héroe ni un mártir; es un hombre haciendo lo mejor que puede en un sistema extraño pero funcional. El film no juzga ese sistema, lo observa. Y en esa observación tranquila hay una forma de respeto poco común. 

Claro está, con temas tan amplios para tocar como la soledad, la muerte y el duelo, “Familia en renta” puede dejar la sensación de que faltó profundizar más, de que algunos personajes merecían mayor desarrollo. Sin embargo, también demuestra que no todas las historias necesitan decirlo todo para ser significativas. A veces basta con acompañar, mirar y dejar que el tiempo haga su trabajo.

La cinta, a su modo silencioso, ofrece una experiencia cálida, bien actuada y coherente, que confirma que el regreso de Fraser no fue un evento aislado, sino el inicio de una etapa más serena. Una película pequeña, consciente de su escala, que encuentra su fuerza en no intentar ser más de lo que es.

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